En toda Europa, los coches eléctricos han disfrutado de importantes ventajas fiscales durante los últimos años. Pero, la rápida expansión de la adquisición de coches de cero emisiones está poniendo en riesgo el modelo impositivo tradicional sustentado por los impuestos en carburantes.
Noruega ya ha comenzado a reducir progresivamente sus beneficios fiscales para los eléctricos, y ahora el Reino Unido se prepara para seguir los mismos pasos. El Gobierno británico, encabezado por Keir Starmer, estudia un nuevo impuesto vinculado al uso del vehículo, es decir, a los kilómetros recorridos, con el objetivo de compensar la caída de ingresos y asegurar una financiación más justa de infraestructuras y servicios públicos.
¿Por qué Londres quiere gravar la electricidad?
Según un portavoz del Ejecutivo, en la actualidad el impuesto al combustible solo se aplica a la gasolina y al diésel, pero “no existe un equivalente para los vehículos eléctricos”. De ahí la necesidad de establecer un sistema más equitativo para todos los conductores.
El nuevo impuesto persigue tres objetivos principales:
- Eliminar la disparidad fiscal entre los coches eléctricos y los de combustión.
- Garantizar ingresos estables para mantener y construir infraestructuras viarias.
- Reforzar las cuentas públicas en un momento en que el Gobierno afronta un déficit presupuestario estimado en 30.000 millones de libras.
La ministra de hacienda, Rachel Reeves, ha sido clara en esta decisión: el país necesita “un sistema fiscal sostenible para el futuro de la movilidad”.

Pagar por los kilómetros recorridos
El esquema que se baraja consistiría en un impuesto por kilómetro recorrido. Según adelante el Daily Telegraph, el Gobierno podría fijar la tasa en 3,4 céntimos de euro por kilómetro, lo que equivaldría a unos 283 euros al año para un conductor medio.
El nuevo modelo podría comenzar a aplicarse en 2028, aunque los detalles se concretarán más adelante en la presentación presupuestaria del 26 de noviembre. En sus primeros años, esta medida podría generar alrededor de 1.800 millones de libras anuales (2.100 millones de euros), una cantidad todavía muy inferior a los 28.000 millones de euros que recauda el Estado por los impuestos sobre el combustible actualmente.
¿El principal reto? Controlar los kilómetros recorridos de cada coche, en especial de los vehículos que se cargan generalmente en casa, fuera del radar de las autoridades fiscales.

Fuerte oposición del sector automovilístico
La propuesta ha despertado críticas por parte de la industria británica del motor. La asociación de fabricantes y concesionarios SMMT ha calificado la iniciativa como “una medida equivocada en el momento equivocado” ·
Según el organismo, imponer un nuevo tributo sobre los eléctricos podría frenar su adopción, justo cuando los fabricantes luchan por cumplir las exigencias del mandato ZEV (vehículos de emisiones cero). La SMMT reclama en su lugar un sistema tributario más inteligente, justo y preparado para el futuro.
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