
La marca japonesa necesitaba algún producto de enjundia para el Salón de Ginebra y ha pensado que una nueva versión de su exitoso compacto sería suficiente para atraer las miradas. A simple vista, esta versión con estética crossover no es más que un Impreza “normal” vestido con algunos plásticos para potenciar su imagen off-road. Monta un nuevo paragolpes, molduras por los pasos de ruedas y barras en el techo. Ni siquiera la suspensión ha sido elevada para mejorar esa sensación de coche para el campo.
Por suerte, toda la gama Impreza disfruta de tracción total, por lo que su comportamiento fuera de terreno asfaltado puede que sea aceptable. El reparto de fuerza se realiza de manera distinta si se opta por el cambio automático o por el manual. Lo más interesante es que el cambio manual de cinco marchas tiene reductora (aunque no está disponible con el motor diésel).
El motor de gasolina que se puede beneficiar de este elemento es el 2.0R de 150 CV, mientras que el diésel es el 2.0D de la misma potencia. El gasolina también se ofrece con cambio automático de cuatro velocidades, mientras que el diésel sólo está disponible con una caja manual de seis marchas.
Llegará este otoño.


























