téEl testigo del aceite del cuadro de instrumentos es un testigo que suele encenderse en el momento de conectar la puesta en marcha, pero normalmente se apaga a continuación. El motivo es sencillo: cuando vamos a arrancar el motor, la presión en el circuito de aceite es cero porque la bomba no funciona hasta que se pone en marcha.
Por eso, en cuanto se pone en marcha, se recupera la presión y el testigo se apaga. Ahora bien, ¿qué ocurre si, pasados unos segundos, no se apaga el testigo rojo o si se enciende el amarillo?
En primer lugar, debemos diferencia entre testigo amarillo y testigo rojo. El testigo amarillo indica que el nivel de aceite está bajo. No es grave y puedes continuar la marcha, pero debes reponer aceite en cuanto puedas.
Sin embargo, el testigo rojo indica que no hay presión de aceite suficiente, bien por una avería en la bomba o por falta del propio aceite en el circuito. Si se enciende el testigo rojo, debemos parar inmediatamente el motor, siempre después de haber sacado el coche a un lugar seguro de la vía.
Una vez detenido, bájate y observa si ves alguna fuga de aceite, ya sea en el vano motor o en el propio suelo. Si no ves ninguna, mira el nivel del aceite. En caso de que esté a su nivel, lo más probable es que haya una avería en la bomba de aceite o en alguna otra parte del circuito de lubricación, así que no te queda más remedio que llamar a la grúa.
Si, por el contrario, el nivel está por debajo del mínimo y tienes aceite, puedes probar a reponer el aceite que falte y, después, probar a arrancar y ver si se ha apagado el testigo. En caso de que se haya apagado, podrás continuar, vigilando mucho si se vuelve a encender.

¿Cómo se repone el aceite?
Ve al vano motor y busca el tapón del aceite. El coche debe estar en un lugar llano y siempre con el motor parado. Pasados unos minutos, saca la varilla y mira el nivel. Debe estar entre el máximo y el mínimo. Ni por encima (puedes provocar una sobrepresión en el circuito, y eso podría averiar también el motor) ni por debajo.
Ten en cuenta que un motor normal lleva entre cuatro y cinco litros de aceite, de manera que ve echando unos 200 ml antes de revisar de nuevo con la varilla cómo va subiendo el nivel. Antes de cada medición, espera un par de minutos para dejar que el aceite llegue hasta el cárter. De lo contrario, siempre medirás de menos.
¿Qué tipo de aceite puedo echar?
Lo primero que debes hacer es consultar el manual del vehículo y verificar el tipo de aceite que recomienda el fabricante (por ejemplo, 5W30 sintético, 10W40 semisintético, etc.). Si tienes la última factura de la revisión, mejor: ahí sabrás exactamente qué aceite le han echado.
Es muy importante que no mezcles las viscosidades por ejemplo, si llevas un 0W30, no eches un 10W40, y también es importante comprobar si llevas un aceite de tipo low saps, por ejemplo, para los coches con filtro de partículas.
Además, es importante que observes si el aceite que lleva tu motor tiene alguna norma específica indicada por el fabricante, como por ejemplo VW 504.00 (en Volkswagen), BMW LL-01 (en BMW), etc.
Si no tienes el manual a mano, puedes usar una aplicación de recomendación de lubricantes, como Castrol Lubricant Finder, Repsol Lubricantes, TotalEnergies Lub Advisor o Shell LubeMatch.
En caso de emergencia, puedes usar un aceite de viscosidad intermedia y calidad sintética universal (por ejemplo, 5W30 o 5W40), pero sólo como solución temporal. Cambia el aceite cuanto antes por el correcto si has usado uno no específico.
¿Es normal que mi coche consuma aceite?
Depende del motor y del tipo de aceite. Por norma general, las marcas indican que es normal que un motor pueda consumir incluso hasta un litro cada 1.000–1.500 km. Eso es mucho. Lo normal es que no haya que rellenar.
Sin embargo, hay muchos motores que emplean aceites muy poco viscosos. Eso mejora la capacidad de lubricación, pero también facilita que el motor consuma un poco de aceite. Por eso, se puede dar como normal que un motor gaste un poco de aceite, incluso que haya que rellenar una vez entre revisión y revisión.
Sin embargo, si el consumo es repentino, excesivo, o se acompaña de humo azul, puede haber un problema: juntas de válvula defectuosas, segmentos desgastados o fugas externas. En este caso, conviene llevar el coche a revisar cuanto antes.
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