Esto equivale a un incremento de los vehículos con turbocompresor de un 80 % a nivel global: En 2017, 36 millones de vehículos con motor turbo rodarán por las carreteras del planeta, una cantidad considerable si tenemos en cuenta que en 2011 fueron sólo 20 millones -25 % del total-. La actual normativa de la Unión Europea exige una reducción de emisiones de dióxido de carbono del 30 % entre 2011 y 2020, con lo que espera que las marcas apuesten aún más fuerte por los turbo; algo similar sucede con las normas de consumo recientemente aprobadas por el Departamento de Energía de Estados Unidos -si bien en Norteamérica están menos familiarizados con los turbocompresores que en Europa, ya que en nuestro continente hace mucho que fueron la solución tecnológica para popularizar los diésel-. Los ventas de motores con turbocompresor se triplicarán en Estados Unidos, China y la India de aquí a 2017, mientras que en Europa pasarán de 12,9 millones -67 % del mercado- en 2011 a 17,4 millones -85 %- dentro de un lustro.
Los constructores se inclinan cada vez más por el uso de los turbocompresores gracias al avance de su tecnología. Hasta hace muy poco, temían a los problemas de fiabilidad -consecuencia de la peor refrigeración la inducción forzada…-, pero hoy en día son cosa del pasado. El caso más sonado de apuesta por los turbocompresores es el de Ford, que ha lanzado a nivel mundial su gama EcoBoost -motores turbo de tres y cuatro cilindros-. Por su parte, General Motors aumentará la presencia de los turbo en su gama del actual 7 % a un 10 % en 2013.
El informe es obra de la empresa Honeywell Transportation Systems, que lo presentó en el Salón de París.
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