Mercedes SLS AMG Black Series

21.06.2013 | 21:50
Mercedes SLS AMG Black Series
Mercedes SLS AMG Black Series

La receta que da lugar a las versiones Black Series de mercedes se mantiene también en este sls: imagen espectacular, más potencia y menos peso. y parece que AMG ha echado el resto para hacer que este modelo sea realmente especial.

Se trata de coger un coche extremadamente potente, añadirle todavía un poco más de potencia; reducir el peso; equiparlo con una suspensión rebajada, más rígida y ajustable; e instalar en su carrocería unos cuantos aditamentos de fibra de carbono. Los datos del Mercedes SLS Black Series son los siguientes: el motor 6.2 V8 ahora desarrolla 631 CV a 7.400 rpm y 634 Nm a 5.500 rpm –lo cual supone un aumento de 60 CV... y, curiosamente, una disminución de 16 Nm–.

Con una reducción de peso de 70 kg que deja el total en 1.550 kg, se consigue una aceleración de 0 a 100 km/h de 3,6 segundos –0,2 segundos más rápido que el normal– y una velocidad máxima de 315 km/h –2 km/h menos debido a la resistencia aerodinámica extra que genera el nuevo kit aerodinámico–. El precio de venta al público aún está por confirmar, pero se espera que ronde los 280.000 euros; casi 60.000 euros más que el SLS 'normal' y 'sólo' 30.000 euros menos que un reciente y suculento Ferrari F12.

Es el 'alas de gaviota' moderno más adecuado para rodar en circuito

Mercedes SLS AMG Black Series

Motor: Gasolina: 6.3 V8 –6.208 cc–, 631 CV a 7.400 rpm y 634 Nm de par a 5.500 rpm.

Transmisión: Caja de cambio aut. de siete velocidades, tracción trasera.

Prestaciones: 0 a 100 km/h en 3,6 seg.; vel. máx. de 315 km/h.

Peso: 1.550 kg. Precio: 280.000e –estimado–.

Valoración : 4 Estrellas

LO MEJOR Y LO PEOR

+ Rendimiento del motor, sonido, comportamiento eficaz
– Mantenimiento costosísimo, incómodo en el día a día

Como en el SLS 'normal', el motor transmite la fuerza al suelo a través del cambio automático de siete velocidades y doble embrague DCT. Es una transmisión que hemos criticado en el pasado, no tanto por su velocidad a la hora de hacer los cambios, sino por el retraso que se produce entre el momento en el que accionas una de las levas del volante y el instante en el que sientes que esa orden se ha llevado a cabo. AMG dice que ha eliminado ese lapso de tiempo, y que en este BS, la caja va montada 10 mm más cerca del suelo para reducir la altura a la que se sitúa el centro de gravedad del vehículo. Por otro lado, ahora el diferencial autoblocante permite ajustar el grado de bloqueo –está controlado electrónicamente–, incrementando así la estabilidad y la tracción y, gracias a una nueva función de control vectorial de par, también se reduce el subviraje –tendencia del coche a seguir recto en una curva–.

Cuando me toca conducir el coche, los excelentes Michelin Pilot Cup 2 están bastante calientes, y parece que un poco 'castigados'. Conduciré detrás de una 'liebre' –otro SLS BS– pilotado por el cinco veces campeón del DTM –Campeonato Alemán de Turismos–, Bernd Schneider. Normalmente, esto sería algo frustrante, ya que el piloto de la marca siempre tiende a realizar una serie de vueltas con cautela... pero hoy el problema es diferente: Schneider conduce tan rápido que ni siquiera te da tiempo a probar las diferentes configuraciones de chasis, controles electrónicos o de la transmisión. En lugar de descubrir poco a poco las mejoras del Mercedes, sales directamente a la pista con la caja en modo manual, las suspensión en Sport Plus –el nivel de dureza más alto–, el ESP en Sport –un modo que retrasa la entrada de las ayudas electrónicas–, y empiezas a conducir como si te persiguiera el diablo. Por supuesto, yo prefiero llevar por delante de mí una 'liebre' de este tipo... y parece que al BS tampoco le 'disgusta'.

La rigidez como único camino a la eficacia

Rodando por el cuidadísimo asfalto del pit lane, este coche ya se percibe duro. La dirección parece que funciona de una forma más fluida, y mucha de la inercia ha desaparecido con las modificaciones del chasis. Por supuesto, el larguísimo capó implica que al conducir un SLS, sea cual sea, tengas la sensación de llevar algo realmente grande. Pero la respuesta del motor, la llamativa estabilidad y la manera tan decidida en la que ahora la transmisión cambia de marcha, te proporciona confianza en cualquier situación.

