Hace más de 30 años llegó a Europa el Kia Sportage, una de los primeros intentos de SUV que más tarde nos inundarían. Y bueno, en una época en la que las marcas coreanas se abrían paso en nuestro continente, no es que fuese una maravilla de coche. Sin embargo, las firmas coreanas, particularmente Hyundai y Kia, han evolucionado tanto que ahora ofrecen productos muy competitivos.
Dicho lo cual, esta generación del que es comercialmente el modelo más importante de Kia acaba de recibir un restyling escueto pero rico. Estéticamente lo más novedoso en un frontal totalmente renovado y más en la línea de los últimos productos eléctricos de la marca. Pero tranqui, que el Sportage no es eléctrico.
También hay un par de colores nuevos para la carrocería, nuevos diseños de llantas y una rediseñada firma lumínica en los pilotos traseros. Dentro, encontramos un nuevo volante de dos radios y la buena noticia de que se han eliminado los guarnecidos de color negro piano, que resultan incómodos por el brillo que producen, aparte de ensuciarse con mirarlos. Ah y hay una evolución en el software multimedia.
Así es su renovada gama
Bastante nutrida, aunque para mí tiene un fallo importante que ahora te explico. Hay un motor 1.6 T-GDI de gasolina con 150 ó 180 CV y sin electrificación alguna, es decir, con etiqueta C. El primero será, según la marca, muy demandado. El segundo queda reservado para quienes quieren un Sportage con tracción total y cambio automático, que es la única forma en la que existe.

Luego está el Sportage 1.6 CRDi MHEV de 136 CV y es aquí donde yo veo el error. Este diésel es mucho más caro que el de gasolina (nada menos que 9.150 euros más), debido en parte a que no está disponible con el acabado de acceso Concept.
Yo sí que le habría asociado a esta terminación más económica porque, en un coche como el Sportage, un motor diésel y encima microhibridado tiene gran sentido si el precio es contenido. Pero, según estimaciones de la marca, la versión diésel no copará más del 5% de las ventas.

El Sportage HEV es el híbrido no enchufable, que combina el motor 1.6 TGDI de 180 CV con un propulsor eléctrico de 65 CV dando un total de 239 CV. Es automático de convertidor de par y lo puedes elegir con tracción delantera o total. Será el superventas dentro de la gama Sportage, según cree la marca. Seguramente sea así. Ah, y dentro de un mes llegará una versión híbrida enchufable.
Así va el nuevo Kia Sportage
Es uno de esos coches a los que le encuentras lógica y sentido desde el primer momento. Tiene unas dimensiones compactas (4,54 metros de largo), muy buenas plazas traseras, un gran maletero de 587 litros de capacidad, una ejemplar ergonomía en su salpicadero y más que correctas calidades.

Para colmo, va muy bien. En esta versión híbrida que estamos probando se siente cómodo, aplomado y fácil de llevar. No suena mucho, corre bastante y en la práctica puedes llevarlo en consumos que ronden los 6,5 L/100 km, no mucho más de lo oficial.
Y hay buen tacto en todos los mandos, como en el volante y en los pedales, donde el freno es preciso de dosificar a pesar de la electrificación que le acompaña. La transmisión de convertidor de par es mucho más agradable de usar que una de variador continuo y eso es una aportación crucial para que, sobre todo en largas distancias, al Sportage le puedas encontrar menos pegas.

Sin duda alguna es un coche que yo recomendaría a ese modelo de familia de mediana edad con dos adolescentes que se van pegando en las plazas traseras. Es un coche lógico, bien hecho y que carece de cualquier cosa por la que pueda considerarse una mala decisión de compra.
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