En la década de los 50, los tubos de escape de la marca Abarth marcaron un cambio de rumbo en la historia de la compañía: la sonoridad, el aumento de par y la mejora en la potencia era las señas de identidad de las históricas «marmitas», que pronto se convirtieron en uno de los mayores atractivos de esta firma deportiva -de los 1.000 escapes deportivos que Abarth vendía en 1950 se pasaron a 200.000 en 1971-.