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Citroën: 100 años al servicio de la innovación y el confort

Publicado el viernes 15 de febrero de 2019
Citroën: 100 años al servicio de la innovación y el confort

Citroën cumple 100 años como fabricante de automóviles y desde sus inicios, uno de los sellos de identidad de la marca ha sido el confort. Repasamos su historia a través de algunos de sus modelos más emblemáticos.

En sus 100 años de experiencia, Citroën ha ido redefiniendo el concepto de comodidad y lo ha adaptado a las necesidades y a las demandas de las personas de cada época. Para Citroën, hoy, el automóvil no solo debe garantizar la movilidad de un lugar a otro y hacerlo con absoluta seguridad, sino que debe aglutinar también tecnología, espacio de carga y prestaciones. Esa visión de revolución acompaña a cada modelo lanzado por la marca desde sus inicios en 1919, donde el confort era el pilar base sobre el que se asentaba todo lo demás.

Para conmemorar los 100 años de historia al servicio de la innovación y el confort, repasamos la historia del fabricante galo a través de cinco de sus modelos más icónicos.

Citroën 11 Traction Avant: salto a la modernidad



Hasta los años treinta, el esquema dominante en toda la producción automovilística era un vehículo con chasis de vigas y carrocería independiente, tracción a las ruedas traseras y ejes rígidos. Citroën fue el único que puso a funcionar una verdadera cadena de montaje de un coche de tracción delantera, con bastidor monocasco autoportante y suspensión delantera independiente: el 11 CV de 1934.

El bastidor monocasco del 11 CV Traction Avant permitió hacer una berlina más compacta, ligera, ancha y baja. Eso aumentaba la rigidez estructural, digería mejor un posible accidente y la aerodinámica entraba en escena tímidamente. Incluso el maletero posterior de las versiones alargadas quedaba integrado en la línea de la carrocería. Por otro lado, agrupando el conjunto motor-cambio-transmisión en el eje delantero, se eliminaba el túnel central y ganaba habitabilidad interior. Cinco personas podían viajar con holgura y como opción se podía solicitar una fila adicional de trasportines o asientos suplementarios.

En un tercer aspecto, la suspensión independiente reducía el traqueteo en carreteras deterioradas, aumentaba el aplomo del coche a velocidad alta, cuando la vía lo permitía, y proporcionaba una limpieza en la conducción hasta entonces desconocida en modelos de gran serie. El 11 se convertía así en el coche más moderno con una estética tradicional —aletas y faros independientes—; y visto bajo el prisma actual, resulta el coche clásico conceptualmente más avanzado.

Citroën 2CV: un coche para el entorno rural



Corría 1948. Posguerra, recuperación. La red de caminos era mucho más tupida que la red de carreteras. Citroën lanzó un coche a la medida de las necesidades sociales del momento: el 2 CV. Su suspensión se ajustaba al concepto del actual Citroën Advanced Comfort, aunque solo fuera en la suave amortiguación y la alta elasticidad de la suspensión. De hecho, nació con una ingeniosa solución denominada "batidores de inercia" que, como un péndulo en contrafase, intentaba retener las oscilaciones de la carrocería. Una solución sencilla y revolucionaria para el confort, eficaz cuando la velocidad del coche era uniforme y las ondulaciones de la carretera también lo eran.

La sencillez de manejo la puso la aparición de un embrague centrífugo, que eliminaba la necesidad de pisar el pedal para arrancar o para detenerse, así como una palanca de cambios sobre el salpicadero, a la altura de la mano como en el 11 Traction. La instrumentación podría parecer sucinta, pero no hacían falta ni el testigo, ni la aguja de temperatura de agua imperiosa en la época.

Una sencillez mecánica que garantizaba la fiabilidad a toda prueba y la comodidad de no tener que abrir nunca el capó, salvo para rellenar el depósito del lavaparabrisas o comprobar el nivel de aceite. Incluso con una batería desfalleciente se podría arrancar, a mano, moviendo el motor con la misma manivela con la que se podían cambiar las ruedas.

Citroën CX: lujo y comodidad



Concebido en 1975, el Citroën CX se convertiría en el soberano de la carretera. Nada le plantaba cara por sus características de confort y de prestación. El abandono del motor con refrigeración por aire de su hermano pequeño, el GS, permitió hacer del CX un coche más silencioso en el apartado mecánico.

Colateralmente, este cambio beneficiaba a un mejor control de la temperatura de la calefacción. El aire acondicionado hacía su aparición. El cuidado de los mullidos y de los tapizados, junto con la posibilidad de ajustar la altura de la carrocería para facilitar la entrada y la salida del coche, lo hacían un coche con un cierto componente de lujo. La carrocería evitaba los ruidos del aire, la suspensión hidroneumática del CX lo aislaba de la carretera y así sus pasajeros se encontraban en una nueva dimensión a la hora de desplazase. En el interior, al velocímetro «digital» del Citroën GS se añadía un segundo tambor para mostrar las revoluciones del motor. Desaparecían las palancas de mando junto al volante, ahora con accionamientos basculantes en la punta de los dedos.

Al volante, lo primero que llamaba la atención era la presencia de una dirección asistida, algo nada común. El sistema DIRAVI no tenía retorno automático del volante a su posición central, como el SM. Con ello desaparecía también la necesidad de un periodo de adaptación a su conducción. Se hacía mucho más fácil, porque conservaba otra característica inusual, la asistencia en función de la velocidad. Hoy puede parecernos corriente, pero en la época era confort sobre más confort, gracias a la sensación de control que proporcionaba a alta velocidad. Y a diferencia de los anteriores Citroën, que llevaban el freno de mano en el salpicadero, el CX lo tenía entre los dos asientos. Sí conservaba el volante monobrazo, no hacía falta más para mantener la rigidez del aro, era bueno que cediera cuando no existían aún los airbags y permitía ver la instrumentación casi sin interrupciones.

