Durante años, los coches eléctricos han circulado por el carril rápido de los beneficios fiscales: sin impuestos sobre carburantes, con descuentos en peajes y hasta estacionamiento gratuito en algunas ciudades. Pero esa etapa parece tener los días contados, al menos en Suiza, según indican medios internacionales.
El Consejo Federal suizo —equivalente a su Consejo de Ministros— ha presentado un proyecto que podría sentar un precedente en Europa. La idea es sencilla: si los coches eléctricos también usan las carreteras, deben contribuir a su mantenimiento. El objetivo, según el propio Gobierno, es “que todos los vehículos participen en la financiación de las infraestructuras, independientemente de su tipo de propulsión”.
Dos opciones sobre la mesa: pagar por kilómetro o por recarga
El plan suizo contempla dos posibles sistemas de recaudación que se someterán a debate público en los próximos meses.
El primer sistema, denominado “prestación kilométrica”, consistiría en aplicar una tasa según los kilómetros recorridos dentro del país. El importe variaría en función del tipo de vehículo y de su peso total: cuanto más pesado sea el coche, mayor sería el coste por kilómetro. El Gobierno suizo propone un tarifa media de 5,4 céntimos por kilómetro, lo que permitiría equiparar la contribución de un vehículo eléctrico a la de uno de combustión tradicional.
La segunda opción sería un impuesto sobre la energía utilizada para la recarga. En este caso, se gravaría la electricidad empleada para cargar las baterías, tanto en puntos públicos como privados. La tasa fijada por el Consejo Federal sería de 22,8 céntimos por kWh, sin distinguir entre tipos de vehículos.
Ambas opciones buscan sustituir la actual “ventaja” fiscal de los eléctricos respecto a los modelos de combustión, que sí contribuyen al mantenimiento de carreteras mediante los impuestos sobre los carburantes.

Una medida que podría extenderse por Europa
El ministro suizo de Medioambiente, Energía y Transporte, Albert Rösti, se muestra confiado en que la reforma saldrá adelante: “Quien cambie de un coche de gasolina o diésel a uno eléctrico pagará prácticamente lo mismo. Solo cambiará la forma de hacerlo”, aseguró.
Esto significa que los nuevos impuestos no pretenden penalizar al vehículo eléctrico, sino nivelar el terreno de juego. Sin embargo, para los conductores que ya disfrutan de un eléctrico y de sus exenciones fiscales, el cambio supondrá un incremento de costes.
El debate no es menor: con una cuota de mercado cercana al 20 %, los eléctricos en Suiza ya no son una minoría. Y conforme más conductores abandonan los motores de combustión, los ingresos por impuestos sobre carburantes —que financian carreteras y autopistas— siguen cayendo.
¿El espejo en el que mirarse otros países?
Expertos del sector señalan que la medida podría marcar tendencia: cuando los coches eléctricos sean mayoría, los Estados necesitarán nuevas vías para recaudar los fondos necesarios para mantener la red viaria.
En Suiza, esa transición ya tiene fecha: el debate ciudadano comenzará en enero de 2026, y si la medida se aprueba, el país podría convertirse en pionero de una nueva era fiscal para la movilidad eléctrica.
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