TT - Aventura en Oriente

Rally Transorientale.

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Autofacil
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Así que nos apuntamos al primer Rally Transorientale con la intención de vivir una nueva aventura. Como aquellos primeros participantes del Dakar, nuestra intención era simplemente disfrutar de las emociones de lo desconocido.

Tanta era nuestra ilusión cuando lo contábamos, que otros amigos, Alfredo, Miguel y Guillermo, se sumaron a la aventura y tuvimos que conseguir otro camión. Y también se unieron Joaquín, Toni y Emilio, que se apuntaron con un vehículo de asistencia. Preparativos, buscar patrocinadores y terminar de perfilar todos los detalles no fue fácil.

Pero ya estamos aquí, en San Petersburgo. Hemos superado la tensión de las verificaciones (realmente minuciosas) y para relajarnos vamos a visitar la ciudad, mezcla de París y Venecia.

Tras el turismo, comienza la aventura.

Lo primero que nos llama la atención es que esta parte de Rusia parece anclada en el tiempo: recorremos cientos de kilómetros donde los bosques lo dominan todo. Las horas en el camión van cayendo lentamente, siempre da la sensación de que el campamento sigue tan lejos como al principio de la jornada.

Y cuando por fin llegamos al vivaque, es continuo el ir y venir de gente con ruidos de motores y grupos electrógenos a pleno rendimiento. Así que, una vez puesto todo lo nuestro en orden, caemos rendidos y el jaleo ni nos inmuta. Mejor; así aprovecharemos las cuatro horas que, como máximo, podremos dormir.

¿Qué es el transorientale?

Se trata de un rally raid que partió el 12 de junio de 2008 de San Petersburgo (Rusia) para llegar el 28 del mismo mes a Pekín (China).

Los vehículos que pueden participar son motos, quads, coches y camiones 4×4 ó 6×6.

La distancia total recorrida fue de 10.724 km, de los cuales 3.713 fueron especiales cronometradas.

La carrera constó de 16 etapas (más una de descanso) y atravesó tres países: Rusia, Kazajastán y China.

El coste de participación oscila entre los 19.000 euros para un piloto de moto y los 60.000 para un camión y sus tres tripulantes.

Se puede participar en cuatro modalidades distintas de carrerra: rally marathon, asistencia, regularidad o relais (tres pilotos para una moto) y discovery (turismo).

La dirección deportiva es responsabilidad de René Metge, piloto francés tres veces ganador del Dakar y director deportivo de la misma carrera en los 80.

Más información en www.transorientale.com

Entre bosques y pistas de arena

Tras una primera etapa divertida entre bosques y por pistas de arena, nos preparamos para la segunda, pero el Kamaz de Kabirov ha roto un puente de madera, bloqueando el paso de los participantes. La organización, después de un pequeño caos, no tiene más remedio que anular parte del tramo cronometrado.

Por la noche acampamos en un barrizal digno de mención y, por si fuera poco, está lloviendo. Esto complica hasta las tareas más sencillas, como desplazarse a la tienda de restauración, revisar los vehículos, transmitir datos a nuestra página web…

La tercera etapa se ha anulado; el barro ha impedido que el vehículo de la organización que abre el recorrido complete el trazado: un fiasco que el sol y la posibilidad de recorrer más despacio este inmenso país y convivir con sus gentes nos compensa. Aquí, en la Rusia profunda, la comunicación es muy difícil: no entendemos ni nos entienden nada de nada. La buena voluntad y las señas sólo sirven para repostar gasóleo o comer algo en los escasos locales que encontramos.

El apoyo de las autoridades locales es total. Hoy se han desplazado varios grupos folklóricos para actuar en el briefing y en cada cuidad o pueblo que pasamos la gente nos saluda efusivamente. También se nos acercan, pero con «mala leche», los mosquitos; por la noche se meten en nuestro dormitorio (la caja del camión) y nos comen vivos.