Citroën Xantia: confort activo



Con el Citroën Xantia llegó la electrónica y un nuevo concepto de la fiable suspensión hidroneumática. Con Hidractiva II se aportó a cada eje una esfera adicional. De este modo, se disponía de tres elementos rellenos de gas en cada eje, lo que confería mayor elasticidad y suavidad a la suspensión. ¿Y qué sucedía si se necesitaba que la suspensión fuese más firme y rígida? Se aislaba mediante válvulas esa esfera y solo trabajaba el gas presente en la esfera de cada rueda, lo que volvía instantáneamente más rígida la suspensión en ese tren. Alternando automáticamente una u otra configuración con rapidez se conseguía un gran confort, con la garantía máxima de seguridad. Voluntariamente se podía preseleccionar con un accionador deslizante sobre la consola el modo Sport, que mantenía la suspensión en un modo siempre firme.

En este sentido, Citroën también inventó la versión en automóvil del tren «Talgo pendular». La carrocería del Xantia Activa, como se denominaba esta versión, permanecía prácticamente plana en las curvas, no permitiendo más de 0,5 grados de inclinación. Los ingenieros civiles peraltan las curvas para reducir la fuerza centrífuga, lo que permite circular por ellas a mayor velocidad o mejorar el confort a bordo, porque los ocupantes se ven menos empujados hacia el exterior. El Xantia Activa se encargó, con su efecto antibalanceo, de crear sus propios peraltes virtuales para conseguir efectos similares. De nuevo dos esferas adicionales sobre la suspensión hidroneumática conformaban la parte técnica, con dos gatos hidráulicos que «retorcían» cuando era necesario las barras estabilizadoras y se encargaban de llevar el confort de viaje a niveles aún solo encontrados por algunos coches de superlujo.

Citroën C6: hacia la era digital



El Citroën C6 entró de lleno en la regulación electrónica. Cada una de sus ruedas disponía de un captador de altura, para saber exactamente 'cómo pisaba'. Su amortiguación podía responder a ese conocimiento y tenía capacidad para regular de forma casi instantánea el tarado en cada una de las ruedas independientemente. Podía elegir entre dieciséis leyes de retención y el tren delantero podía actuar de sensor de lo que ocurría con el asfalto y las ruedas traseras se anticipaban a lo que iba a venir. El tren delantero iba más a ciegas, pero al ser más pesado se resistía más a las irregularidades, y había tiempo para que el ordenador del coche eligiese los tarados más apropiados en cada instante. Se trataba de crear un efecto de alfombra voladora, una lógica «sky-hook» como denominan los técnicos de suspensiones, como si circularas sujeto por una cuerda desde el cielo.

El confort de suspensión, con un balanceo muy reducido, se podía incrementar mediante un botón sport, que aceleraba la velocidad de reacción de este sistema de variación de la amortiguación, aunque en las series finales realmente respondía más a esa denominación, priorizando un rodar más firme.

En todos los demás aspectos relacionados con el confort, también el C6 subió el listón a lo más alto. El tacto de los materiales, la calidez visual de los colores, la limpieza del diseño del salpicadero, el espacio envolvente que integraba a los ocupantes en el coche, todo contribuía en el C6 para conformar un habitáculo acogedor y sereno. Espacioso sobre todo, con la distancia entre ejes —2,90 metros— mayor de su categoría, los asientos posteriores individuales presumían, con sus reglajes eléctricos, de ser verdaderos sillones estilo «TGV», el tren de alta velocidad francés. El maletero era capaz para una bolsa de golf, el estándar de aquellos tiempos. Más allá del cuero de los asientos o unos paneles deslizantes de ebanistería para los huecos de las puertas, se lo dotó de un confort de clase ejecutiva. El parabrisas era del tipo atérmico y para la ventilación se diseñó un sistema de difusión suave, para rodear a los ocupantes, sin chorros que les pudieran molestar.

Facilidad y confort también llegaban a la persona al volante. El C6 incorporaba medidas de seguridad que contribuían a su vez a la facilidad de conducción. Es tal la fiabilidad de este modelo, que, a día de hoy, algunos altos cargos políticos siguen confiando en el C6 como su vehículo oficial.

Citroën C4 Cactus y C5 Aircross: Citroën Advance Comfort



Los dos últimos modelos salidos de las fábricas de Citroën integran los pilares de diseño, innovación y comodidad bajo el paraguas Citroën Advance Confort. A la comodidad y el bienestar mientras se circula del C4 Cactus y el C5 Aircross contribuyen esencialmente los amortiguadores progresivos hidráulicos. Con su diseño interno, son capaces de manejar con control situaciones cercanas a los límites de la suspensión, garantizando ese efecto 'alfombra voladora'.



En el interior, la comodidad viene dada por unos asientos que esconden una cuidadosa elección de materiales, espumas de diferentes densidades, incluyendo una capa viscoelástica que permite amoldar mejor el cuerpo desde el primer instante. El espacio también es clave en este sentido, con gran cantidad de huecos y con una capacidad de maletero, en ambas versiones, dentro de la media del segmento.

 

 
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