Paraisos 4x4

Ruta por Ladakh: Los balcones de Buda (II)

En la ruta por Ladakh no faltarán monasterios butistas
Marian Ocana
Marian Ocana
Nos adentramos en el más puro misticismo budista y ascendemos hasta antiquísimos monasterios que se constituyen en balcones celestiales desde donde Buda contempla a sus fieles. Entre montañas infranqueables encontramos la aventura extrema a alturas de vértigo con una población tranquila y amable, que nos proporcionará una de las experiencias humanas más enriquecedoras.


Entre cuernos y jorobas

Si existe un animal resistente que sepa superar el frío y la altura con destreza, ése es el yak. Sus voluminosos cuerpos están recubiertos de un pelo muy largo y esa corpulencia queda coronada por dos enormes cuernos. A pesar de su naturaleza pacífica, no duda en embestir si se siente amenazado. Todavía quedan algunos grupos salvajes en altitudes cercanas a los 4.000 metros, como los que encontramos abrevando en un riachuelo próximo al Lago Pangong. El otro gran inquilino de las alturas es el camello bactriano (arriba), que muda de pelaje rápidamente con el cambio de las estaciones y que se mueve con soltura y seguridad por alturas superiores a los 3.000 metros. Fue el transporte predilecto que los viajeros y comerciantes de todas las épocas utilizaron para recorrer las rutas comerciales asiáticas, como la mítica Ruta de la Seda.

El valle de las flores

Con nombres como los de «Valle de las Flores» o «Valle Verde» (verde en la lengua india se escribe «nubra»), este codiciado valle era transitado desde tiempos inmemoriales por las caravanas comerciales que comunicaban Tíbet con Turquistán, en Asia Central. Los fértiles campos cultivados y los pueblos se extienden prolíficamente bajo el manto espiritual de centenarios gompas agarrados a las mismoas colinas del valle. Si en algún momento éste quedara incomunicado, podrían seguir subsistiendo con sus campos y rebaños y mantener la apariencia de la que goza como si nada hubiese cambiado a lo largo de los siglos. En su corazón… un desierto de dunas a 3.200 metros de altitud.

Refugio terenal de buda

Los gompas budistas (monasterios) ubicados en Ladakh se aferran a emplazamientos casi inaccesibles; encaramados en la cima de pequeñas colinas o derramados por la falda de escarpadas montañas, parecen estar haciendo un desafiante equilibrio entre el cielo y la tierra.

Cuando traspasas el umbral de sus puertas, sus sacros habitáculos desenmascaran, por un lado, el fulgurante estallido de colores chillones y de rostros serenos al representar a Buda y, por otro, los rostros desencajados y maléficos al representar a los sátiros y crueles demonios. Los artistas parecen haber recibido una orden sobrenatural para no dejar ni un hueco libre, albergando en cada espacio disponible algún rostro, símbolo, flor o animal que contenga un significado. Las telas de seda que cuelgan del techo (los thankas tibetanos) capturan en miniatura lo que las paredes y techos muestran aumentados en tamaño y número. Este barroquismo exacerbado que perturba la vista contrasta bruscamente con la tranquila y moderada actitud que manifiestan sus fieles seguidores con modales apacibles y gestos delicados. Los monjes de túnica azafrán que deambulan de un lado a otro siempre tienen una sonrisa o unas palabras con las que obsequiarte amablemente. La única condición que ponen para entrar en sus templos es que nos descalcemos y nos comportemos con respeto. Nuestra religión, edad o sexo son irrelevantes.

El espejo del cielo

El continente asiático es insuperable en parajes naturales e hitos geográficos. Así lo comprobamos con el apacible y límpido lago de Pangong. Sus 4.343 metros de altitud lo encumbran al escalón más alto del pódium lacustre del continente asiático, superando en más de 500 metros al lago Titicaca, de Suramérica, con tan sólo 3.810 metros. Este lago turquesa está custodiado por una empalizada de picos de más de 6.500 metros de altitud, pero estos centinelas no son carceleros y dejan deslizarse a sus aguas sin fronteras hasta el corazón del mismísimo Tíbet.

La verdad de toda una historia

Ladakh no es un reino independiente como lo son Nepal o Bhután, ya que forma parte de uno de los 22 estados que conforman la India. En realidad es, geográfica y culturalmente hablando, una prolongación del Tíbet, aunque siguieron una evolución histórica y política diferente. Con la invasión del Tíbet (por entonces una monarquía) por parte de los mongoles en el siglo XIII, éstos instauraron un gobierno teocrático. Esto es, los lamas controlaban el Tíbet, pero bajo supervisión mongola. Así, esta región siguió siendo hasta 1942 un estado vasallo de los mogoles, cuando éstos cedieron el gobierno de todo el Tíbet al Dalai Lama.

El poder monástico sustituyó al poder monárquico y fue un estado soberano hasta los tristes y vergonzosos acontecimientos de la década de los 50, cuando los chinos decidieron invadir y anexionarse el Tíbet. En cambio, Ladakh fue siempre un estado monárquico independiente, incluso durante el Imperio Británico se convirtió sólo en un protectorado, no en una colonia. En 1947, cuando se produce la independencia y partición de las posesiones del Imperio Británico, Ladakh se incorpora al estado indio de Jammu y Cachemira. Así, Ladakh perdió su independencia, pero, vista la ambición irrefrenable de China (durante la guerra chino-india de 1962 los chinos ocuparon el extremo de la parte oriental de Ladakh, la meseta de Aksai Chin), es mejor pertenecer a una India democrática que vivir bajo la opresión y desprecio de China. Al menos el «Tíbet indio» goza de una gran autonomía y sus pobladores practican la religión budista en total libertad. Son miles los refugiados tibetanos que, escapando de la ocupación y represión china, se han instalado en la India. El propio Dalai Lama tiene su residencia en Dharamsala (al sur de Ladakh) desde que huyó de la represión del Tíbet por los chinos en 1959.

Alpinismo 4×4

Si los escaladores himalayistas contabilizan sus cimas en «ochomiles», en el mundo del todoterreno se manejan los «cincomiles». Nuestro Mitsubishi Montero ha conseguido alcanzar cinco «cincomiles» ascendiendo por las pistas más elevadas del mundo. La primera vez que superamos juntos los 5.000 metros fue en el puerto de Lachlung-La, donde nos elevamos hasta 5.060 metros. A ese punto le sucedieron toda una serie de espectaculares cotas inmersas en soberbios paisajes himalayos: el paso de Taglang-La, a 5.328 metros, el Wari-La (5.305), el Chang-La (5.290) y, finalmente, el «Everest» de los automóviles: el Kardung-La, que, con sus 5.602 metros, se erige como la pista más alta del mundo. Al encumbrar el Kardung-La, nuestro todoterreno consigue ser el primer vehículo español que alcanza la cima automovilística del mundo… tras haber recorrido medio planeta.