Se ha hecho viral un vídeo de Fernando Alonso, junto a su chica, circulando por las calles de Mónaco a los mandos de uno de los coches más exclusivos del mundo, el Mercedes CLK GTR. El piloto asturiano es poseedor de una de las 28 unidades (25 numeradas) que existen de este modelo, fabricado entre 1998 y 1999 para homologar la versión de competición. Y detallito: la matrícula, de Mónaco, es ‘1414’.
Este coche se diseñó como un coche de carreras, y la Straßenversion, o versión de calle, sirvió para homologarlo. Mercedes le aplicó muy pocos cambios con respecto al de carreras. Le puso elementos de seguridad como airbags y frenos ABS, habilitó un par de pequeños maleteros en los dos pontones laterales, y poco más.

El chasis está basado en un monocasco de fibra de carbono con refuerzos de aluminio en estructura tipo panal, una solución propia de la competición que ofrece una rigidez torsional muy elevada con un peso contenido. Es decir, esto no tiene nada que ver con un Mercedes CLK al uso.
El coche más especial de Fernando Alonso
El motor está integrado como elemento portante, es decir, forma parte activa de la estructura del vehículo, lo que permite reducir masa y aumentar la rigidez general. La suspensión es de tipo doble triángulo superpuesto en ambos ejes.

La carrocería está construida íntegramente en fibra de carbono y responde a criterios puramente aerodinámicos. Sus formas son bajas, anchas y muy tensas, con un frontal diseñado para generar carga aerodinámica, pasos de rueda ensanchados para alojar vías muy amplias y una zaga dominada por un gran alerón fijo y un difusor trasero funcional.
Todo el conjunto está pensado para producir apoyo aerodinámico real y estabilidad a velocidades muy elevadas, más que para la estética o la comodidad.

El motor es un 6.9 V12 atmosférico que se sitúa en posición central longitudinal, justo detrás del habitáculo. Va asociado a una transmisión secuencial de seis velocidades más cercana a una caja de competición que a una transmisión convencional de calle.
El conjunto motor-transmisión, unido a la ligereza del chasis y a la aerodinámica, convierte al CLK GTR en un vehículo extremadamente rápido y exigente, con un carácter muy radical incluso para los estándares de los superdeportivos.

En conjunto, el Mercedes CLK GTR no es simplemente un deportivo extremo, sino una máquina de competición prácticamente sin concesiones, donde chasis, carrocería y motor están diseñados con una única prioridad: el máximo rendimiento. ¿Y sabes cuánto vale? Pues una pasta, entre 10 y 15 millones de euros. O bueno, lo que el vendedor te quiera pedir, porque hay tan pocos…
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