Territorio Camper sin calendario.

Cádiz, la Costa de la Luz sabe a atún

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Cádiz, la Costa de la Luz sabe a atún
Pedro Madera
Pedro Madera

A la Costa de la Luz se va a disfrutar y a experimentar el término van life. Sentirse nómada no tiene horarios, pero tiene enclaves obligados. Allí el viento ruge con más fuerza. El sol quema. Las olas embisten. Un paraíso para los humanos mitad peces: surferos, kitesurferos, windsurfistas, submarinistas. Aquí la libertad encandila convirtiendo a Cádiz en una nueva brújula vital para muchos. El atún es la excusa que necesita todo foodie que se precie

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En la zona hay empresas como Caracolvan que han sido pioneras en el alquiler de camper y autocaravanas para conocer como es la van life en esta zona gaditana.

Circular por la carretera desde la ciudad más antigua de Occidente dirección Tarifa es revivir aquellos veraneos de seis semanas y amigos de playa. Circular por la N-340 y desviarse hasta los pueblos y las playas de cada uno de los desvíos tiene algo de ritual.

Conil 07

Al oler el mar y saborear el pescaíto frito uno se relaja. Y fantasea con vivir en una de esas casas encaladas en blanco donde el sol se refleja como en ningún otro lugar del mundo. En un sitio como este la vida urbanita pesa, haciendo tangible la alternativa de comenzar una nueva etapa como pescador.

Después, pasear por el casco históricode Conil tras cruzar el Arco de la Villa, la única de las cuatro puertas que componían la muralla, es una experiencia más que recomendable. Por sus 14 kilómetros de litoral los paseos nostálgicos con un sol rojizo al atardecer son un clásico. También las cañas de cerveza en alguno de sus locales a pie de mar.

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Un entramado de caminos y carreteras nos puede dar algunos sustos a la hora de conducir. En lo referente a la pernocta, es muy recomendable seguir las normas, porque las multas son muy frecuentes, sobre todo en los meses de verano. Por suerte hay una oferta generosa que se queda pequeña en los meses de máxima afluencia. Las zonas camper de Chipiona, Caños de Meca, Puerto de Barbate, Tarifa o El Palmar son un referente de este estilo de vida.

Canos Meca 01

Cualquier época del año es buena para continuar hasta Caños de Meca. Incluso en verano, cuando sus alrededores y vida rebosan actividad humana. Fueron los hippies quienes situaron este rinconcito andaluz en el mapa, y su aura se mantiene viva. Todo un lugar de referencia de aquel movimiento tan característico en España…

En sus playas, desde el Cabo Trafalgar, con la torre del siglo XVII desde donde se montaban guardias día y noche por temor a los piratas hasta los acantilados del Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate, los naturistas disfrutan el mar con tan solo la piel como envoltorio.

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Y bajando más al sur, muy cerca de Zahara, aparece Barbate… Donde el viajero vuelve a sucumbir. A la localidad y a los barbateños. Al sol que calienta esta costa. Este es uno de los pueblos del atún de almadraba por excelencia junto con Conil, Tarifa y Zahara de los Atunes. Si optamos por los pueblos del interior, Vejer de la Frontera es el referente y lugar de retiro perfecto para muchos.

En la costa, el arte de pescar los túnidos como lo hicieron los fenicios sigue intacto. Las ventrescas, morrillos y huevas de este pescado que se venden en los pequeños comercios son el mejor souvenir que se puede traer de esta tierra. Y los paladares españoles e internacionales que vienen a hincarle el diente continúan llegando.

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Los no lugareños que ven la vida pasar en los meses de verano en Zahara de los Atunes parece que obtengan algún tipo de comisión de tanto presumirla. Algunos la definen como su rincón espiritual con obligada referencia a los atardeceres. Cuando la marea baja, uno puede danzar con sus pies en la orilla hasta que aparezcan las coquinas.

De nuevo en carretera rumbo Tarifa, en la playa de Los Lances, un poco antes de alcanzarla, los windsurfistas no se pueden contar. Es la meca de estos deportistas en Europa junto a Punta Palomas. Pero seguimos de largo para que la Puerta de Jerez nos dé la bienvenida y alcanzar territorio tarifeño. El ambiente es informal, y el espíritu colorido gracias a las tablas de surf y velas de kitesurf de chicos y chicas. Es habitual que el levante canse a las personas y arruine los planes de playa, pero a las muchas familias bohemias que han encontrado en esta esquina un lugar por el que renunciar al nomadismo no les importa.