Porsche 911 Serie G: historia de uno de los ‘nueveonce’ más especiales

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Porsche 911 Serie G: historia de uno de los ‘nueveonce’ más especiales
Nicolás Merino
Nicolás Merino
Cada generación del Porsche 911 tiene sus propias particularidades, pero si hablamos de la Serie G, fabricada de 1973 hasta 1989, nos encontramos con el modelo que sentó las bases del diseño que define a cada uno de los modelos de la marca de Stuttgart.

El Porsche 911 de la Serie G tal vez sea ‘el Porsche de los Porsches’. Fabricado durante nada menos que 16 años, de 1973 a 1989, desde 1975 estuvo completamente galvanizado, lo que lo convierte en un coche para la eternidad, gracias a su buena protección contra el óxido. Posiblemente, las versiones de la Serie G del 911 se encuentran entre los deportivos más claramente definidos de todos los tiempos y con un diseño que se sigue extrapolando a los modelos actuales.

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Echando un vistazo a su historia, 1973 fue el último año para el 911 de la Serie F. La firma alemana ofrecía esta generación en versiones Coupé y Targa. Las versiones E desarrollaban 165 CV, mientras que los S alcanzaban 190 CV. Esta potencia la suministraba un seis cilindros bóxer de 2.4 litros. La punta de lanza de la gama y de la marca, y también el coche más rápido de fabricación alemana en su época, era el Carrera RS 2.7. Como su nombre indica, lo distinguía su motor de 2.7 litros y el mítico alerón trasero «cola de pato», que garantizaba la carga aerodinámica necesaria en el eje trasero. El Carrera RS se desarrolló para homologarlo en la categoría GT.

Sin embargo, el tiempo ya le estaba pasando factura. 10 años después del estreno mundial del 911, el 911 E, el 911 S y el Carrera RS 2.7 seguían siendo una continuación, tanto en su interior como en su exterior. Así las cosas, la Serie G llegó para dar el siguiente paso en la historia evolutiva del 911.

El ‘diseño Porsche’ llegó con el 911 de la Serie G

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La nueva generación del 911 salió al mercado en septiembre de 1973. Su nuevo diseño llamó la atención desde el primer momento: los paragolpes eran mucho más grandes que antes, más rectangulares y presentaban unos fuelles distintivos en los laterales. Podían soportar pequeños golpes de aparcamiento sin sufrir daños hasta una velocidad de 8 km/h. En la parte delantera, los intermitentes se integraron en el paragolpes por primera vez en un 911. Esto cambió radicalmente el diseño en comparación con el predecesor, haciendo que pareciera mucho más moderno.

Mientras que en la Serie F todavía se podían ver signos visuales de los años 60, el nuevo 911 se presentaba claramente como un coche de los años 70. La parte trasera apenas cambió, pero el nuevo paragolpes con fuelle, junto con un reflector rojo con el logotipo de Porsche situado entre los pilotos, crearon una apariencia completamente nueva y significativamente más moderna. El nuevo modelo también se benefició de un sistema de escape con mayor protección contra el óxido.

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En el interior, el estilo recibió contornos más definidos. Los asientos deportivos con reposacabezas integrados, que siguen siendo tan familiares hoy en día, se utilizaron por primera vez en 1973. Se estrenaron las tapas para los compartimentos de las puertas, que se convertirían en una característica reconocida de Porsche. El volante y las palancas de luces eran nuevos y había dos rejillas de aire adicionales.

En el plano mecánico, el Porsche 911 de Serie G montaba el bloque de seis cilindros del Carrera RS 2.7 anterior. Desarrollaba una potencia de 150 CV, mientras que el 911 S producía 175 CV. Ambas versiones estaban equipadas con una nueva inyección K-Jetronic de Bosch. El modelo estrella seguía siendo el 911 Carrera, con 210 CV. Incorporaba el motor del Carrera RS 2.7 y tenía una velocidad máxima de 240 km/h. Además, el Carrera contaba con una parte trasera 42 mm más ancha en comparación con los modelos menos potentes, para poder acomodar la mayor vía posterior. La serie G tenía una caja de cambios de cuatro velocidades de serie, con una caja de cinco velocidades disponible como opción. El modelo básico y el 911 S también podían pedirse con la caja de cambios Sportomatic de cuatro velocidades, pero se vendía en cantidades muy reducidas.

Seis versiones del Porsche 911 Serie G

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El cambio de generación también se saldó con la creación de nuevas versiones, además de la tradicionales RS y Targa, lo que aportó una mayor versatilidad al deportivo germano.

  • Carrera RS: fue el primer 911 en recibir el nuevo motor de 3.0 litros. Solo se construyeron 110 unidades de este potente 911 de 230 CV y era capaz de alcanzar los 245 km/h. También era más ligero (pesaba 1.060 kg).
  • Turbo: en 1974 Porsche desarrolló el coche de serie más potente de su historia: el 930 Turbo. Porsche tomó el motor base del Carrera RS 3.0 y lo equipó con un turbocompresor. Su dificultad a la hora de llevarlo por el sitio fue la que lo convirtió en leyenda. Inicialmente con 260 CV, en 1977 se actualizó al motor de 3.3 litros y la potencia subió hasta los 300 CV.
  • Targa: no podía faltar. El techo rígido fue una novedad, ofrecido solo en 1974 antes de ser sustituido de nuevo por el techo plegable, mucho más práctico. Aunque el Targa se desarrolló realmente para cumplir la normativa de seguridad de Estados Unidos, ganó una popularidad inmediata entre los conductores de 911 de todo el mundo y se convirtió pronto en una versión fija de la gama Porsche.
  • Cabriolet: con una velocidad máxima de 235 km/h, la misma que el Coupé y el Targa, era uno de los descapotables más rápidos del mundo. Aceleraba hasta los 100 km/h en solo 6,8 segundos. El Cabriolet fue también el primer 911 en Europa en estar equipado de serie con un espejo exterior en el lado del pasajero.
  • Speedster: Porsche presentó el 911 Speedster atmosférico en el Salón de Fráncfort. En 1988 estaba disponible en dos variantes, con la parte trasera normal o la ensanchada del Turbo. Solo se fabricaron 171 ejemplares del Speedster estrecho.
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En julio de 1989, un Porsche 911 Coupé marcó el final de la Serie G. En color blanco Grand Prix, con carrocería de anchura normal y techo corredizo, muchos lo calificaron de «perfecto».

 

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