Durante los meses más calurosos, dejar el coche aparcado al sol puede suponer un auténtico problema. Las altas temperaturas afectan directamente al interior del vehículo, haciendo que se convierta en un espacio incómodo y, en algunos casos, incluso peligroso. La exposición directa al sol provoca un aumento considerable de la temperatura en el interior del coche que no solo impacta en la comodidad al volver a conducir, sino que también acelera el deterioro de materiales como el plástico, el cuero, la polipiel o la goma.
El salpicadero puede agrietarse con el tiempo, los asientos pierden elasticidad y color, y los componentes metálicos como el cinturón o la palanca de cambios alcanzan temperaturas que pueden llegar a causar quemaduras en las mans. Además, el calor constante favorece la aparición de olores desagradables y la degradación de adhesivos o piezas electrónicas. Para evitar todo esto, conviene aplicar una serie de medidas sencillas pero eficaces que ayudan a reducir la acumulación de calor en el interior del coche mientras permanece estacionado.
Utilizar parasoles en todas las ventanas, no solo en la delantera
Uno de los recursos más utilizados y eficaces para combatir el calor es el uso de parasoles. Sin embargo, lo habitual es limitar su colocación a la luna delantera, dejando desprotegidas el resto de superficies acristaladas. Esta práctica resulta insuficiente, ya que los rayos solares inciden también en los laterales y la parte trasera del vehículo, aumentando la temperatura interior. Lo recomendable es cubrir todas las ventanas posibles.
Existen modelos plegables que permiten una instalación rápida y ocupan poco espacio al guardarse, e incluso es posible encontrar parasoles específicos para el volante, que impiden que este elemento alcance temperaturas que podrían resultar incómodas (o incluso peligrosas) al tacto. Si te aburre la estética habitual de estos elementos o no quieres utilizar los típicos de publicidad que algunas empresas dan de regalo, puedes darle un toque personal a tu vehículo con un parasol diseñado por ti tanto para la luna principal como para las ventanillas.
Bajar ligeramente las ventanillas mejora la ventilación pasiva
Una de las formas más efectivas de evitar que el calor quede atrapado en el interior del vehículo consiste en permitir una mínima ventilación constante. Dejar las ventanillas ligeramente bajadas —no más de dos o tres centímetros— favorece la circulación del aire y ayuda a evitar el temido efecto invernadero. Este sencillo gesto permite que el aire caliente pueda salir progresivamente, evitando que se acumule. Por supuesto, es fundamental asegurarse de que el coche se encuentra en un lugar seguro antes de aplicar esta práctica. En garajes, zonas vigiladas o entornos de confianza, la ventilación pasiva supone una mejora considerable en el confort térmico del vehículo al volver a utilizarlo.
Proteger los asientos, el volante y la palanca de cambios con elementos textiles
Determinados materiales, como el cuero o los tejidos sintéticos, tienden a absorber rápidamente el calor y a retenerlo durante horas. Por este motivo, cubrir los asientos con una toalla o una manta ligera antes de abandonar el coche puede marcar una diferencia importante. Este mismo principio se aplica a otros elementos como el volante o la palanca de cambios, que, al estar en contacto directo con la luz solar, alcanzan temperaturas muy elevadas. Fundas reflectantes, parasoles térmicos, protectores para el volante o pequeños ventiladores portátiles pueden ayudar a mantener el habitáculo en mejores condiciones térmicas.
Es importante elegir productos eficaces, resistentes y adaptados a las dimensiones del vehículo. En esta selección de accesorios para el verano se pueden encontrar múltiples opciones que combinan funcionalidad y facilidad de uso. Además de proporcionar una mejora directa en la temperatura del interior, muchos de estos artículos protegen los acabados del coche frente a los efectos del sol, como la decoloración o el agrietamiento de plásticos y tejidos.
Elegir la orientación y la ubicación del aparcamiento también influye
Cuando se dispone de cierta flexibilidad para elegir plaza de aparcamiento, conviene buscar zonas con sombra natural, como árboles, muros o edificios que proyecten sombra a determinadas horas del día. También es importante tener en cuenta la orientación del vehículo. Colocar el coche de forma que la parte más expuesta al sol quede protegida o pueda cubrirse mejor con un parasol reduce considerablemente el sobrecalentamiento. Si, por ejemplo, el sol incide directamente desde el oeste, conviene orientar el frontal del coche hacia esa dirección para facilitar la protección del parabrisas, que es una de las zonas más críticas en términos de ganancia térmica.
No olvides ventilar el habitáculo antes de emprender la marcha
Antes de iniciar la marcha, especialmente tras varias horas con el coche aparcado al sol, conviene abrir todas las puertas durante uno o dos minutos. Este gesto permite que el aire caliente acumulado salga con rapidez y que el sistema de climatización del vehículo funcione de forma más eficiente desde el principio. De este modo, se evita una carga térmica excesiva para el sistema de aire acondicionado y se mejora la experiencia de conducción desde el primer momento. Además, se reducen los riesgos de mareo, malestar o golpes de calor durante los trayectos cortos, especialmente en los casos en los que viajan niños o personas mayores.
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