Neumáticos, aún más importantes en invierno

Así puedes alargar la vida de tus neumáticos (y evitar sustos) cuando llega el frío

La presión, la forma de conducir y pequeños hábitos diarios marcan la diferencia en invierno, una época especialmente crítica para los neumáticos.

Con la bajada de las temperaturas, los neumáticos se convierten en uno de los elementos más determinantes para la seguridad. Sin embargo, también son de los grandes olvidados hasta que aparecen los problemas: desgaste irregular, mayor consumo o pérdida de agarre. Según explica un medio internacional especializado en ensayos y mantenimiento, el frío no solo afecta a la adherencia, sino también a la durabilidad del neumático si no se toman ciertas precauciones.

El frío cambia más cosas de las que parece

Uno de los errores más habituales en invierno es pensar que, si los neumáticos estaban bien en otoño, seguirán estándolo meses después. Nada más lejos de la realidad. La temperatura tiene un efecto directo sobre la presión: por cada descenso de 10 grados, el neumático pierde aproximadamente una décima de bar.

Esto significa que un coche que circula con la presión correcta en octubre puede hacerlo claramente bajo de presión en enero, con consecuencias directas en la estabilidad, la frenada y el consumo. Por eso, los especialistas recomiendan revisar la presión al menos una vez al mes, siempre con los neumáticos en frío, especialmente durante los episodios de heladas.

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Más presión no es sinónimo de más agarre

Existe la creencia de que bajar ligeramente la presión en invierno mejora la tracción sobre nieve o asfalto frío. En la práctica, ocurre justo lo contrario. Un neumático bajo de presión se deforma más de lo debido, pierde eficacia en el apoyo y aumenta la distancia de frenado. Además, se desgasta antes, sobre todo por los flancos.

Mantener la presión indicada por el fabricante, visible en la puerta del conductor o en el manual, sigue siendo la mejor garantía, incluso con neumáticos de invierno. Ni más ni menos.

La conducción también desgasta (y mucho)

Los coches actuales son cada vez más potentes y cuentan con ayudas electrónicas muy eficaces, pero eso no impide que un estilo de conducción brusco acorte la vida de los neumáticos. Aceleraciones fuertes en frío, frenazos innecesarios o arranques agresivos provocan un desgaste prematuro, especialmente en el eje delantero.

En invierno, una conducción suave y anticipativa no solo mejora la seguridad, sino que permite recorrer varios miles de kilómetros más con el mismo juego de neumáticos. Usar el freno motor y anticipar las maniobras marca una diferencia mayor de la que parece.

El reparto del desgaste también importa

Otro aspecto clave es el equilibrio entre ejes. En la mayoría de los coches, los neumáticos delanteros trabajan más y se desgastan antes. Por eso, alternarlos periódicamente ayuda a que el desgaste sea más uniforme y a detectar posibles problemas de alineación o suspensión.

En el caso de los neumáticos de invierno, este cambio suele coincidir con el montaje y desmontaje estacional, una buena oportunidad para revisar su estado real más allá del dibujo.

Guardarlos bien también cuenta

Cuando no están en uso, los neumáticos siguen “vivos”. Un mal almacenamiento, expuestos a la humedad, al sol o a corrientes de aire, acelera el envejecimiento de la goma. Los expertos aconsejan guardarlos en un lugar seco, oscuro y estable, con la presión correcta si van montados en llanta.

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