Europa es, literalmente, un continente sobre ruedas. Pese a las restricciones al tráfico, las ZBE y el discurso de “menos coche”, los datos demuestran que el automóvil sigue siendo el eje central de la movilidad privada. Según el último informe de ACEA, el parque de turismos en la Unión Europea roza ya los 256 millones de unidades, una cifra que explica por qué moverse por carretera sigue siendo sinónimo de tráfico denso… especialmente en determinados países.
Alemania, el gran garaje europeo
Si hay un país donde el coche lo domina todo, ese es Alemania. Con algo más de 49 millones de turismos en circulación, concentra por sí sola cerca de una quinta parte de todos los coches de la UE. No es solo una cuestión de población o tamaño del país: Alemania mantiene una elevada dependencia del automóvil tanto en desplazamientos diarios como en viajes de larga distancia.
Además, su tasa de motorización supera claramente la media europea. Allí circulan casi 600 coches por cada 1.000 habitantes, una cifra que refleja hasta qué punto el coche sigue siendo imprescindible incluso en un país con una red ferroviaria potente y bien desarrollada.
Muchos coches… y casi uno por persona
Muy cerca de Alemania aparece Italia, que no lidera en volumen total, pero sí en densidad. Es el país con más coches por habitante de toda la Unión Europea, con una proporción que roza el vehículo por persona. Una realidad muy ligada a su estructura urbana, al peso del coche usado y a una movilidad todavía muy poco dependiente del transporte público fuera de las grandes ciudades.
Francia y Reino Unido completan este grupo de gigantes del automóvil. Ambos superan holgadamente los 38 millones de turismos y mantienen tasas de motorización elevadas, aunque algo más contenidas que las de Italia o Alemania. Entre los cuatro países concentran una parte enorme del parque europeo y explican por qué los grandes ejes viarios del continente siguen saturados año tras año.

España: muchos coches, pero sin exagerar
España se mueve en una posición intermedia-alta dentro del mapa europeo. Con algo más de 26 millones de turismos, no alcanza las cifras de los grandes países del centro y norte de Europa, pero sí se mantiene en el grupo de cabeza.
En proporción a la población, el dato encaja bastante bien con la sensación cotidiana de cualquier conductor: hay coches de sobra. La tasa española se sitúa muy cerca de la media de la UE, lo que explica la presión constante sobre las infraestructuras, especialmente en áreas metropolitanas y zonas costeras en temporada alta. A eso se suma un parque envejecido, con una elevada presencia de vehículos de más de diez años, algo que ACEA también señala como uno de los grandes retos a corto plazo.
Menos coches no siempre significa menos dependencia
En el otro extremo del mapa europeo aparecen países con parques mucho más reducidos, generalmente por tamaño o población. Sin embargo, cuando se analiza el número de coches por habitante, el escenario cambia. En países del este de Europa, como Letonia, Rumanía o Hungría, la densidad de vehículos es sensiblemente menor.
No es tanto una cuestión de conciencia ecológica como de poder adquisitivo, antigüedad del parque y una mayor presencia del coche de segunda mano. Son mercados donde el coche sigue siendo necesario, pero no tan accesible como en el centro y sur de Europa.
Europa sigue siendo territorio coche
Si se amplía el foco más allá de los turismos y se suman furgonetas, camiones y autobuses, el resultado es aún más contundente: en Europa circulan ya más de 348 millones de vehículos. Una cifra que ayuda a entender por qué las políticas de movilidad chocan tantas veces con la realidad del día a día del conductor.
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