La última de Toñejo: La imposición

Toñejo Cruz de Isabel la Católica
La última de Toñejo: La imposición
Como uno más, allí estaba yo, de punta en blanco, en la parte trasera (Popa) del buque escuela Juan Sebastián Elcano, en la fiesta de recepción que ofreció el barco a su llegada a Miami, cuando me vino a buscar mi amigo Julio del consulado español en Miami y me dijo que le acompañase.

Unos metros más adelante me encontré frente al cónsul general de España D. Jaime Lacadena, que se volvió para presentarme a S.M. la Reina Doña Sofía. Estuve un buen rato hablando con ella y con Maca, la prometida del cónsul general.

En un momento de la conversación D. Jaime le dijo a la reina: «Alteza, estábamos esperando este momento para decirle a Toñejo que el Rey Felipe VI le ha concedido la Cruz de Isabel la Católica y que se le impondrá en un breve«. Yo me quedé atónito y perplejo, sin saber qué contestar. Mientras Doña Sofía me felicitaba, yo estaba pensando si realmente había oído bien.

Cuando terminé de hablar con ellos me fui donde estaba mi amigo Marc del FBI y rápido vinieron muchos de mis amigos del consulado, de la policía y Carlos Galán, que es un empresario español al que conozco de siempre y que tiene dos restaurantes en Miami (Crazy about you y Lolita).

Todos me felicitaron y me dijeron: «¡¡¡Vaya sorpresa, eh!!! Desde hace tres meses lo sabemos, pero no te podíamos decir nada…» Entonces, yo me sentí todavía más perdido, sin saber si la Coca Cola que me estaba bebiendo tenía algún alucinógeno. Tuvieron que pasar unos minutos hasta que empecé a ordenar en mi cabeza todo lo que me había sucedido.

De camino al coche con mi amigo Marc le conté todo lo que significaba para mí aquella imposición. Os puedo decir que esa noche, conduciendo mi coche de camino a casa, lo hice dando un rodeo largo y pensando en muchas cosas, algo que jamás me había pasado con un trofeo o un galardón anterior. Pensaba en mis padres y lo que me hubiera gustado que estuviesen cuando me impusieran la Cruz, con todos los problemas que les di, todos los disgustos, todas las noches de insomnio y en cómo me hubiera gustado haberles hecho más felices. Llegué a casa y se lo conté a mi querido amigo Tomás y empezamos a bromear sobre ponerse medallas y demás… ¡JAJAJA!

Por supuesto, D. Julian Linares lo sabía y cuando llegó de su viaje a España, con su típica sonrisa pícara me dijo: «Al fin lo sabes. Ahora entiendes por qué necesitábamos tanta información sobre ti. ¡¡Jajajaja!!» Y yo como un pardillo sin entender o ni siquiera imaginar algo así. Pasaron los días y el cónsul general me llamó para decirme que la entrega de la Cruz se haría el viernes 17 de junio a las 13.00 horas en su residencia consular.

Unos días antes revisé la pequeña lista de invitados y me di cuenta de que mi gran amigo Colate se encontraba en Madrid enfrascado con la presentación de su libro, sin embargo, recibí su llamada para adelantarme que se venía antes para compartir conmigo ese gran día. !Bien! 

Se me ocurrió la idea de hacer una lista de invitados que no vendrían, bien porque ya no están con nosotros o porque no podrían venir desde España, pero que querría que estuvieran conmigo ese día, como mis padres, mis hermanos fallecidos, amigos que he perdido y personas de mi familia y amigos que no se pueden venir tan lejos… Con los nombres de todos ellos hice una invitación que envié a Mercedes Lumbreras del consulado de España en Miami y le dije: «Yo te digo de aquí quiénes vienen y quiénes no, pero sí quiero que estén en la invitación ya que esa lista la voy a enmarcar con todos ellos«.

El día previsto me fui a buscar a mi amigo Richard y pusimos rumbo al barrio de Coral Gables. Llegamos más que puntuales a la casa del cónsul general. Nos estaban esperando, y junto a él y su querida Maca recibimos a todos los invitados que fueron llegando.

Una vez estábamos todos se procedió a la imposición de la Cruz.

D. Jaime Lacadena comenzó el discurso relatando momentos especiales de mi vida y tuvo el detalle de hablar de mis padres y hermanos, algo que realmente me emocionó y me llegó a lo más profundo de mi corazón. Ufff, casi me rompo. Cuando terminó el discurso, pasó la palabra a mi amigo Julio, (miembro del consulado), que leyó a todos los presentes lo que estaba escrito en el documento adjunto a la imposición. ¡¡¡Qué emocionante!!! Gracias, Julio. Una vez terminó, D. Jaime abrió la caja que guardaba la Cruz y me la impuso.

Toñejo Cruz de Isabel la Católica

Tras el histórico momento, me cedió la palabra y agradecí a todos el haber estado cerca de mí y haberme aguantado tanto… Sin tener nada preparado, les comenté lo que había pensado de camino a la residencia de tan ilustre personaje. Me van a imponer la Cruz de Isabel la Católica y sé que es una condecoración importante, pero me di cuenta de que mucho más importante que cualquier distinción son las personas que han estado, están y estarán detrás de mí toda la vida. Tras mi pequeño pero gran agradecimiento, D. Jaime Lacadena dijo: «¡¡¡Viva Toñejo y Viva España!!!

Realmente no sé si merezco esta imposición, pero sin lugar a dudas, y como siempre digo, soy una de las personas más privilegiadas de este mundo. Gracias a todas las personas con las que me he cruzado en la vida y he compartido con ellos mucha o poca vida, pero siempre de una manera especial.

La vida son como las teclas de un piano, las blancas son las cosas buenas y las negras las malas pero juntas hacen una bonita melodía.