Aunque nosotros hemos venido a superar un reto, que, como para la mayoría de participantes, es llegar a Pekín, lo cierto es que la sensación de estar en carrera es sencillamente genial: el comisario deportivo marca el 5, 4, 3, 2, 1… y tomamos la salida con muchas ganas. Y encima sin la presión de tener que conseguir un resultado. Esto nos permite detenernos para ayudar a los moteros, para desatascar coches… e incluso camiones, que aquí nadie se libra; en definitiva, parar para vivir esta aventura de la Transorientale.

Tristeza en los urales

Y entre etapa y etapa, llegamos a Los Urales. Pensábamos que eran una gran cordillera de altas montañas, pero no. Al menos por donde los atravesamos nosotros. Nunca los olvidaremos; además de por sus espectaculares paisajes, por sus trampas de barro y numerosos ríos que debimos vadear. Pero, sobre todo, por la trágica muerte de un piloto chino provocada por la rotura de una eslinga. Esto nos dejó a todos, además de tristes, completamente descolocados.

Asia o la parte este de Los Urales supone un cambio radical. En unos kilómetros pasamos de los bosques y las verdes praderas rusas a las duras estepas de Kazajastán. Sus gentes se acercan curiosas al bullicio que genera la prueba. Lo más llamativo y divertido es que hablan y hablan con nosotros sin parar… como si los entendiéramos.

En esta zona, la falta de combustible para las motos ha retrasado la salida. Nosotros también hemos tenido problemas para conseguir los 650 litros que carga cada camión. Pero eso son minucias en una aventura en la que el fallecimiento de un motorista atropellado por un camión sí supone un auténtico disgusto. Una vez más, la tristeza ha invadido toda la caravana que formamos este raid.

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Descender desde una altura similar a la de un sexto piso con una pendiente de 50º corta la respiración. Es lo que ofrece el desierto de Gobi.

En Astana, la capital de Kazajastán, tuvimos tiempo de darnos un paseo y ver cómo se crea una ciudad a base de petrodólares.

El GPS que usamos, exclusivo para este raid, requiere un perido de adaptación.

En la soledad del desierto, el fuego aporta mucho más que calor térmico.

Para no perdernos en desiertos y bosques, por la noche nos estudiábamos el road book al milímetro.

Aunque Kazajastán es un país productor de petróleo, no nos fue fácil repostar.

Llegar a San Petersburgo y volver desde Pekín fue otra aventura, esta vez en barco.

Por la noche, el ritmo era frenético para mantener los vehículos listos para la etapa siguiente.

Pero la vida sigue.

Avanzar hacia el este nos obliga a corregir la hora, y esto quiere decir que el día es más corto. Conclusión, menos tiempo para dormir. El cansancio propio de la prueba tiene un inesperado e incómodo aliado. Tras siete días de prueba, los hay que se quedan dormidos de pie.

La última etapa en Kazajastán nos lleva por una zona montañosa muy de agradecer después de varios miles de kilómetros de estepa, donde sólo llama la atención la capital del país, Astana, una ciudad impresionante y enteramente nueva, construida a golpe de petrodólar.

Nos entregan el carnet de conducir chino

La entrada en China no puede ser más espectacular. Y no lo decimos por sus edificios, que lo son, sino por el despliegue de personal de servicio, intérpretes, militares… incluso nos entregaron a cada uno un libro de usos y costumbres del país y nos proporcionaron un carné de conducir en chino.

Un recuerdo único.

Nos encontramos en Urumqui, la ciudad más alejada del mar del mundo, la costa más cercana la encontramos a 2.500 kilómetros. La gente nos saluda al paso con entusiasmo… ¡Aquí sí que hay gente!

La especial ha sido corta para reagrupar al rally tras el paso de la frontera. Tenemos un primer contacto con el desierto de Gobi: impresionante, divertido, especial… Una maravilla.

La jornada de descanso debería servir para recuperar fuerzas.

Sin embargo, el trabajo de mantenimiento de los vehículos, unido al sofocante calor que nos envuelve, nos deja destrozados. Al menos nos hemos duchado en un hotel de la ciudad de Turfán; es una agradable sensación que echábamos de menos.

