Sociedades geográficas: exploración y viajes

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Sociedades geográficas: exploración y viajes
Sol Alonso
Sol Alonso
Penúltimos románticos. Aventureros que aun sienten un cosquilleo en la barriga cuando descubren algo insospechado o diferente. Observadores curiosos, capaces de sorprenderse ante cosas y costumbres nuevas. Espíritus inquietos, dispuestos a llegar un poco más allá venciendo el miedo a lo desconocido. Admiradores de las fuerzas de la naturaleza... Si te identificas con cualquiera de estos caracteres, las Sociedades Geográficas tienen un hueco para ti.


Aunque el mundo se nos haga cada día más pequeño, explorar cielo y tierra, mares y montañas, ríos, polos y desiertos, cruzar fronteras, son aventuras que generan sensaciones más allá de la emoción.
La natural inquietud del explorador no solo le lleva a medir sus fuerzas con la misma naturaleza; los avatares del viaje le ponen continuamente a prueba enfrentándolo a situaciones cuya solución requiere ingenio, sabiduría y mucha curiosidad, el mejor método para reducir los márgenes de lo desconocido.
Soñar con otros espacios estimula y aumenta nuestros conocimientos y propicia el contacto humano con otras culturas. Salir victorioso de una aventura, regresar con la experiencia, despierta la necesidad de contarla a los cuatro vientos en busca, por una parte, de reconocimiento y admiración, y también por el puro placer de regalarla en un generoso intento de contagiar ese arrebato. Fomentar ese espíritu en iniciativas para que los jóvenes conozcan la Tierra y aprendan a amarla es uno de los principios de la Sociedad Geográfica Española.

LA SGE SE MUEVE

Viajes y tertulias sobre expediciones realizadas o en preparación, conferencias, seminarios, publicaciones especializadas, una activa web para sus miembros, una revista cuatrimestral.Proyectos de investigación y de exploración y cursos de diferentes disciplinas relacionadas con la geografía y los viajes (ya sea botánica, astronomía, cartografía, orientación o supervivencia). Así de apetecible y apretado es el programa de actividades de la Sociedad Geográfica Española, siempre colaborando estrechamente con otras Sociedades Geográficas de todo el mundo, igual que con asociaciones nacionales e internacionales, de intereses parecidos.  Para saber más sobre actividades y próximos viajes organizados por la SGE: www.sge.org

La SGE nace en 1997 por iniciativa de quince personas. Quince aventureros empeñados en descubrir nuevos ángulos en cada rincón del mundo, pero, sobre todo, ansiosos por compartir esos pequeños tesoros en uno de los mejores impulsos humanos.

«Se trataba de crear un club para hablar de viajes y geografía, difundir el saber científico y la conciencia ecológica», nos cuenta Lola Escudero, geógrafa, especialista en periodismo de viajes y en comunicación de publicaciones del sector, miembro fundador y Secretaria General de la SGE.

Andaban por allí mentes acostumbradas a cumplir sus sueños, gente como Javier Reverte, Manu Leguineche (fallecido en enero de 2014), Pedro Páramo, Cristina Morató, y otros herederos del alma exploratoria que movió desde Marco Polo a Thor Heyerdahl, pasando por el considerado padre de la moderna geografía, Alejandro de Humboldt, o nuestro ocasional vecino de Groenlandia, Ramón Larramendi. La aparición de la SGE tuvo tanta repercusión mediática que enseguida llovieron las solicitudes para formar parte de la joven y dinámica asociación. Hoy, son casi 1.500 socios, con la vida centralizada en Madrid y algunas actividades que van surgiendo en Barcelona. «Nacimos y mantenemos un espíritu muy divulgativo. En la línea del National Geographic», apunta Lola escudero.

