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Comparativa: Mercedes-AMG C63 S contra BMW M4 Competition

Publicado el miércoles 16 de octubre de 2019

El clásico enfrentamiento entre los dos coupés alemanes. Ambos se presentan con sus mejores armas para vencer a su más férreo oponente. Toca disfrutar.

Esta comparativa podría ser el equivalente en el mundo del motor a una pelea de bar entre alemanes. En la esquina negra está el emocionante y recientemente renovado Mercedes-AMG C63 S Coupé, con una estética contundente gracias a unos enormes pasos de rueda ensanchados y una agresividad innata que lo convierte en un rival duro sin ni siquiera arrancar el motor. En el lado opuesto... y también de negro, el BMW M4 con el paquete Competition; al igual que el Mercedes, ofrece buenos músculos, pero su pose es más atlética. Segundos fuera y que comience el combate.

Siempre que se han enfrentado estos modelos en el pasado, la disputa ha resultado muy igualada, y pocas veces hemos llegado a una conclusión clara y definitiva. Con la reciente puesta al día del coupé de Mercedes, es momento para volver a enfrentarlos y saber cuál de los dos es el que nos llevaríamos a nuestro garaje perfecto.

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Lo cierto es que el C63 S cuenta con un magnetismo innato, y más con una configuración tan agresiva como la de esta unidad, que cuenta con frenos cerámicos –6.272 euros–, llantas de aluminio forjadas –3.360 euros– o el paquete completo exterior de carbono –2.613 euros–. Esto supone que este ejemplar supera los 120.000 euros –el precio de partida son 110.350 euros–, pero da un poco igual si al menos cuenta con esa clase de estampa que te hace darte la vuelta cada vez que lo dejas aparcado.

Y si además te dicen que tiene 510 CV y 700 Nm de par procedentes de un motor V8 biturbo, estamos ante un verdadero icono, uno de esos coches que pronto no podrás comprar en un concesionario... excepto en los de vehículos de segunda mano. En una era que se encamina con estrépito a disponer sólo de deportivos totalmente eléctricos, este Mercedes representa un fantástico anacronismo capaz de ofrecer una clase de disfrute que casi parece ilícito. Es algo que debemos experimentar mientras nos dejen.



La nueva transmisión de nueve velocidades –la anterior contaba con siete relaciones– emplea un embrague bañado en aceite en lugar de un convertidor de par aunque, francamente, tampoco supone una diferencia radical en la experiencia de conducción. Estoy seguro de que este nuevo mecanismo ayuda a mejorar la cifra de consumo –uno de los puntos débiles de este coche– pero, cuando quieres manejar el cambio de forma manual, el hecho de contar con tantas marchas no siempre representa una ventaja.

Precisamente, pronto dejas de usar las dos o tres últimas en una conducción normal, ya que resulta más que evidente que están ahí con el único objetivo de bajar las revoluciones a la hora de mantener cruceros de velocidad, y así disminuir el gasto de combustible.

Si dejas que el V8 empuje con fuerza desde bajas revoluciones en una marcha larga, te das cuenta de que este propulsor es capaz de 'levantar' el vuelo en casi cualquier circunstancia. Es tal la cantidad de par disponible, que resulta casi imposible ahogarlo. Y todo acompañado de un sonido endemoniado proveniente de las cuatro salidas de escape.

La mecánica de 4 litros V8 resulta fascinante, en el sentido en que AMG ha sido capaz de instalar dos turbocompresores y retener todo el atractivo de la respuesta instantánea del acelerador típico de los motores atmosféricos. Aparte del V8 que monta el Ferrari Pista, ningún otro fabricante ha conseguido combinar de mejor manera respuesta instantánea y personalidad.



En su configuración más relajada, el C63 S es una máquina perfecta para la vida diaria; con un ronroneo suave procedente del motor, una capacidad para adelantar infinita y un confort más que razonable. El C63 S ofrece seis modos de conducción dentro del AMG Dynamic Select –este es uno de los cambios en este restyling–; puedes elegir entre Slippery –para asfalto resbaladizo–, Comfort, Sport, Sport+, Race e Individual.

Pero es que, además, tiene otro menú denominado AMG Dynamics que sirve para configurar la menor o mayor intervención de las ayudas electrónicas, y en el que puedes escoger entre Basic, Advanced, Pro y Master. Y, por supuesto, se pueden realizar ajustes de manera individual en la respuesta del acelerador, la suspensión, la caja de cambios y el sonido de escape. Con todo esto, te puedes imaginar que las posibilidades de personalización de la dinámica del coche son casi infinitas.

