Hace justo un año, la DANA que golpeó a la Comunidad Valenciana dejó imágenes devastadoras: calles anegadas, garajes bajo el agua y coches arrastrados por la corriente. Hoy, el balance de aquel temporal sigue siendo sobrecogedor, especialmente en lo que respecta al parque móvil.
Según los datos recopilados por CARFAX, proveedor especializado en historiales de vehículos, más de 140.000 coches resultaron dañados, y el 85 % de ellos fueron declarados siniestro total. Lo más llamativo es que el 94 % de los vehículos afectados nunca volvió a circular, aunque todavía hay unos 3.400 coches que regresaron a las carreteras, algunos incluso fuera de la provincia.
Un impacto sin precedentes en Valencia
El 29 de octubre de 2024 fue la jornada más crítica. Solo ese día se tramitaron más de 78.000 bajas de vehículos en Valencia, lo que representa más de la mitad del total nacional. En comparación, en la misma fecha del año anterior apenas se notificaron 339 bajas.
Si se amplía el análisis a toda la comunidad, incluyendo Castellón, las cifras superan los 81.000 vehículos dados de baja. Es un aumento de más del 80 % respecto a 2023, lo que refleja la magnitud del desastre.
CARFAX ha comparado los registros entre finales de octubre y diciembre de 2024 con el mismo periodo del año anterior. En el conjunto de España, las bajas bajaron un 4,5 %, pero en Valencia crecieron de forma exponencial, demostrando que la región fue el epicentro del impacto.

Coches inundados que siguen en circulación
Pese a la magnitud de los daños, unos 3.400 vehículos afectados por la DANA volvieron a ponerse en marcha, la mayoría en Valencia, aunque también se han detectado unidades en provincias como Madrid, Alicante o Barcelona.
Esto supone un riesgo potencial para quienes compren un coche de segunda mano sin comprobar su historial. Según CARFAX, una baja registrada en esas fechas y procedente de la zona afectada puede ser una señal clara de que el vehículo sufrió una inundación.
Los riesgos ocultos de un coche inundado
A simple vista, un coche reparado tras una riada puede parecer en buen estado, pero los daños internos pueden ser graves. El agua puede provocar hidro bloqueo en el motor, corrosión en la electrónica, fallos en los sistemas de seguridad e incluso óxido en el chasis.
Además, el interior puede desarrollar moho o malos olores difíciles de eliminar, y los costes de reparación suelen ser elevados. También existe el riesgo de pérdida de valor y limitaciones en la cobertura del seguro, ya que muchas aseguradoras imponen restricciones a los vehículos con historial de inundación.
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