Un fenómeno en marcha para conducir sin errores

La robótica tiende a solucionar la seguridad en el tráfico

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La robótica tiende a solucionar la seguridad en el tráfico
Enrique Hernández-Luike
Enrique Hernández-Luike
El progreso de la Técnica Robótica en su imparable función de ayuda a la perfección y corrección de cuanto se hace o no se hace, parece extenderse sin límites en todos los sentidos y aspectos. El automóvil, como vehículo y como uno de los máximos distintivos de la cultura y la civilización contemporáneas, ha ido sumando adelantos al permanente perfeccionamiento de múltiples detalles útiles para la mecánica, la seguridad y el disfrute.


La incorporación sucesiva de sorprendentes automatismos puede dominar las reacciones de los vehículos hasta el punto de corregir a tiempo los errores humanos de pilotaje, solucionar el perfecto estacionamiento sin intervención del conductor, evitar accidentes, solicitar socorro e indicar la situación geográfica exacta de nuestro vehículo en demanda de ayuda.
Los artificios robóticos son capaces de ahorrar dispendios, localizar y prever averías y corrupciones mecánicas para evitarlas o corregirlas a tiempo de forma automática.
La revista autofácil de marzo ha recopilado una interesante serie de estos adelantos incorporados o en vías de aplicación para ofrecer cuanta seguridad sea posible en la utilización de vehículos.
Sin embargo, junto a tantas habilidades progresivas de las Ciencias, prevalecerá siempre la decisión de cada individuo: de esa inteligencia alojada en nuestro cerebro por soplo divino, sin más explicación. Admiremos las máquinas, los sucesivos ingenios automáticos, pero no hasta el punto de considerarlas sustitución de la voluntad humana y del sentido de la responsabilidad.
Hoy, por ejemplo, he tomado la decisión de dejar de conducir. Pura lógica porque, así de improviso, me veo afectado por un problema en la vista. Precisamente cuando me autofelicitaba por más de cuarenta años sin multas y por tener todos los puntos de mi carnet.
Todos hemos de aceptar la vejez con resignación, agradecer cuanto hemos recibido y pedir perdón a quienes perjudicamos por nuestros errores. Eso sí, sin dejar de proponer cuanto nos inspire la experiencia si tenemos la suerte de conservar la memoria.
Aplaudo con admiración la supertécnica del automatismo, pero, en mi caso, es el momento de pasar a ser copiloto, sin aceptar la tentación de convertirme en robot.