Ahora bien, si te aburre el hecho de tener que estar toqueteando todo el rato para conseguir el setting correcto, puedes memorizarlo y pulsar alguno de los botones configurables del volante. Además, el C63 S incorpora una nueva instrumentación totalmente digital, similar a la que montan otros modelos nuevos de Mercedes, con una cantidad de información brutal y toda clase de gráficas chulas.



Lo mejor para aprender a manejar todo esto es que aparques el coche, apagues el motor y estudies todas las posibilidades durante 20 minutos. ¿Esto es algo bueno? Pues depende de si lo consideras como una tremenda capacidad de adaptabilidad a cualquier tipo de trazado o circunstancia, o una pérdida de tiempo que te distrae de las competencias principales que ofrece este modelo.

No es sólo el imponente motor lo que causa una impresión inicial positiva: el chasis también se percibe alerta de forma inmediata y te incita a conducir de manera entusiasta. Además, traslada al conductor una verdadera sensación de conexión con lo que está sucediendo sobre el asfalto.

Está claro que tienes que ser consciente de que es necesaria cierta prudencia cuando pisas el acelerador, ya que resulta obvio que si no la tienes puedes provocar que el C63 S derrape de atrás. Si lo tienes claro, es un coche con el que puedes hacer cualquier clase de maniobra con determinación y eficacia. Tienes la sensación de que es un automóvil inexpugnable, capaz de batir a cualquier rival y rendir bien siempre.



Todo esto no son buenos augurios para el automóvil de la división M que tenemos hoy aquí. A pesar de que su apariencia es tanto o más intimidante que la del Mercedes, lo cierto es que sobre el papel lo tiene complicado: el M4 está 60 CV y 150 Nm por detrás del C63 S. Y luego está el tema del sonido.

El motor de seis cilindros en línea del BMW emite una nota ruidosa y fiera, particularmente cuando se produce el arranque en frío; pero después se ve fácilmente eclipsada y ahogada por la contundente melodía del Mercedes. Y es que carece de la evolutiva banda sonora que tenía el antiguo M3 E46.

Incluso en los primeros metros, donde a menudo un automóvil realmente bueno es capaz de trasladar algunas señales claras de si será capaz de proporcionar una grata experiencia de conducción, el M4 no consigue enganchar al conductor como debería. Este modelo ya cuenta con el volante M de nuevo diseño, pero todavía exhibe un diámetro y un grosor excesivos, lo que no ayuda a sentir con claridad lo que están haciendo los neumáticos delanteros. Además, el chasis parece responder de una manera extrañamente desconocida.



Esta unidad lleva la transmisión automática de doble embrague y siete velocidades, que es el cambio que por desgracia eligen la mayoría de clientes para este modelo. La DCT elimina la interacción y el entretenimiento de un cambio manual con sus tres pedales. Por su parte, la manera que tiene de iniciar la marcha no es la más suave que digamos –algo que, por otra parte, también ocurre en el Mercedes–, por lo que no queda más remedio que acostumbrarse.

También me siento obligado a señalar que el sistema multimedia está desfasado al lado del que ofrece el C63 S. Sin embargo, la instrumentación del BMW resulta más legible... y es que últimamente evaluamos más los coches por las pantallas que tienen. Y señalamos todo esto porque parece que, en estos tiempos que corren, resultan casi más importantes las pantallas que las sensaciones.

No obstante, hay una verdad acerca de estos dos vehículos que permanece; y es que el hecho de añadir un par de marchas más o unas cuantas pantallas no cambia la fantástica rivalidad que prevalece entre estos dos coupés. Es cierto que en los primeros compases de la comparativa, el AMG parece tener las mejores bazas... pero cuanto más conduces el M4, más te convence.

El Mercedes, sin embargo, no añade muchos más argumentos a su oferta inicial. Está claro que en el caso del M4, la mejora se debe a la incorporación del paquete Competition, que incluye unos muelles, amortiguadores y barras estabilizadoras más rígidas, llantas de 20'' y un escape deportivo.



En mi caso, a la hora de configurar el coche, creo que el setting ideal es elegir el modo más agresivo de motor y los amortiguadores adaptativos en su posición más blanda. Cuando circulo rápido, el BMW cobra todo el sentido y empiezas a descubrir su verdadero potencial. Si olvidas el tamaño del volante y te centras en sentir el coche, tus dedos comienzan a recibir información útil de lo que sucede en el asfalto.

