Con el calor, muchos conductores se preguntan si sus neumáticos pueden verse comprometidos en plena carretera. No es una duda menor: el neumático es el único punto de contacto entre el coche y el asfalto, y su estado determina en gran parte la seguridad al volante. Pero, ¿realmente puede llegar a explotar un neumático solo por efecto de las altas temperaturas?
El efecto del calor en los neumáticos
El aire que infla un neumático está compuesto principalmente por oxígeno y nitrógeno. Como cualquier gas, cuando sube la temperatura, aumenta su presión. Esto significa que, en verano, un neumático que ya estaba inflado correctamente puede alcanzar valores de presión más altos tras rodar varios kilómetros con el asfalto caliente.
Esto no supone un problema si el neumático está en buen estado y bien inflado, pero puede ser peligroso cuando existen daños previos o una presión incorrecta.

¿Qué dice la física sobre el reventón?
No se trata de que el neumático “explote” por el calor como lo haría un globo bajo el sol. Lo que ocurre es que la combinación de una presión interna elevada y un desgaste o daño previo debilita su estructura hasta que no puede resistir más. El resultado puede ser una pérdida súbita de aire o, en los casos más extremos, un reventón.
Este riesgo se multiplica si el vehículo circula a altas velocidades, ya que la fricción con el asfalto eleva todavía más la temperatura del caucho. En viajes largos de verano, sobre todo en autopistas, es habitual que los neumáticos alcancen temperaturas de hasta 60 ºC.
Subinflado: el verdadero enemigo
Un error común es pensar que rellenar con menos aire al calentar el neumático evita problemas. Pero ocurre todo lo contrario: al rodar con poca presión, la flexión excesiva del flanco genera calor y fatiga estructural, debilitándolo hasta que puede producirse una burbuja, deformación o incluso un reventón lateral.
De hecho, expertos en seguridad vial recuerdan que es más seguro llevar una ligera sobrepresión que circular con presión baja.

Cómo reducir el riesgo en verano
Aunque el calor es un factor de riesgo, la buena noticia es que la mayoría de reventones se pueden evitar con un mantenimiento correcto. Los expertos en neumáticos recomiendan:
- Revisar la presión cada dos o tres semanas. Siempre en frío, antes de iniciar la marcha.
- No sobrecargar el vehículo. El exceso de peso aumenta la presión y la temperatura.
- Vigilar el desgaste. La profundidad mínima legal es de 1,6 mm, pero lo recomendable es cambiar los neumáticos a partir de 3 mm.
- Comprobar posibles daños. Bordillazos, cortes o deformaciones pueden convertirse en un punto débil cuando sube la presión.
- Hacer paradas en viajes largos. Descansar cada dos horas no solo es bueno para el conductor, también ayuda a que los neumáticos se enfríen.
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