Berlin

Esta es la ciudad que va a contracorriente y quita zonas de 30 km/h

Mientras Europa avanza hacia ciudades más lentas y peatonales, una ciudad sorprende y desafía las tendencias actuales.

En un movimiento que ha dejado perplejos a urbanistas y ecologistas de todo el continente, una ciudad europea ha decidido ir en contra de la tendencia. Se trata de la capital alemana, Berlín, que está desmontando varias de sus zonas limitadas a 30 km/h para volver a los 50 km/h. Esta decisión llega apenas días después de la controvertida inauguración de un nuevo tramo de autopista en pleno corazón de la ciudad, confirmando una dirección que va completamente a contracorriente de las políticas de movilidad sostenible que dominan en otras capitales europeas.

El Senado de Berlín (órgano ejecutivo de la ciudad) ha justificado esta medida argumentando que los niveles de contaminación atmosférica ya cumplen con los umbrales establecidos por la Unión Europea, haciendo innecesarias las restricciones de velocidad en numerosas vías principales.

El regreso a los 50 km/h: ¿marcha atrás en seguridad vial?

De los 41 tramos actualmente limitados a 30 km/h, una parte significativa volverá a los 50 km/h en las próximas semanas. No obstante, el plan mantiene algunas excepciones. Siete tramos seguirán con el límite de 30 km/h debido a niveles de contaminación aún demasiado elevados. Otras nueve zonas mantendrán la restricción por motivos de seguridad, especialmente en áreas cercanas a escuelas, guarderías y residencias de ancianos.

Esta decisión contrasta frontalmente con la tendencia europea, donde ciudades como Bolonia, Ámsterdam, Bruselas o gran parte de París han adoptado el límite de 30 km/h como estándar general, apoyándose en estudios que demuestran sus beneficios para la seguridad vial y la calidad del aire, sin afectar significativamente a los tiempos de desplazamiento.

señal de 30 km/H

 

Una autopista de 721 millones de euros en pleno centro urbano

El pasado 27 de agosto de 2025, Berlín inauguró 3,2 kilómetros adicionales de la autopista A100, un proyecto faraónico que ha costado la friolera de 721 millones de euros y cuya construcción se ha prolongado durante doce años. Para el alcalde Kai Wegner, del partido conservador CDU,  «Tenemos que sacar el tráfico de las áreas residenciales, eso es exactamente lo que asociamos con la construcción adicional de la A100».

Los críticos, sin embargo, no han tardado en calificarla como «la carretera más absurda de Alemania» y un «anacronismo» en tiempos en que ciudades como París, Barcelona o Ámsterdam apuestan por reducir drásticamente el espacio dedicado al automóvil.

La paradoja del tráfico: más carreteras, más atascos

La ironía no ha tardado en manifestarse. Apenas inaugurado, el nuevo tramo de la A100 ya sufre importantes congestiones, hasta el punto de que la prestigiosa revista Der Spiegel la ha calificado como una «autopista problemática» tras solo unos días de funcionamiento.

Un investigador alemán ha llegado incluso a recomendar el cierre temporal de la sección para evitar agravar la saturación de la red viaria berlinesa, confirmando lo que los urbanistas llevan décadas advirtiendo: construir o ampliar carreteras no resuelve la congestión a largo plazo, sino que atrae más tráfico.

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