El París-Dakar de 1988 y la desaparición del Peugeot 405 T16 de Ari Vatanen: ¿robo o estrategia?

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El París-Dakar de 1988 y la desaparición del Peugeot 405 T16 de Ari Vatanen: ¿robo o estrategia?
Nicolás Merino
Nicolás Merino
A pesar de la victoria de Juha Kakkunen, la edición de 1988 del entonces París-Dakar siempre será recordada por la desaparición del Peugeot 405 T16 Grand Raid de Ari Vatanen.

Era el 1 de enero de 1988 y nada menos que 603 inscritos (de ellos 450 para las categorías de coches y camiones) se preparaban para tomar la salida desde Versalles, en Francia. Por delante, nada menos que 12.874 kilómetros en una de las ediciones más sentimentales que se recuerdan; y es que Thierry Sabine, el ideólogo del rally más duro del mundo, había muerto un año antes en un accidente de helicóptero.

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Los últimos ganadores del Dakar en la categoría de coches

La dureza de esta edición no sólo radicaba en lo complicado del terreno, sino en la gran cantidad de participantes. Con tantos pilotos, los últimos de la clasificación tenían que salir a partir del mediodía, y eso significaba que se tendrían que enfrentar a los peligros del desierto rodando de noche. Para que te hagas una idea de la dureza extrema de este París-Dakar de 1988, ya en su primera etapa en continente africano, que se disputó el 4 de enero en Argel, casi 200 pilotos se vieron obligados a abandonar.

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Ari Vatanen rodando con el Peugeot 405 T16 Grand Raid en la edición de 1988 del Dakar.

La idea de la Thierry Sabine Organisation (TSO), era dar una oportunidad a los equipos privados frente a las poderosas estructuras de fábrica. Sin embargo, el ‘tiro les salió por la culata’. René Metge, doble ganador del Dakar, era el responsable deportivo de la carrera y veía cómo los pilotos llegaban en un estado lamentable, especialmente los de la categoría de motos. La dureza del recorrido no perdonaba a nadie y cuando se habían cumplido otras cuatro etapas desde que pusieran un pie en África sólo quedaban 200 inscritos.

Sin embargo, en la categoría de coches, Ari Vatanen dominaba con autoridad. Ya había ganado la edición anterior y para 1988, con su Peugeot 405 T16, todo indicaba que se iba a repetir el mismo guion. El finlandés volaba por las dunas y sorteaba los obstáculos que planteaba el recorrido con suma habilidad. Ya se veía venir el doblete y en Peugeot Talbot Sport sólo contaban los días para que eso sucediera. Nada más lejos de la realidad, un suceso ajeno a la competición truncó las posibilidades de Vatanen y la escuadra gala para ganar el título (que sí consiguió Juha Kankkunen con su Peugeot 205 T16).

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Juha Kankkunen, con el peugeot 205 T16, conseguía la victoria en su primer Dakar pocas semanas después de conseguir su segundo título mundial de rallyes.

Era la madrugada del 18 de enero y la caravana del París-Dakar descansaba en Bamako, capital de Malí. Al volver René Metge al vivac, ve el 405 T16 de Vatanen “conducido por un blanco” atravesando un puente sobre el río Níger. No saltan las alarmas porque era normal que los mecánicos efectuasen comprobaciones previas a la etapa para ver que todo estaba bien. Horas más tarde, comienza a oírse que el coche de Vatanen ha sido robado. Es en este momento cuando, Jean Todt, por aquel entonces máximo responsable de Peugeot Talbot Sport recibía una llamada en la que se pide un rescate por el coche: 25 millones de francos CFA, esto es, 100.000 dólares. El francés estalló en cólera y afirmó que “aquella voz era europea”.

Todos los periodistas se apostaron en las inmediaciones de la zona que ocupaba Peugeot en el vivac y la pregunta que formulaban siempre era la misma: ¿cómo se puede robar un coche de competición, con el ruido que hace, y que nadie se entere? Para más inri, ¿cómo un simple ladrón comprende los pasos que hay que seguir para arrancar un coche de competición? En el caso del Peugeot 405 T16 era complejo, aunque el propio Vatanen aseguraba que “solo había que pulsar dos botones”.

