Prueba Opel Grandland 1.5D 130 EAT8 GS Line 2022

42 Prueba Opel Grandland 1.5D 130 EAT8 GS Line 2022
Prueba Opel Grandland 1.5D GS Line
Miguel Tineo
Miguel Tineo
El Opel Grandland experimentó un restyling hace cuatro meses. Entonces probamos la versión PHEV, y ahora le toca al interesante 1.5 Diésel.

No decimos nada nuevo si afirmamos que los SUV son los coches más populares del momento. Eso significa que son los que llegan a un público más amplio. Y eso quiere decir que, también, es posible que sea el segmento en el que haya más dudas a la hora de adquirir uno u otro tipo de motor.

Opel Grandland

Por eso mismo, es muy probable que muchos compradores de este tipo de SUV’s de tamaño medio desechen erróneamente la compra de las mecánicas diésel y opten por las de gasolina, mucho más gastonas, o incluso por las costosas híbridas enchufables. Este Grandland 1.5 D de 130 CV, un SUV de 4,47 metros de largo que comparte mecánica y plataforma con el Peugeot 3008, es un buen ejemplo de que, siempre y cuando vayamos a utilizar el coche sobre todo para recorridos por carretera, sin abusar de los trayectos cortos y realizando más de 20.000 km al año, los motores diésel siguen siendo la opción ideal.

El Opel Grandland es rival de modelos como el Hyundai Tucson, Kia Sportage, Seat Ateca, Nissan Qashqai, Skoda Karoq, Citroën C5 Aircross, Peugeot 3008

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En marcha

El Opel Grandland está creado sobre la plataforma EMP2 del Grupo Stellantis. Tiene tracción delantera, y carece de funciones en el control de tracción para ser más eficaz en campo. En carretera, el motor 1.5 turbodiésel de cuatro cilindros de 130 CV se desenvuelve con solvencia, gracias a la buena respuesta del motor a bajo y medio régimen. El cambio, con sus ocho relaciones, también ayuda a aprovechar lo mejor de este propulsor. Por consumo, se sitúa en la media; te moverás en torno a 6-6,5 litros/100 km en la mayoría de los casos. ¿Pegas? Es un poquito ruidoso y, al no estar microhibridado, tiene etiqueta C.

En cuanto al chasis, el Grandland destaca por comodidad, aplomo y facilidad de conducción. Esa es su gran apuesta, como un Kia Sportage o un Peugeot 3008. No terminará de convencerte si buscas un SUV ágil o con tacto deportivo. Para eso, tendría que ser más vivo y tener una dirección más informativa, como un Seat Ateca. Simplemente, no es su filosofía.

Por dentro

El interior del Grandland mezcla un diseño clásico con el aspecto tecnológico que le dan sus dos pantallas, una central y otra para la instrumentación que no es configurable. A diferencia de otros SUV, el Grandland mantiene botones para cosas como el climatizador o los sistemas de seguridad, algo que facilita mucho su manipulación. En general, desde el punto de vista ergonómico está bien resuelto. Además, el asiento es cómodo, aunque podría sujetar un poco más en curva, y la postura de conducción se caracteriza por ser un tanto elevada para mejorar la visibilidad.

Por espacio, las plazas traseras del Grandland destacan por estar entre las que ofrecen más anchura y altura, si bien tres adultos medianamente corpulentos no viajarán holgados. Por espacio para las piernas está en la media, que tampoco está nada mal, y lo mismo ocurre con los 514 litros de capacidad que ofrece su maletero.

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Veredicto

Con este motor y acabado, el Grandland encuentra en su precio una buena baza a jugar frente a sus rivales. No destaca en otros aspectos, pero cumple bien en todo. Por eso nos convence.

 

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