Con un ritmo alto, eres capaz de percibir cada milímetro de giro, cada toque en el acelerador y mides mejor la entrada a los giros. El M4 fluye a lo largo del serpenteo de la carretera con una eficacia apabullante, aunque es cierto que incluso en el modo más blando, la suspensión resulta bastante rígida. Además, con respecto al Mercedes, en el BMW no se dejan notar con tanta claridad tanto el peso como las inercias, ya que está 200 kg por debajo del C63 S... por lo que se percibe más ágil cuando demandas una mayor rapidez en los cambios apoyo.

Con el descubrimiento de que el M4 es mejor cuanto más rápido circulas, llegas pronto a la conclusión de que la experiencia de conducción que ofrece el BMW es más plástica. Además, el motor te acaba conquistando ya que, si bien el sonido artificial que se cuela en el habitáculo no termina de convencernos, es cuando lo obligas a funcionar en la parte alta del cuentavueltas cuando realmente notas un empuje maníaco, que resulta adictivo cuando le pierdes el respeto. Puede que estemos ante un motor turbo, pero en esta variante de 450 CV y 550 Nm, parece uno de aquellos míticos propulsores de los M3 del pasado; y, sin duda, podría declarar una cifra de potencia que empezara por 5.



Nos llevamos los dos coches a las más remotas áreas de Gales, y el intercambio de montura es igual de fascinante que siempre. En términos de prestaciones, las diferencias son testimoniales –el C63 S pasa de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos, mientras que el M4 lo hace en 4,1 segundos– ya que ambos son demasiado potentes como para usar todo lo que pueden dar de sí en una vía pública. El Mercedes cobra ventaja a la hora de acelerar gracias a su generoso par motor; pero el M4 recorta distancia cuando afrontamos cualquier serie de curvas enlazadas. Y es que hay que reconocer que el BMW es más divertido la mayor parte del tiempo.

Da igual la combinación de baches, ondulaciones o vértices, que el BMW exhibe un comportamiento eficaz; y una vez aprendes que no debes ser brusco con acelerador, puedes incluso marcarte alguna derrapada sin que en ningún momento llegue a resultar intimidante.

Sigue siendo un coche relativamente largo y pesado como para pasarte haciendo florituras; y está claro que la entrega de potencia del motor turbo nunca será tan precisa como la de los anteriores propulsores de seis cilindros en línea atmosféricos. Pero, con práctica, es un modelo con el que puedes atreverte a todo con un buen grado de confianza. Puedes hacer lo mismo con el Mercedes, con la diferencia de que si las cosas se descontrolan te va a costar un poco más volver a restablecer el orden.



Ambos modelos montan frenos potentes que no plantean problemas de fatiga en una conducción deportiva. La transmisión del BMW es más ágil, directa... y si tuviera unas levas grandes al estilo de las que monta el Alfa Giulia QV, el conjunto rozaría la matrícula de honor. Aunque he de reconocer que me encantaría que este M4 dispusiera de un cambio manual, ya que creo que la experiencia de engranar las seis marchas involucraría todavía más al piloto en la propia conducción.

A pesar de que he llegado a amar al C63 S por múltiples razones, el M4 Competition está un punto por encima en esta comparativa. Y su evolución es tremenda, ya que ha pasado de ser un coche incomprendido a uno eficaz y que te recuerda a los mejores M. Además, será uno que echaremos pronto de menos, ya que es más que probable que los próximos M3/M4 lleven un sistema de tracción total y un propulsor heredado del resto de la Serie 3.

Mercedes-AMG C63 S

Motor 8 cilindros en V, twin-turbo, 3.982 cc
Potencia 510 CV a 5.500-6.250 rpm
Par 700 Nm a 2.000-4.500 rpm
Largo / ancho / alto 4,75 m / 1,83 m / 1,42 m
Velocidad máxima 290 km/h (limitada)
0-100 km/h 3,9 segundos
Consumo mixto 10 l/100 km
Peso 1.745 kg
Precio 110.350 euros
Cambio Automático, 9 velocidades
Tracción Trasera


BMW M4 Competition

Motor 6 cilindros en línea, twin-turbo, 2.979 cc
Potencia 450 CV a 7.000 rpm
Par 550 Nm a 1.850-5.000 rpm
Largo / ancho / alto 4,67 m / 1,87 m / 1,39 m
Velocidad máxima 250 km/h (limitada)
0-100 km/h 4,1 segundos
Consumo mixto 8,4 l/100 km
Peso 1.570 kg
Precio 111.358 euros
Cambio Automático, 7 velocidades
Tracción Trasera

 



 
 

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