Si hay algo que sigue frenando a muchos conductores a la hora de pasarse al coche eléctrico, es la batería. No solo por la autonomía, sino por la duda de cómo envejece con los años y si acabará convirtiéndose en un problema caro.
Un análisis reciente de Geotab basado en miles de vehículos eléctricos de distintas marcas y segmentos muestra que la degradación media anual de la batería se sitúa en torno al 2,3%, una cifra algo superior a la de años anteriores, pero que sigue siendo asumible para un uso normal durante muchos años.

Qué significa realmente esa degradación
La degradación es un proceso natural: con el tiempo, la batería pierde capacidad para almacenar energía. En la práctica, eso se traduce en menos autonomía disponible.
Por ejemplo, una batería de 60 kWh que conserva un 80% de su estado de salud funciona como si tuviera unos 48 kWh útiles. Aun así, los datos muestran que la mayoría de baterías modernas mantienen un nivel perfectamente válido más allá de los ciclos habituales de propiedad, tanto en coches particulares como en flotas.
La carga rápida, el factor que más pesa
Si hay un elemento que marca la diferencia en el envejecimiento de la batería, ese es la potencia de carga. Los vehículos que recurren de forma habitual a la carga rápida en corriente continua por encima de 100 kW muestran una degradación más acusada, que puede acercarse al 3% anual.
En cambio, quienes cargan mayoritariamente en casa o en puntos de corriente alterna, a potencias más bajas, consiguen que la batería envejezca de forma más progresiva.
La conclusión es clara: la carga rápida es muy útil y necesaria en viajes largos, pero convertirla en la forma habitual de recarga pasa factura a largo plazo.

El clima influye, pero menos de lo que se cree
Otro de los grandes mitos tiene que ver con la temperatura. Los datos confirman que los coches eléctricos que circulan en zonas más cálidas sufren una degradación algo mayor, pero la diferencia es relativamente pequeña: alrededor de un 0,4% anual frente a climas templados.
¿Hay que ser tan estricto cargando la batería?
Una buena noticia para los conductores: no parece necesario vivir obsesionado con reglas rígidas de carga. Utilizar un rango amplio de batería en el día a día no acelera de forma significativa la degradación, salvo en casos concretos en los que el coche pasa largos periodos repetidos cerca del 0% o del 100%.
Incluso los vehículos con un uso más intensivo solo muestran un desgaste ligeramente superior, en torno a un 0,8% más al año, una diferencia que muchos consideran asumible frente a las ventajas de tener el coche siempre operativo.
La clave: usar el coche con cabeza
El mensaje final es tranquilizador. Las baterías de los coches eléctricos envejecen de forma más predecible y lenta de lo que muchos temían, y su vida útil suele superar con holgura la del propio vehículo.
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