Desde 1972, esta berlina americana se fabricaba en Alemania -en este país sustituyó a los Taunus 20 M y 26 M– e Inglaterra -aquí reemplazó al Zodiac-… pero en España no se vendió hasta 1980.
El Granada era el vehículo más lujoso de Ford en ese momento y se ofrecía sólo con dos acabados: GL -básico- y Ghia -lujoso-.
La gama de motores en nuestro país se reducía a dos propulsores gasolina V6: un 2.3 l -114 CV- y un 2.8 l -135 CV- y un diesel 2.1 de 63 CV, de origen Peugeot.
Su precio arrancaba en el 1.209.000 pta -7.266e– del 2.3 GL hasta el 1.627.000 pta -9.778e- del 2.8 Ghia. Se vendió hasta marzo de 1985 –lo sustituyó el Scorpio-.
Representaba
La propuesta de Ford de adaptar un coche americano al mercado europeo.
El resultado fue un modelo amplio, cómodo y con potentes motores que, a la vez, tenía un mantenimiento costoso y resultaba poco manejable -sus grandes dimensiones hacían que no fuera práctico en el uso diario-.
En España no se llegó a comercializar la carrocería coupé del Granada que, por ejemplo en Inglaterra, fue muy usada en campeonatos de turismos y rallyes por sus potentes motores V6 y gran agilidad.
Sus rivales…
Eran el Opel Senator, Peugeot 604 o Talbot Tagora; todos con carrocería de tres volúmenes, como el Granada.
Restyling
En septiembre de 1981, Ford retocó su imagen exterior -se denominó Granada 82– con una nueva parrilla más estrecha y estilizada, faros y paragolpes trasero rediseñados, y estrenó dos motores: el 2.8 i de 150 CV y el 2.5 D de 69 CV.
Como Clásico
Cada vez cuesta más encontrar uno en buen estado. Se importaron sólo 15.015 unidades. El precio medio ronda los 1.500-.
Por dentro
Made in USA, sobrio y cómodo
Amplio y confortable. Predominaba el uso de inserciones de madera en puertas y salpicadero, la tapicería de terciopelo y el suelo con moqueta. El equipamiento de serie era muy amplio y ya desde el acabado básico -GL- incluía faros halógenos, parabrisas laminado, luneta térmica, elevalunas eléctricos delanteros y reposabrazos central trasero. El Ghia añadía de serie el aire acondicionado, lavafaros y el radiocassette estéreo con antena automática.
Así iba
El Granada era lento y consumía bastante -ver ‘…y lo malo’-. Con el motor 2.3 l alcanzaba los 172 km/h de velocidad máxima y pasaba de 0 a 100 km/h en 12 seg.; el 2.8 llegaba a los 183 km/h y hacía el 0 a 100 en 11 seg.; el 2.8i alcanzaba los 190 km/h y en sólo 9,0 seg. pasaba de 0 a 100. El peor era el 2.1 D que registraba 135 km/h de velocidad máxima y aceleraba de 0 a 100 nada menos que en 28 seg.
Conclusión
El Granada se convirtió en la berlina de representación perfecta para el comprador cautivado por la imagen de coche americano grande, con un equipamiento generoso, acabados y materiales de calidad, además de satisfacer a aquellos conductores que no se sentían identificados con sus rivales directos; frente a ellos ofrecía unos potentes motores V6 gasolina y venía más equipado de serie.
Compacto de referencia…
Lo bueno… Todos los Granada destacaban por la eficacia de sus frenos, el manejo de su caja de cambio manual, su confort e insonorización en marcha, así como por su amplitud interior, el práctico maletero -388 litros el sedán y hasta 2.149 litros la con carrocería familiar- y por incluir detalles de equipamiento más lujosos como la tapicería de terciopelo…
Y lo malo… La prensa especializada criticó su elevado consumo -12 l/100 km, de media, en los gasolina y 8,5 l/100 km en los diesel-, una suspensión trasera seca, un cambio automático con unos desarrollos muy largos que daba tirones al cambiar, y unas prestaciones claramente insuficientes en el motor 2.3 de gasolina y, sobre todo, en el 2.1 diesel.
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Ficha Técnica
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