Jaguar Land Rover (JLR) ha protagonizado, uno de los episodios más impactantes de la historia reciente del sector automovilístico británico. Un informe publicado el pasado 22 de octubre detalla el ciberataque sufrido por la marca el pasado agosto de este año. Este ataque provocó un fuerte golpe económico estimado en 2.180 millones de euros (1.900 millones de libras).
Según el Cyber Monitoring Center (CMC), una entidad independiente respaldada por la industria de seguros, el ataque afectó a más de 5.000 empresas vinculadas a su red de proveedores. Su magnitud ha llevado a los expertos a catalogarlo como el incidente cibernético de mayor alcance registrado hasta la fecha en el Reino Unido.
Producción bloqueada y grandes pérdidas millonarias
Este ciberataque detuvo la producción de Jaguar Land Rover durante seis semanas, afectando a sus tres centros de producción en el Reino Unido, capaces de ensamblar unos 1.000 vehículos al día. Durante ese tiempo, la compañía se vio obligada a suspender su actividad industrial y logística, con unas pérdidas estimadas en 50 millones de libras semanales, según Reuters.
Para evitar un colapso mayor de su cadena de suministro, Tata Motor, empresa matriz de JLR, obtuvo a finales de septiembre un préstamo de 1.500 millones de libras del gobierno británico, con el objetivo de minimizar los daños en su cadena de proveedores.
Aunque la producción se reanudó gradualmente a principios de octubre, los analistas advierten que la recuperación total podría prolongarse varios meses y elevar aún más el impacto económico.

Un ciberataque con efecto dominó
El CMC calificó este ataque con una categoría 3 sobre 5, una escala reservada para los llamados eventos sistémicos, capaces de generar un efecto dominó en toda una industria. El impacto se extendió a centenares de proveedores, concesionarios y empresas asociadas a la marca.
El incidente se produjo el 1 de septiembre, el día más importante del año para las matriculaciones en el Reino Unido. Como resultado, ningún Jaguar ni Land Rover pudo registrarse ese día, lo que añadió un nuevo contratiempo a una situación crítica.
Una advertencia para el futuro
El caso de Jaguar Land Rover pone de manifiesto la fragilidad del sector automovilístico frente al aumento de los ciberataques. Con procesos de producción cada vez más digitalizados, cadenas de suministro interconectadas y una fuerte dependencia de infraestructuras tecnológicas, los fabricantes de coches se han convertido en objetivos prioritarios para los ciberdelincuentes.
Este ataque, no solo ha dejado tras sí una factura económica abultada, sino también una advertencia seria para toda la industria europea: reforzar la ciberseguridad es ya una cuestión estratégica para garantizar la estabilidad del automóvil.
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