Parecen un mero trámite burocrático, pero las matrículas de coche esconden una historia fascinante y, en muchos casos, bastante insólita. Aunque hoy nos parezcan todas iguales, su evolución ha estado marcada por leyendas urbanas, supersticiones, trucos tecnológicos… e incluso caprichos millonarios.
En CarVertical han recopilado algunas de las matrículas más sorprendentes del planeta. Algunas brillan en la oscuridad, otras tienen forma de oso, y unas pocas se han subastado por cifras astronómicas. Te lo contamos.
Cuando una matrícula cuesta más que tu casa
En países como los Emiratos Árabes Unidos, tener un coche exclusivo no basta. Allí, lo realmente prestigioso es llevar una matrícula con un solo número. ¿El récord? Una placa con el número “7” que se vendió por más de 15 millones de dólares. Sí, has leído bien. En 2008, otra con el número “1” alcanzó los 14,2 millones.
¿La razón? En una cultura donde la numerología tiene un fuerte peso simbólico, estos números se asocian con el estatus, la suerte o el poder. Y hay quien está dispuesto a pagar lo que sea por tenerlos.
Canadá y el oso polar que se convirtió en icono
En 1970, los Territorios del Noroeste de Canadá decidieron que sus matrículas también podían reflejar su identidad. ¿Cómo? Dándoles forma de oso polar. Estas placas no solo destacaban por su diseño, sino que se convirtieron en piezas de coleccionista. Aunque hoy ya no se emiten, algunos coches antiguos siguen luciéndolas… y no faltan nostálgicos que las buscan por internet.

En Suiza, las matrículas van contigo… no con el coche
Uno de los casos más curiosos es el de Suiza, donde las matrículas no están asociadas a un vehículo, sino a su propietario. Eso significa que, cada vez que compras un coche nuevo, conservas tu número de siempre. Y si tienes varios, puedes transferir la misma placa de uno a otro. Es práctico, aunque también genera más apego a las siglas que llevas.
Japón y las matrículas que derriten la nieve
En algunas regiones del norte de Japón, el frío extremo exigía soluciones creativas. Así nacieron las matrículas que brillan en la oscuridad… y que, además, generaban calor. Su función era doble: mejorar la visibilidad nocturna y evitar que la nieve las cubriera. Hoy siguen usándose en zonas frías y se han vuelto un fetiche entre los aficionados al motor.
En Irlanda, el número 13 no gusta ni en la matrícula
Cuando llegó 2013, los concesionarios irlandeses temieron lo peor: que nadie quisiera comprar coches con matrículas que comenzaran por “13”. ¿La solución? El gobierno introdujo un sistema que añadía un “1” o un “2” tras el año, según el semestre de matriculación. Así, los coches registrados ese año lucen los códigos “131” o “132”. Un buen ejemplo de cómo las supersticiones también afectan a la automoción.
El hacker que quiso engañar al sistema… y acabó multado
Un experto en seguridad de EE. UU. pensó que podía esquivar las multas eligiendo como matrícula personalizada la palabra “NULL”, un término que en programación se usa para indicar “valor vacío”. ¿El resultado? Miles de dólares en sanciones que no eran suyas. Al parecer, cuando el sistema de cámaras detectaba un coche sin matrícula, asignaba automáticamente ese valor. Irónicamente, acabó siendo el más “visible” de todos.
Matrículas con emojis y causas solidarias
En Australia, concretamente en Queensland, los conductores pueden añadir emojis a su matrícula. Eso sí, solo cinco a elegir, y el código alfanumérico sigue siendo el oficial. Mientras tanto, en varios estados de EE. UU., las matrículas pueden personalizarse con motivos solidarios, deportivos o culturales. El dinero que se recauda con su compra se destina directamente a las organizaciones que representan.
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