Como «el Dakar no espera a nadie», se dio a salida a la siguiente etapa y el dorsal 204 no comparecía en la salida. El reglamento estipulaba que a apartir de los 30 minutos de retraso, cada minuto posterior se computaría como penalización. Ni siquiera el camión de asistencia del coche de Vatanen tomó la salida. Decidieron no tomar parte de la salida y optar por esperar para ver si podían recuperar el coche. De pronto, saltó la noticia de que el Peugeot 405 T16 había aparecido en un descampado a dos kilómetros de la salida de etapa. Tenía los depósitos llenos y está en condiciones de hacer la etapa. Pero Peugeot decide no tomar parte en ella. Así que la victoria le quedó en bandeja a Kankkunen que, con su 205 T16, logró reeditar la victoria del año anterior para la estructura del león.

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De izquierda a derecha, Juha Kankkunen, Jean Todt y Ari Vatanen en el podio final de Dakar.

Días después de que acabase el Dakar, la noticia del robo seguía dando mucho que hablar. Salieron a luz teorías y conspiraciones: secuestros encargados, una estrategia de Peugeot… Lo cierto es que a día de hoy sigue sin saberse con exactitud qué fue lo que sucedió, aunque a lo largo de los años se han barajado múltiples teorías, entre ellas que todo fue una maniobra de marketing urdida por el propio equipo Peugeot, si bien hay una que eúne todos los ingredientes pra haber salido de la pluma del mismísimo John Le Carré.

Un ‘secuestro’ por encargo

Esta teoría proviene de Jean Claude Morellet. Apodado Fenouil “el loco del desierto”, este participante en moto, escritor y organizador del Rally de los Faraones, habló de ella en uno de sus libros, trasladando la versión que le contó el desaparecido Ullrich Brehmer –responsable de la estructura Mitsubishi en aquellos años–. Por lo visto, en Peugeot habrían detectado una avería en el motor y que, por reglamento, no se podía reparar (para ello, la organización precintaba los motores). Así, los mecánicos habrían elegido un lugar tranquilo para trabajar en el coche.

Para rizar aun más el rizo, decidieron descalificar a uno de sus camiones de asistencia para que así no fuera revisado su contenido por parte de la organización. Según detalla Morellet –que llegó a ser director deportivo del Dakar en los años 90–, un avión aterrizó en Bamako a las tres de la madrugada con un motor nuevo. Ante la imposibilidad de conectarlo a la caja de cambios del 405 y, sobre todo, para evitar la mirada de curiosos, se llevan el coche, pero al trabajo no se pudo hacer a tiempo. ¿Cómo consiguieron salvar los precintos que había colocado la organización para evitar estas prácticas? Morellet tiene la respuesta: 15 días antes, alguien se coló en la sede la TSO y se robaron los precintos de plomo.

Qué dijo Peugeot

Según la versión oficial del equipo Peugeot, el coche fue robado por la mafia de Bamako. Sin embargo, como el ladrón no conocía cómo funcionaba el coche, lo abandonó en un descampado dos kilómetros después. ¿La razón? En la marca del león sostienen que este no activó las dos bombas de inyección necesarias para dar carburante al motor, por lo que contactó con el equipo y pidió un rescate. Afortunadamente, un ciudadano habría descubierto el coche y llamó a la policía.

Por su parte, Vatanen mantiene la versión de los hechos de su equipo y además añade que nunca habría permitido una estrategia como tal. “Este suceso hizo que no ganará el Dakar”, sentenció. Como ya hemos dicho, todavía sigue siendo un misterio lo que pasó. Y tal vez nunca sepamos con certeza cuál de las versiones es la verdadera.

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Durante el Dakar de 1988, el equipo Peugeot era objeto de todas las miradas.

 

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