Por la ribera segoviana

Ruta por tierras del Polendos. Bandoleros, huevos fritos y una cigüeña en cada iglesia

25 Ruta por tierras del Polendos. Bandoleros, huevos fritos y una cigüeña en cada iglesia
Fotos: Ruta por tierras del Polendos
Pedro Madera
Pedro Madera

Digan lo que digan en Segovia hay estaciones. Pueblos, ríos, árboles y pájaros respetan el ritmo anual de la vida y eso se agradece. En primavera el bosque de ribera ofrece un complemento bellísimo, pero en otoño ya es un escándalo.


Por eso, se agradece saber parar en las tierras del Polendos. En Cabañas de Polendos siempre han hecho parada los arrieros y los viajantes en su camino entre Segovia, Turégano y Sepúlveda. Conviene seguir haciéndolo porque las buenas costumbres no hay que abandonarlas.

Las ventas han recuperado su poder como nuevos bares de carretera. Son un merecido homenaje a los tratantes y pastores que daban vida a los caminos. Hoy las cosas han cambiado, pero todavía se ofrece la comida más básica y sabrosa: huevos fritos con chorizo y lomo, un acto revolucionario en una tierra en la que los visitantes creen que sólo se come lechazo y lechón. Después de degustar este manjar modesto pero exquisito y con la energía bien agarrada al riñón se puede continuar camino.

Si es el primer fin de semana de mes convendría visitar a los artesanos locales que ese día hacen jornada de puertas abiertas. Son once artesanos dedicados a la alfarería, el textil, la madera, el vidrio, etc., que unidos a los que han rehabilitado la fragua de Mata de Quintanar ofrecen una saludable revitalización de la zona.

Venta de Pinillos

Un desvío conduce a Peñarrubias de Pirón. Si la carretera hasta ahora atravesaba soledades ahora parece que ya viajamos por un paisaje de otro tiempo. Al ser una carretera sin salida, de las que no sirven de paso hacia ninguna parte, hay aquí unos valles poco transitados por donde es posible conducir muy lentamente disfrutando del poco tráfico y, llegado el momento, aparcar y ponerse a caminar. Una ermita se recorta sobre el horizonte y al otro lado los conductores demuestran sus habilidades con los nuevos tractores que demuestra lo sofisticada que puede ser la arquitectura.

Los ríos Pirón y Viejo han excavado, en este terreno calizo, unos cañones de dimensiones reducidas pero muy sugestivos y donde abundan los lugares para entretenerse. Se puede caminar hasta el molino de Covatillas y luego seguir en busca de puentes, ermitas y fuentes. Dos de los destinos más apreciados por los caminantes son las cuevas de la Vaquera y de la Mora.

Ruta Clint Eastwood en una Volkswagen Multivan

En la cueva de la Vaquera los arqueólogos han encontrado importantes restos del pasado. Para hacer una visita completa del interior hay que ir con guías y equipo especializado que ofrecen algunas empresas que organizan excursiones por la comarca. De la cueva de la Vaquera se dice que era el refugio del Tuerto Pirón, el bandolero más afamado y asilvestrado que han dado las tierras segovianas. De él se cuentan hechos y leyendas, desde que era un sanguinario salteador de caminos a que en realidad era una especie de Robin Hood. El caso es que los viajeros que en la segunda mitad del XIX transitaban por esta comarca debían de tener cuidado de no toparse con su cuadrilla.

Cueva de la Vaquera

Ya sea para evitar las angustias de encontrarse con un bandolero o simplemente para buscar historias curiosas, tal vez se pueda hacer un pequeño desvío hacia Escalona del Prado para averiguar por qué se guarda allí una copia legítima y certificada de la Sábana Santa de Turín, tan importante que se expuso en las Edades del Hombre de Segovia de 2003. Está ahí desde el siglo XVII, la misma época en que se inició la famosa subasta de rosquillas de sus fiestas patronales. No se conoce relación directa entre la Sábana y las rosquillas.

Estas tierras que se abren a la llanada mesetaria son propicias a la búsqueda de la historia, y en lugares como Escarabajosa de Cabezas y en Roda de Eresma se han encontrado necrópolis y villas con mosaicos romanos. En el Aula Arqueológica de Aguilafuente se muestran mosaicos y otros objetos descubiertos en una villa romana. Se hace evidente lo obvio: la Segovia del acueducto era el centro de una gran población en la época imperial, y estas tierras que recorremos ahora guardan los recuerdos de esos tiempos remotos.

Aquí se habla de historia pero también de comida. En algún momento aparece el cartel que indica el camino a Cantimpalos, nombre que es casi sinónimo de la industria chacinera, sobre todo por sus famosos chorizos. O el de Valseca, famoso por sus garbanzos. En estos parajes poco transitados de Segovia hay mucho que ver y comer, y no necesariamente esos dos famosos platos de los que siempre se habla sobre Segovia.

Mapa de la ruta

A pesar de la cercanía a Segovia, los pueblos de esta ruta guardan ese encanto de las cosas auténticas. Toda la ruta del Rio Polendos es perfecta para hacer andando y la zona de Yanguas de Eresma cuenta con una Via Verde. Fin de semana perfecto!

 

 

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