La SGE funciona como una red social mucho antes de que éstas invadieran nuestras vidas. Es el lugar de encuentro donde Juan Luis Arsuaga relata su romance con la antropología o José Manuel Galán el suyo con los tesoros egipcios; Paco Nadal vuelve a vivir sus apasionantes jornadas de buceo mientras en la tertulia de Eloísa Gómez-Lucena se descubren esas ´Españolas del nuevo mundo´, auténtica multitud de viajeras intrépidas que partieron durante los dos primeros siglos de la colonización americana.

mANU lEGUINECHE. eL CAMINO MÁS CORTO

Periodista, escritor y viajero, Manu Leguineche fue uno de los 15 que pusieron en marcha la SGE. De 1965 a 1967 dio vuelta al mundo a bordo de un Toyota.

Recuperar sus nombres, enterrados en la desmemoria o en la desidia de los funcionarios de la época, no es tarea fácil. Se relataban y trascendían, sí, las hazañas de los capitanes en la conquista del nuevo mundo pero en aquél escenario hubo también virreinas y gobernadoras, místicas y letradas, pequeñas empresarias, costureras, criadas, prostitutas, maestras. Y, normalmente, cuando los hombres morían, eran ellas quienes se convertían en improvisadas capitanas, mujeres-soldado y marineras. Éste es sólo un ejemplo de las interesantes historias que se debaten en el ágora de la Sociedad Geográfica Española.

Apetecibles también parecen las salidas al campo guiadas por geógrafos, especialistas en ver el paisaje con ojos diferentes. «Normalmente integramos todo aquello que a primera vista puede pasar desapercibido para el caminante común. Un páramo, a pesar de su sencillez, está plagado de elementos que aportan información. Las líneas que dibujan las montañas nunca son iguales.» Y estas peculiaridades son a veces determinantes: ¿Por qué los territorios son de una forma concreta? ¿A qué se debe que los pueblos se instalen casi siempre en las laderas? ¿Por qué justo ahí ha crecido un olivo? ¿Cómo interactúa el clima con los factores físicos y humanos? La respuesta está en la geografía. ¿Pero qué puede ofrecer la Sociedad Geográfica Española a los usuarios de vehículos todoterreno? Lo primero, compartir el gusto por una forma de viajar mucho más emocionante y aventurera que el desplazarse, sin más. Conducir pensando en que siempre se puede llegar un poquito más allá de donde alcanzan las carreteras. Mantener el espíritu de explorar, de descubrir. «Es fácil que, a quién le guste moverse en un todoterreno, le interesen las sociedades geográficas», concluye Lola Escudero. «En la nuestra, son más que bienvenidos».

MAnuel Iradier, explorador español de fines del s. XIXManuel Iradier y la Sociedad Exploradora

Los últimos años del siglo XIX no son precisamente buenos tiempos para una España exhausta, sin recursos ni ganas de nuevas aventuras tras desmontar su sistema colonial. En medio de esa desolación surge, no obstante, la figura de un curioso aventurero, insólito por su juventud y valentía, decidido a realizar un sueño casi imposible. Manuel Iradier y Bulfy (Vitoria, 1854-Valsaín, 1911) obra el milagro de que Guinea Ecuatorial, ese cuadrado pedacito de territorio en la corva occidental de África, sea durante mucho tiempo (hasta 1968) parte de España. La pasión por los viajes le lleva a fundar con sólo 15 años la ´Sociedad Viajera´, convertida en ´La Exploradora´ tras un encuentro con el periodista y aventurero Henry Morton Stanley, que andaba por nuestro país cubriendo las Guerras Carlistas para el New York Herald. Iradier quería atravesar el continente negro de sur a norte pero Stanley le convenció de empezar con algo menos ambicioso. Así, con apenas veinte años, acompañado de su joven esposa y la hermana de ésta, acometió la exploración de la jungla de Guinea. Su trabajo, detallado en el valioso libro ´África Tropical´, y su empeño personal (no consiguió ayuda de la Sociedad Geográfica de Madrid, creada en 1876) fueron determinantes. Aún hoy es recordado en la antigua colonia como un personaje entrañable, respetuoso con la cultura y las etnias con las que tuvo contacto.