Saber cuándo cambiar los amortiguadores es clave para mantener la seguridad, la comodidad y el buen comportamiento del coche. Aunque no hay una cifra exacta para todos los vehículos, sí existen síntomas claros que indican que ha llegado el momento de sustituirlos.
Síntomas más comunes de amortiguadores en mal estado
Rebotes excesivos tras pasar un bache
Si el coche rebota varias veces después de pasar por un badén o bache, es señal de que los amortiguadores ya no hacen bien su trabajo.Inestabilidad al frenar
Si el coche se hunde de morro al frenar o pierde estabilidad en frenadas fuertes, es probable que los amortiguadores estén gastados. También puedes notar que el ABS o el ESP se activan más de lo normal.Balanceos en curvas o cambios de carril
Si el coche se inclina más de lo habitual al tomar curvas, o balancea al cambiar de carril, puede que haya fatiga en los amortiguadores.Desgaste irregular de los neumáticos
Los amortiguadores en mal estado no mantienen la rueda bien pegada al suelo. Eso provoca que los neumáticos se desgasten mal, sobre todo por los bordes.Pérdidas de aceite
Si ves manchas de aceite o grasa en la parte exterior del amortiguador, es señal de fuga interna. Ese amortiguador está para cambiar.Golpeteos o ruidos secos
Si oyes golpes o ruidos al pasar por baches, es posible que los amortiguadores o sus soportes (copelas, topes) estén deteriorados.Aumento en la distancia de frenado
Un amortiguador desgastado aumenta la distancia de frenado, sobre todo en firmes irregulares, al perder el control de la oscilación de la carrocería.Sensación de “flotación” en carretera
Si notas que el coche “flota” en autovía o que la dirección va imprecisa, es otro síntoma claro de que la suspensión no funciona como debería.
¿Cada cuántos kilómetros se cambian?
Como orientación general, conviene revisar los amortiguadores a partir de 60.000 km y cambiarlos si es necesario entre los 80.000 y 120.000 km. En coches que circulan por zonas bacheadas o caminos de tierra, pueden deteriorarse antes.

¿Cuánto cuesta cambiarlos?
El precio depende del modelo. Cambiar los cuatro amortiguadores en un turismo medio cuesta entre 400 y 800 euros, incluyendo mano de obra y alineación. También se recomienda sustituir las copelas, topes y guardapolvos si están en mal estado, lo que puede subir un poco el coste.
¿Y si tu coche lleva suspensión adaptativa, neumática o de dureza variable?
Muchos modelos modernos, sobre todo de gamas media y alta, montan sistemas de suspensión electrónicos o incluso neumáticos. Estos también se desgastan, pero tienen particularidades que debes conocer:
Amortiguadores adaptativos o de dureza variable
Son amortiguadores que varían su dureza en función del modo de conducción o del estado de la carretera (por ejemplo, sistemas como DCC de Volkswagen, Magnetic Ride de Audi o PASM de Porsche).
Aunque ofrecen más confort y precisión, también se desgastan con el uso, igual que los convencionales. Con el tiempo pueden perder capacidad de adaptación, generar errores en el sistema o fallos en el confort. El problema: son mucho más caros de sustituir. Uno solo puede costar entre 400 y 1.200 euros, sin contar mano de obra.
Algunos síntomas de fallo:
La suspensión se queda fija en un modo (blando o duro).
Aparece un mensaje de error en el cuadro de instrumentos.
El coche se comporta como si llevara amortiguadores normales… pero rebotando más.
Es importante diagnosticar con escáner estos sistemas, ya que los fallos pueden ser eléctricos, electrónicos o mecánicos.
Suspensión neumática
Este sistema sustituye los muelles por balonas de aire controladas electrónicamente. Es habitual en coches grandes, SUV premium y berlinas como Mercedes Clase E, Audi A6 o Range Rover.
Con el paso de los años, las balonas pueden perder estanqueidad y el compresor puede fallar. Cuando ocurre, el coche se hunde de un lado, baja de altura o tarda mucho en levantar.
Síntomas comunes:
El coche se inclina en parado (por ejemplo, de un lado).
Tarda mucho en alcanzar la altura normal.
Aparece el aviso de fallo de suspensión en el cuadro.
Ruidos del compresor funcionando más de lo normal.
El coste de reparación puede ser alto. Cambiar una sola balona puede costar entre 500 y 800 euros, y un compresor nuevo ronda los 1.000 euros. También puede fallar el módulo electrónico de control, algo menos habitual, pero costoso.
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