Que un coche sea fiable es uno de los aspectos más valorados por los conductores, especialmente cuando se trata de elegir un motor que dure muchos años sin dar problemas.
Sin embargo, en un mercado tan amplio y diverso como el actual, donde conviven mecánicas tradicionales y tecnologías de propulsión cada vez más sofisticadas, responder a la pregunta de cuál es el motor más fiable no es tan sencillo como podría parecer.
Gasolina, diésel, atmosféricos, turboalimentados, híbridos de diferentes tipos y eléctricos tienen ventajas y desventajas. A continuación, analizamos en detalle cada una de estas opciones para ayudarte a tomar la mejor decisión posible.
Durante décadas, los motores de gasolina atmosféricos han sido sinónimo de sencillez mecánica. Su diseño es menos complejo que el de los motores turboalimentados, lo que, en principio, reduce el número de elementos susceptibles de avería. Además, requieren un mantenimiento menos exigente.
Son especialmente valorados en coches japoneses como los de Honda o Toyota, marcas que han demostrado una enorme fiabilidad a largo plazo con este tipo de motores. Sin embargo, el problema de los atmosféricos es que, en comparación con otras alternativas, resultan menos eficientes y ofrecen menos prestaciones a igual cilindrada, algo que ha limitado su presencia en el mercado actual, donde las normativas de emisiones son cada vez más estrictas.
La moda de los turbo
Por eso, los motores turboalimentados de gasolina han ganado terreno en las últimas décadas. Su principal ventaja radica en que permiten obtener más potencia con menor cilindrada. Y eso, sobre el papel, mejora la eficiencia. No obstante, la sobrealimentación implica una mayor carga térmica y mecánica, y añade componentes como el propio turbo que pueden fallar con el tiempo. También son más sensibles al tipo de aceite, al uso urbano frecuente y a los hábitos del conductor.
Un motor turbo exige un mantenimiento más riguroso: cambios de aceite frecuentes, tiempos de enfriamiento tras un uso intenso, y especial atención al estado del sistema de admisión y escape. Si se cuidan bien, pueden durar mucho, pero en general se consideran menos fiables a largo plazo que los atmosféricos, sobre todo en versiones muy ‘apretadas’.

Los motores diésel, por su parte, tienen fama de aguantar muchos kilómetros. Esto es cierto en parte: su construcción suele ser más robusta, ya que deben soportar mayores presiones internas. Muchos motores diésel de generaciones anteriores han demostrado poder superar los 300.000 kilómetros sin grandes problemas, siempre que hayan sido bien mantenidos.
Sin embargo, los diésel modernos incorporan numerosos sistemas anticontaminación como el filtro de partículas, la válvula EGR o el sistema AdBlue, que pueden averiarse con el tiempo, especialmente si se usa el coche mayoritariamente en ciudad. A esto se suman los problemas que pueden surgir con el sistema de inyección o los turbos de geometría variable, que son caros de reparar.
Qué pasa con los híbridos
En los últimos años, los motores híbridos han cobrado protagonismo, especialmente por su bajo consumo urbano y su suavidad de funcionamiento. Dentro de esta categoría hay que diferenciar varios tipos. Los híbridos “convencionales”, como los que ofrece Toyota en la mayoría de sus modelos, combinan un motor de gasolina con uno o varios motores eléctricos.
Estos sistemas se caracterizan por su robustez y simplicidad relativa, ya que prescinden de componentes mecánicos como el embrague o el alternador, y gestionan el cambio de forma electrónica, lo que reduce el desgaste. Además, al funcionar muchas veces en modo eléctrico en ciudad, reducen el estrés mecánico del motor de combustión. Todo esto se traduce en una gran fiabilidad: de hecho, los híbridos de Toyota están entre los coches con menos averías del mercado según múltiples estudios de calidad.
¿Es fiable un híbrido enchufable?
Un escalón más arriba en complejidad se sitúan los híbridos enchufables. Estos vehículos permiten recorrer entre 40 y 100 kilómetros en modo eléctrico gracias a una batería de mayor capacidad que debe recargarse externamente.
A nivel técnico, combinan un sistema híbrido completo con una arquitectura eléctrica más compleja, lo que incrementa el número de componentes susceptibles de fallo: cargadores, conectores, sistemas de refrigeración de la batería o el software de gestión energética.
Aunque muchos fabricantes han conseguido buenos niveles de fiabilidad, es importante tener en cuenta que estas mecánicas dependen mucho del uso: si el usuario no recarga la batería con frecuencia y utiliza mayormente el motor térmico, puede acabar forzando su funcionamiento, ya que está diseñado para trabajar en combinación con el motor eléctrico. Por tanto, su fiabilidad depende en gran medida de que se utilicen como fueron concebidos.

Los microhíbridos o sistemas mild hybrid suponen una solución intermedia. Utilizan una batería pequeña (de 12, 24 o 48 voltios) y un alternador reversible que apoya al motor térmico en fases de aceleración y arranque, pero no permiten circular en modo eléctrico. Su objetivo principal es reducir emisiones y mejorar el consumo sin alterar en exceso el diseño tradicional del motor.
En general, estos sistemas no suponen un gran riesgo para la fiabilidad, ya que añaden pocos componentes nuevos, y los que incorporan no están sometidos a un esfuerzo extremo. Sin embargo, al estar todavía en expansión, no hay tantos datos a largo plazo como para afirmar con rotundidad que su fiabilidad está plenamente garantizada, aunque los indicios son positivos.
Los motores eléctricos son fiables, pero las baterías…
Por último, los coches eléctricos representan un cambio radical respecto a todo lo anterior. La gran baza de los motores eléctricos es su simplicidad: tienen menos piezas móviles, apenas requieren mantenimiento, no hay caja de cambios tradicional, ni embrague, ni sistema de escape, ni inyección de combustible.
Esto, en teoría, los convierte en los más fiables del mercado. Y en muchos casos, así es. Tesla, por ejemplo, ha tenido ciertos problemas de ajuste o electrónica, pero sus motores eléctricos raramente fallan. Otros fabricantes como BMW, Hyundai o Kia están demostrando que un eléctrico bien diseñado puede superar los 200.000 km sin apenas desgaste mecánico.
No obstante, el punto crítico de un coche eléctrico es la batería. Aunque están diseñadas para durar entre ocho y 15 años, su degradación depende de múltiples factores: ciclos de carga, temperaturas extremas, velocidad de recarga, etc. Sustituir una batería puede ser muy caro, lo que afecta al coste total de propiedad y a la percepción de fiabilidad a largo plazo.
En definitiva, si lo que se busca es la máxima fiabilidad mecánica pura y dura, los motores de gasolina atmosféricos y los híbridos convencionales son, a día de hoy, las opciones más seguras. Tampoco son mala opción los microhíbridos y los híbridos enchufables. Los eléctricos también son muy fiables si se tiene en cuenta la batería como elemento clave. Los motores turbo, tanto de gasolina como diésel, pueden ofrecer buenos resultados, pero requieren más cuidados y son más sensibles al uso intensivo o urbano.
Como siempre, más allá del tipo de motor, una parte clave de la fiabilidad reside en el mantenimiento, en el estilo de conducción y en utilizar el coche para lo que realmente ha sido diseñado.
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