Durante años, el coche ha sido uno de los pocos lugares donde la publicidad no había conseguido entrar. Las radios comerciales, sí. Las marquesinas, también. Pero las pantallas de los vehículos seguían siendo un territorio más o menos neutral. Eso está empezando a cambiar. Poco a poco, y casi sin darnos cuenta, los anuncios han empezado a aparecer en los sistemas multimedia de diferentes marcas, primero como pruebas internas y ahora como una vía de ingresos cada vez más consolidada.
Un contexto económico que lo explica todo
La industria del automóvil no vive su mejor etapa. Entre la electrificación, la subida de costes y las nuevas normativas, los márgenes de los fabricantes llevan años encogiéndose, especialmente desde 2019. En un mercado tan competitivo, cualquier fuente alternativa de ingresos se analiza con lupa, y ahí es donde la publicidad ha encontrado su hueco.
Lo que comenzó siendo una posibilidad remota ha terminado convertiéndose en una herramienta que algunas marcas ya utilizan de forma regular. El argumento que esgrimen es simple: si el vehículo integra pantallas conectadas, esas pantallas pueden generar ingresos, siempre —dicen— con ciertas limitaciones para no interferir en la conducción.

Stellantis, Tesla y las primeras pruebas masivas
Tal y como indica Auto Journal, uno de los grupos más avanzados en esta línea es Stellantis. En sus modelos más recientes, los anuncios aparecen únicamente cuando el coche está detenido: al frenar en un semáforo, al estacionar o durante una carga. En cuanto el vehículo se pone en marcha, el contenido publicitario desaparece en unos segundos. Según estimaciones internas, este sistema ya habría generado miles de millones de euros en ingresos globales, una cifra que explica por qué esta práctica ha ganado tanta tracción en tan poco tiempo.
Tesla también ha explorado este territorio, sobre todo en Estados Unidos, donde recientemente ha promocionado contenidos de Disney en su pantalla central. Allí, el marco legal es más flexible, y algunas plataformas de entretenimiento se han integrado directamente en el software de los coches cuando el vehículo está detenido.
En Europa, los avances son más discretos. Algunos propietarios del Volkswagen ID.7 se han encontrado sugerencias de restaurantes cercanos. En este caso, la práctica exige el consentimiento del usuario y puede desactivarse desde los ajustes, un enfoque menos intrusivo y más regulado que el que se ve al otro lado del Atlántico.
Cuando la utilidad se mezcla con la incomodidad
Aunque muchas de estas propuestas se presentan como servicios personalizados —recomendaciones locales, actualizaciones o avisos relevantes— no todos los usuarios lo ven con buenos ojos. La preocupación principal no tiene tanto que ver con la privacidad como con la distracción dentro del habitáculo, especialmente en coches con pantallas muy grandes que asumen la mayoría de las funciones.
En Estados Unidos ya ha habido quejas: algunos propietarios de Jeep se encontraron con anuncios recurrentes vinculados a su suscripción de SiriusXM, lo que obligó a la marca a “revisar la frecuencia de los mensajes”, según un portavoz.
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