En cuanto bajan las temperaturas, es habitual subirse al coche tal cual vamos por la calle: abrigo, plumas, bufanda… y cinturón por encima. Pero lo que parece una costumbre inocente puede convertirse en un problema serio en caso de frenazo o accidente.
Diversos ensayos de organismos de seguridad europeos, como los que realiza cada año ADAC, han demostrado que, incluso a velocidades reducidas, el acolchado de las chaquetas gruesas impide que el cinturón se ajuste correctamente al cuerpo. En pruebas que simulan un alcance urbano a apenas 16 km/h, el cinturón tiende a hundirse en el abdomen, una zona extremadamente sensible ante un impacto.
La razón es sencilla: la chaqueta crea una distancia artificial entre el cuerpo y el cinturón. Donde debería apoyarse sobre huesos resistentes , las crestas ilíacas en adultos, acaba apoyándose sobre tejidos blandos. Ese pequeño desajuste multiplica el riesgo de lesiones internas.

Los niños, los más vulnerables
En el caso de los menores, el efecto se agrava. El acolchado de un plumífero o un abrigo “eleva” el punto donde se apoya el cinturón, lo que hace que pierda contacto con los muslos, que es justamente donde debe ir colocado cuando viajan en un elevador o en un asiento con cinturón integrado.
Por eso, muchos expertos recomiendan abrochar a los niños sin chaqueta siempre que sea posible. Si hace mucho frío, se puede retirar la prenda, abrochar bien el arnés o el cinturón, y colocar después una manta ligera o la propia chaqueta por encima, a modo de cubierta.
Este gesto, que apenas lleva unos segundos, evita que el acolchado genere holguras y asegura que el sistema de retención funcione como debe.

El resto de la ropa también importa
No solo los abrigos afectan a la seguridad. Algunos complementos invernales pueden jugar un papel inesperado:
- Bufandas voluminosas: limitan la movilidad del cuello e incluso pueden interferir ligeramente con la zona del cinturón.
- Guantes gruesos: reducen sensibilidad y agarre en el volante.
- Botas muy rígidas: dificultan el tacto con los pedales y pueden hacer que frenemos o aceleremos con menos precisión.
Aunque no existe una normativa que prohíba este tipo de prendas, sí puede haber consecuencias en caso de siniestro si se demuestra que impidieron manejar el vehículo con soltura.
Cómo viajar abrigado sin comprometer la seguridad
El consejo más extendido entre los especialistas es sencillo: entra al coche con la chaqueta puesta, pero quítatela o ábrela antes de ponerte el cinturón. Con esto basta para que la banda ventral quede ajustada al cuerpo.
En los vehículos diésel o gasolina, contar con una calefacción estacionaria es la solución más rápida para entrar en un habitáculo ya templado. Y en los eléctricos, la función de preclimatización permite calentar el interior antes de arrancar sin perder autonomía en marcha.
Si aun así se prefiere mantener la chaqueta puesta, hay una opción que mejora bastante la seguridad: abrochar el cinturón directamente sobre el cuerpo y colocar después la prenda por encima, sin que quede atrapada entre ambos.
Síguenos en redes sociales
Síguenos en nuestras redes X, Facebook, TikTok e Instagram, o en nuestro canal de YouTube donde te ofrecemos contenidos exclusivos. Y si te apuntas a nuestra Newsletter recibirás las noticias más destacadas del motor.
Recibe nuestras noticias más recientes en tu correo
Te enviamos nuestra Newsletter cada semana con contenido destacado



