El sueño americano

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El sueño americano


Hace ya unos años, estando en casa de mi amigo Javier Maldonado, vi llegar a la casa de al lado una inmensa pick-up, concretamente una Toyota Tundra de increíble altura y muy tuneada, imposible de matricular en España. Aunque parezca extraño, me llamó la atención por el adhesivo que llevaba en el cristal trasero. Era una pegatina de FOX, y le comenté a Javier que a su vecino seguro que le gustaba el motocross. Le llamó y, muy cortésmente, se acercó y me lo presentó. Se llamaba Richard y, sin darle tregua, le dije: «a ti te gustan las motos, ¿verdad?». ¡Claro!, respondió. Soy un fanático. Y se puso a hablar de motocross sin parar. Dimos un repaso a todos los aparatos que tienen motor y, para terminar, quedamos para ir juntos al Super-Cross de Daytona.

Me invitó a pasar a su garaje donde tenía un inmenso banco de trabajo y un mueble de herramientas Snap-on con toda la herramienta de la misma marca. De lo mejorcito del mercado, muestra de que le gustaba lo bueno. Pensé, o es un virtuoso de la mecánica, o es un friki muy loco que se ha gastado un dineral para tener este material en casa. Pues resultó que tiene esa herramienta porque es mecánico, y aquí, en Estados Unidos, cada profesional de la mecánica tiene que disponer de su propia herramienta. De esta manera, al ser de su propiedad, los mecánicos cuidan más la herramienta. ¿Qué os parece? Aquí no vale el dicho «te pierdes más que la 12/13». Pues, si es así, te toca pagarla.

Desde ese día surgió una gran amistad y, como habíamos quedado, fuimos a ver el Super-Cross de Daytona, donde coincidimos con un amigo que me presentó a un jovencísimo piloto llamado Dylan Kelly que ha competido en las Rookies de Red Bull en Moto GP y que, a día de hoy, no se baja del podium en el Campeonato Americano de Super Sport. ¡Bravo por Dylan y por su familia!

Disfrutamos muchísimo de la carrera; si os gusta este deporte, no os podéis perder una prueba de estos bestias. Fuerza, talante, valentía, calidad, un espectáculo extraordinario.

Un día hablando con él seriamente, le dije: «tienes que montar un taller por tu cuenta y dejar de trabajar para otros, ya que eres un tipo muy serio, buen mecánico y, por encima de todo, honrado». Desde entonces, se lo repetí infinidad de veces hasta que, un buen día, no sé si por mi insistencia, me dijo que sí, que ya lo había decidido, que había visto un local y que se lanzaba a la aventura. Estaba convencido de que le iría muy bien. Sabe mucho de coches americanos y, además, el último sitio donde estuvo trabajando fue en la casa Ferrari.

Cuando inauguró el taller me llamó y me dijo: «Toñejo, ya lo tengo en marcha junto a mi hermano, y quiero que vengas a verlo». Pensé, qué mejor socio que un hermano, y más si este también es un buen tipo.

Al día siguiente terminé pronto de trabajar y puse rumbo norte fuera de la ciudad a la zona del taller. Llegué, y la primera impresión fue buena, un taller humilde pero muy bien montado y, sobre todo, con todos los componentes que tiene que tener un local de este tipo para que prospere. Los años han pasado y de aquel taller que empezó haciendo una revisión de un Chevrolet 4×4 de 1980, hoy es uno de los lugares más buscados por los propietarios de Ferrari, Lamborghini o Porsche.

Ha pasado el tiempo, y aquel chaval de Uruguay que vino a buscar el sueño americano con los bolsillos llenos de ilusión, pero sólo eso, hoy es uno de los mecánicos más reputados de la ciudad. Richard continúa igual, amable, generoso y, sobre todo, sigue siendo honrado y, por eso, seguirá triunfando.

EE.UU. es un país increíblemente grande, pero si trabajas mucho y bien, casi con total seguridad serás recompensado. Para lograr triunfar, es necesario ponerse metas altas, nunca perderlas de vista y luchar por alcanzarlas. ¡Bravo Richard!

mat tonejo[email protected]
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