A veces, cuando he tenido la oportunidad de rodar a un ritmo elevado con un SLS 'normal', me ha dado la impresión de que el eje delantero flotaba un poco y no 'concordaba' con la precisión del trasero. Sin embargo, en el Black parece que todo está mejor 'conjuntado' y, por ello, resulta más fácil de conducir a alta velocidad... aunque, ni de lejos, es tan cómodo. La mecánica es magnífica, ofreciendo una respuesta inmediata y que se vuelve absolutamente frenética a medida que nos acercamos al límite de 8.000 rpm. Pero más excitante aún es la forma en la que el Black Series aprovecha todo ese potencial sin sobresaltos. Desde el momento en el que te 'lanzas' sobre el pedal del freno para usar los discos carbocerámicos –de 402 mm delante y 360 mm detrás– hasta ese otro instante en el que vuelves a hundir el acelerador y metes marchas para salir de una curva, se percibe estable, preciso y manejable. El Black Series tenderá a seguir recto en una curva si te empecinas en girar demasiado el volante, pero la fuerza del motor y el diferencial trasero pueden solucionar el problema fácilmente y, en el modo Sport del ESP, las ayudas electrónicas te dejarán solucionar cualquier papeleta a base de pisar el acelerador.

Por supuesto, los modelos con el apellido AMG se caracterizan por ser especialistas en derrapajes... y este Black Series no es la excepeción. De cualquier forma, es recomendable que las cruzadas que hagas sean 'ligeras', ya que 'la transición' entre adherencia y deslizamiento de los neumáticos traseros no es ni progresiva ni delicada. Sin embargo, alcanzar ese equilibrio a la hora de cruzar el coche no supone ningún esfuerzo. Simplemente céntrate en entrar a la velocidad correcta dentro de la curva y limítate a pasar por el vértice de la misma de forma limpia... Casi sin querer, saldrás del giro con el SLS deslizando de atrás y la sensación de ser un piloto.

Para el circuito

Profundas reformas

El chasis se beneficia de una serie de mejoras enfocadas a conseguir una eficacia extrema en circuito. El ancho de vías delantero aumenta en 20 mm y, el trasero, en 24 mm. Además, a la amortiguación electrónica ajustable en dos posiciones se suma ahora un sistema de reglaje manual de altura. AMG declara que la dureza de la suspensión aumenta un 50% en el tren delantero y un 42% en el trasero, lo que supone tener un coche algo insufrible de cara a rodar por la calle. El gran V8 ahora alcanza las 8.000 rpm –7.200 rpm en el SLS 'estándar'– gracias a la modificación de válvulas, árbol de levas, bomba de aceite, cigüeñal, bielas y refrigeración del motor –para garantizar la fiabilidad mecánica–.

Si te sobra para un circuito... cómpralo

Dicho esto, el SLS BS se 'merienda' los neumáticos en pocas vueltas, lo que supone un problema teniendo en cuenta que hablamos de una 'máquina' orientada a uso intensivo en este entorno y que cada juego te saldrá por unos 1.800e. Y cuando las ruedas se empiezan a sobrecalentar, el subviraje se acentúa, haciendo que la transición de deslizar de delante a detrás sea más violenta. Por otra parte, aún tengo ciertas reticencias respecto al funcionamiento de la caja de cambios. En las reducciones, todavía se produce cierto retraso entre que pulsas la leva izquierda y el sistema procesa tu orden, incluso cuando sabes que si la caja te hiciera caso, el motor no llegaría ni de lejos al limitador de revoluciones.

Esta circunstancia 'duele'... cuando el resto del coche está tan bien puesto a punto. Ah, y los frenos carbocerámicos son muy eficaces, pero carecen del tacto exquisito que consiguió Porsche hace tiempo.

En conclusión, se puede decir que el SLS Black Series es un coche muy divertido. Es terriblemente rápido, ofrece un estupendo control de los movimientos de la carrocería y un equilibrio fascinante hasta que 'funde' los neumáticos Michelin Pilot Sport Cup 2. Ah, y por supuesto conserva las llamativas puertas de apertura vertical. Pero si te quieres enfrentar de tú a tú a coches tan especializados como el Ferrari F12 o el Lamborghini Aventador, creo que vas a tener que conducir con un auténtico ninja. Mi sensación es que el Black Series puede ser muy gratificante rodando a solas en un circuito de asfalto perfecto. Pero si los pilotos 'enemigos' viajan a bordo de un Aventador y un Ferrari F12, puedes sentirte un poco como en la carlinga de un avión de Corea del Norte...

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