Actualmente y mientras un motor funcione en retención -es decir, con una marcha engranada y sin acelerar, movido por la propia inercia del vehículo-, el coche no gasta combustible porque, en esta situación, simplemente, la centralita ordena que no se inyecte. En estas circunstancias, los propulsores de gasolina se comportan de forma parecida a una bomba de vacío, ya que intentan introducir y extraer aire de su interior, como harían en un ciclo normal de combustión, y no pueden hacerlo debido a que, como no se acciona el acelerador, la mariposa -que regula la entrada de aire- está cerrada. En la misma situación, los motores diesel, que no tienen mariposa del acelerador, siempre están bombeando aire que, una vez pasa a través del motor, sale por el escape…
Eso sí, si hablamos de coches de gasolina -de más de 20 años- que realizan la mezcla de aire y combustible mediante un carburador -y no por inyección-, siempre existirá un consumo de combustible mínimo que corresponde al régimen de giro del motor al ralentí. En estos casos, el aporte de combustible no se regula mediante una centralita, sino que depende físicamente del flujo de aire -el aire succiona combustible al pasar por los difusores de combustible; denominados chíclers- y este nunca se interrumpe.
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