Poco a poco vamos siendo menos en la línea de salida. La prueba, que comenzó muy suave, a pesar del alto kilometraje que aportan los tramos de enlace, diezma cada día la comitiva del raid. Además, el Gobi es duro, tan sólo hoy han volcado cuatro camiones y varios coches. Y en la depresión de Turfán, con zonas por debajo del nivel del mar, nos somete a temperaturas extremas.

MOTORSPORT/TRANSORIENTALE 2008

Victoria de monterde

En lo puramente deportivo, la primera edición del rally se saldó con la victoria del español José Luis Monterde, a los mandos del Buggy Schlesser. El castellonense, que consiguió cuatro triunfos de etapa, dominó la carrera desde el inicio y llegó a Pekín con más de cuatro horas de ventaja sobre el segundo clasificado, el francés André Gibon. En la categoría de camiones, el equipo ProMotor, capitaneado por Pep Vila, logró la segunda posición absoluta con su Mercedes, inmediatamente detrás del holandés Stacey.

Hoy comemos jamón y lomo en el gobi

Hoy, décimo día de la prueba, tenemos fiesta española con el equipo Epsilon. El jamón, el lomo y la sidra que ha traído Antonio sustituyen a la sobria dieta del Transorientale (compuesta por zumo, frutos secos, ensalada, chocolate y queso).

Pero también pasamos apuros… Hay momentos críticos en los que una decisión acertada es la clave para continuar en la competición. Probablemente la etapa 13 ha sido nuestro examen: nos ha llevado un día y medio.

El polvo y las dunas gigantes han provocado un ritmo lentísimo, y pararnos varias horas a rescatar un vehículo medicalizado de la organización y un espectacular buggy americano, nos han dejado a cuatro kilómetros de la pista que nos debía conducir a meta.

La oscuridad de la noche lo cambia todo… es imposible seguir. Acampamos en medio de la nada para descansar unas horas y al alba levantamos el improvisado campamento.

Después de cambiar una rueda pinchada y con un participante que rompió su quad como polizonte, nos lanzamos en busca de la hazaña: llegar a la salida de la etapa 14 antes de que partiera el último participante rodando inmersos en una tormenta de arena fue nuestro aprobado…

Aunque lo logramos por los pelos; 20 minutos más tarde y nos habrían eliminado.

Las dos etapas que quedan no van a ser fáciles, sobre todo la última, con más de 1.000 dunas. Las superamos todas… podemos decir que somos licenciados en dunas. Y lo mejor de todo es que hemos llegado a Pekín. Lo hemos conseguido y además vamos a vivir la experiencia de salir en convoy con destino a «La Gran Muralla», excepcional punto final para la prueba más larga del mundo, el Transorientale.

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Desde nuestro camión, en lo alto de las dunas de Gobi veíamos los vehículos minúsculos.Tras ayudar a este equipo holandés, nos recompensaron con bebidas frías hasta el final.

Nuestros compañeros del vehículo de asistencia nos facilitaron mucho la logística. Toda Rusia es un paraíso para los amantes del off road. Nosotros lo pudimos comprobar.

La vida del deshabitado desierto de Turfán se concentra en pequeños oasis y remansos de agua.

La dificultad de la prueba dejó en la cuneta a más del 50% de los inscritos. Sabíamos que llegar a Pekín iba a ser difícil, pero no tanto.Objetivo logrado: llegamos a la Gran Muralla China.

El paso de algunos ríos, sobre todo en los Urales, requirió la cooperación de todos.

Antecedentes más de un siglo de carreras

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Desde 1986, la obsesión de René Metge ha sido crear una carrera que llegara a China desde Occidente, a la inversa de lo que en 1907 realizaron el príncipe Scipione Borghese y sus compañeros del Rally Pekín-París. Este objetivo lo consiguió en 1992 con la celebración del raid París-Moscú-Pekín y, posteriormente, sus Master Rally o Rally de Oriente han visitado lugares como Rusia, Turquía, Siria, Jordania o Mongolia, entre otros.

Con un cariz menos competitivo tuvieron lugar sendos rallies de clásicos conmemorativos del París-Pekín, uno en 1997 y otro en 2007.

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