Cada vez hay más modelos con este cambio

¿Cómo hay que conducir un coche con cambio automático? Sigue estos seis consejos básicos

Miguel Tineo
Miguel Tineo
Si nunca has conducido un coche con cambio automático, quizá te surja la duda sobre cómo se conduce. Es bastante más fácil, pero te dejamos algunos consejos.

Cada vez se venden más coches con cambio automático. De hecho, en el caso de los coches eléctricos y los híbridos enchufables, todos son automáticos, y en los híbridos o microhibridados, la inmensa mayoría lo son o, al menos, ofrecen la posibilidad de serlo.

Ahora bien, si nunca has conducido un coche con cambio automático, puede que te plantees la duda sobre cómo se conduce. Lo cierto es que es todavía más fácil que conducir un coche con cambio manual, sin embargo, aquí te damos unas nociones básicas y de dejamos unos consejos para que sepas cómo hacerlo con seguridad:

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Primero: P, D, N y R

En todos los coches automáticos verás que la palanca o el mando que permita seleccionar las marchas tiene estas cuatro letras. La P es de Párking. Si la ponemos, la caja de cambios se quedará bloqueada y el coche no avanzará en ningún sentido. Sólo se puede poner y quitar con el coche parado por completo. Es la que debe dejar puesta cuando te bayas a bajar del coche.

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La D es de Drive, aunque la podemos interpretar como de Directa, y es la que nos sirve para poner las marchas hacia adelante. Sería como poner primera en un coche manual. Una vez seleccionada, basta con soltar el freno (y, en algunos casos, con acelerar suavemente) para que el coche inicie la marcha y vaya cambiando de marchas según lo necesite. Bueno, excepto en los eléctricos, donde la inmensa mayoría sólo tiene una marcha (algún deportivo como el Porsche Taycan tiene dos).

La N es de Neutral, o punto muerto. A diferencia de la P, en este caso no hay ninguna marcha engranada, pero el coche sí se puede mover. Es útil en caso de que haya que remolcar el vehículo, empujarlo si no arranca para moverlo del sitio o para utilizarla en esos lavaderos automáticos en los que te van moviendo el coche.

La R es de Return o Retroceso, o marcha atrás. Funciona exactamente igual que la D, pero hacia atrás. Basta con seleccionarla y soltar el freno, o en algunos casos acelerar levemente, para que el coche comience a retroceder.

Segundo: ¿Y la S y las levas?

En la mayoría de coches con cambio automático, existe una posición de palanca con la S de Sport. Esta posición es como la D, pero con la salvedad de que el cambio tiende a utilizar marchas más cortas y a retrasar el régimen de motor al que cambia a una marcha superior para favorecer las prestaciones. Hay modelos más antiguos en los que la S es un botón y, al pulsarlo, el coche reduce una o dos marchas para ganar más aceleración a la hora de afrontar un adelantamiento, por ejemplo.

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En cuanto a las levas, o también la posición + y – de la palanca, sirven para cambiar de modo manual. No hay que hacer nada más que pulsarlas o mover la palanca en un sentido u otro para que el coche pase a una marcha superior (+) o inferior (-). No es necesario dejar de acelerar cuando lo hacemos, ni pasar por punto muerto ni absolutamente nada.

Existen otras letras que puedes ver en las fotos que acompañan esta noticia, como la B, que se emplea para aumentar la retención cuando se deja de acelerar y así recargar más las baterías de los híbridos, o la L, que se emplean en campo para hacer que la caja utilice también marchas más cortas a la hora de afrontar fuertes subidas a baja velocidad.

Tercero: olvídate del pie izquierdo

En un coche automático sólo hay dos pedales, el del acelerador y el del freno, de manera que podrás olvidarte de jugar con el embrague. Precisamente por eso, hay un consejo muy recomendable para las primeras veces que lleves un coche automático.

Y es que cuando estás acostumbrado a un cambio manual, cuando llegas por ejemplo a un stop o a un semáforo y tengas que detenerte, lo normal es que, instintivamente, tu pie izquierdo se vaya directamente a por el pedal del embrague. Y, como no lo hay pero el pedal del freno de los automáticos es más ancho de lo habitual, es muy probable que lo pises con mucha fuerza y des un frenazo descomunal que puede provocar que te golpee un coche que venga por detrás y no se espere esa reacción. Y créenos: esto pasa.

¿Cómo ponerle solución? Hay diferentes trucos, pero entre todos hay uno que funciona siempre: las primeras veces que lleves un automático, dobla tu pierna izquierda más de lo habitual e incluso llévatela casi debajo del asiento, pues eso hará que el instinto de pisar el embrague desaparezca. Salvo que estés muy acostumbrado a frenar con el pie izquierdo, utiliza siempre el derecho tanto para frenar como para acelerar.

Cuarto: ojo al maniobrar

El hecho de que tú no manejes el embrague y que baste con jugar con la presión sobre el freno para que el coche comience a moverse es muy útil y cómodo a la hora de aparcar en la inmensa mayoría de coches automáticos. Ahora bien, en los automáticos en los que hay que jugar un poco con el acelerador, a veces las reacciones son un tanto bruscas, y las columnas y las paredes no se mueven de forma automática… así que es fácil golpearlas. Por eso, en esos casos, sé especialmente cuidadoso hasta que le cojas el ’tacto’ a la respuesta del acelerador y de la caja.

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Quinto: en carreteras de montaña

En general, puedes moverte el 100% de las ocasiones en D, sin interactuar más con la caja de cambios. Sin embargo, en las carreteras de montaña con muchas curvas, sobre todo en las bajadas, es interesante que optes por la función S, si la tiene, por un modo de conducción S, si o ofrece el coche, o por el manejo manual del cambio.

¿Por qué? Los cambios automáticos están pensados para utilizar marchas más bien largas para reducir consumo. Pero eso, en las bajadas, puede provocar que el coche se ‘lance’ más de la cuenta, de manera qu tendremos que abusar más de los frenos y, además, el coche entrará en las curvas un poco más despendolado.

Dado que el modo S opta por emplear una marcha más corta, y que en el modo manual tu puede seleccionar la marcha en la que quieres ir, es recomendable que ’trabajes’ un poquito en estos casos para no saturar en exceso a los frenos y ganar un poco más de control sobre el vehículo.

Cambio de 8 marchas del Audi Q7

Sexto: mantenimiento

Un cambio automático no lleva el clásico embrague de un coche manual, por lo que no tendrás que sustituirlo (sí, hay cambios automáticos que emplean embragues, pero eso no influye en lo que estamos hablando). Sin embargo, en los automáticos sí suele ser necesario sustituir el aceite de la caja de cambios. Por eso, consulta el libro de mantenimiento de tu coche para saber cuándo hay que hacerlo y no dudes en hacerlo cuando toque.

Es más, si se indica que no es necesario cambiarlo, cámbialo también cada 60.000 kilómetros. Ten en cuenta que es una operación que ronda los 120 euros y es uno de los principales motivos de avería de estas cajas de cambio, cuya reparación no suele bajar de los 3.000 euros.