Land Rover está viviendo una de las transformaciones más profundas de su historia. La firma británica, integrada en el grupo JLR (Jaguar Land Rover), ha decidido reorganizar toda su gama bajo una nueva estrategia que separa sus modelos en tres marcas independientes: Defender, Discovery y Range Rover. Pero, ¿qué hay realmente detrás de este movimiento?
Aunque pueda parecer una maniobra de marketing, la decisión va mucho más allá de cambiar logotipos o denominaciones comerciales. JLR busca clarificar su oferta, reforzar la identidad de cada familia de modelos y posicionarse mejor en un mercado cada vez más competitivo, especialmente en el segmento premium y electrificado.
Hasta ahora, Land Rover actuaba como matriz para productos muy distintos entre sí: desde el lujoso Range Rover hasta el aventurero Defender, pasando por el más familiar Discovery. Con esta división, cada gama pasa a tener personalidad, valores y público objetivo propios.
Range Rover: lujo y exclusividad
Range Rover se consolida como una marca de lujo global. Diseño minimalista, tecnología avanzada y materiales de alto nivel son los pilares de esta nueva etapa en la que pretende ser muy fuerte frente a las alternativas alemanas.
Además, será la punta de lanza de la electrificación en JLR, con versiones híbridas enchufables y futuros modelos 100% eléctricos que buscan combinar lujo y sostenibilidad sin perder el ADN británico.
Defender: el icono todoterreno
Defender ya no es solo un modelo, sino una marca con identidad propia. Su objetivo es claro: aventura, resistencia y capacidad off-road, pero reinterpretadas para el siglo XXI.
La estrategia pasa por ampliar la familia Defender con diferentes carrocerías y versiones, manteniendo su imagen robusta y su enfoque hacia un cliente más activo, que valora tanto la tecnología como la autenticidad.
Discovery: la opción familiar
Discovery queda posicionada como la marca más práctica y racional del trío. Espacio, modularidad y confort para familias activas que necesitan un SUV capaz de hacerlo todo: viajes largos, uso diario y escapadas ocasionales fuera del asfalto.
Aunque es la gama con un perfil más discreto, JLR quiere que Discovery tenga una identidad clara, alejada del lujo extremo de Range Rover y del carácter radical de Defender.
El trasfondo: rentabilidad y electrificación
Esta reorganización responde también a una necesidad empresarial. JLR quiere ser más rentable, reducir complejidad interna y concentrar inversiones, especialmente de cara al enorme reto que supone la electrificación y el desarrollo de software propio.
Al convertir Defender, Discovery y Range Rover en marcas diferenciadas, el grupo puede ajustar precios, márgenes y estrategias de producto con mayor precisión, algo fundamental en un mercado donde los costes se disparan y la competencia es feroz.
¿Desaparece Land Rover como marca?
No del todo. Land Rover seguirá existiendo como referencia histórica y técnica, ligada al legado y a las capacidades todoterreno, pero de cara al cliente final el protagonismo recaerá en estas tres nuevas marcas, aunque bajo el paraguas siempre de Land Rover. Esta estrategia responde al interés de la marca por crecer en varias ligas a la vez: lujo, aventura y versatilidad.
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