La industria del automóvil vuelve a caminar sobre la cuerda floja. De nuevo la escasez de semiconductores se cierne sobre la automoción europea con un epicentro geopolítico y un nombre propio: Nexperia. El impacto ya se siente en los fabricantes y podrían producirse paros de producción. La señal más visible de la tormenta que se avecina tiene como epicentro Wofsburg. Allí Volkswagen podría enfrentarse a una situación crítica ya que sus existencias de chips durarán solo unos días, según la prensa alemana. Pero Volkswagen no será la única marca afectada.
¿Es esta crisis como la vivida tras la pandemia de Covid? ¿Cuáles son los verdaderos motivos de esta nueva crisis de chips? Te damos las cinco claves.
1.Nexperia, el nudo geopolítico que lo cambia todo
En el centro del problema está Nexperia, fabricante con sede en Nimega (Países Bajos) y plantas en Hamburgo, propiedad del grupo chino Wingtech. Produce decenas de miles de millones de chips “humildes” pero esenciales para el coche: airbags, iluminación, sensores, controles del volante y climatización. El 30 de septiembre de 2025 el Gobierno neerlandés intervino la compañía invocando leyes de seguridad nacional, tras preocupaciones de gobernanza y de posible transferencia de propiedad intelectual a China. La respuesta de Pekín habría sido restringir exportaciones de chips y componentes fabricados bajo el perímetro de Wingtech. Todo ello se encuadra en un tablero más amplio: Estados Unidos incluyó a Wingtech en su lista negra en diciembre de 2024, cortando transferencias tecnológicas y elevando las barreras comerciales. Resultado: un embotellamiento que amenaza el flujo de componentes a Europa y Norteamérica.
La compañía ha avisado. El pasado 10 de octubre hizo una comunicación a los fabricantes de automóviles y a sus proveedores describiendo una serie de eventos que les impedían garantizar la entrega de sus chips a la cadena de suministro.

2. Impacto directo en las cadenas de producción de componentes y fabricantes
Los cuellos de botella ya no son teóricos. Volkswagen evalúa paradas en Wolfsburg que afectarían primero al Golf y después al Tiguan, con la vista puesta en jornada reducida para miles de empleados si el suministro no se normaliza en días, según prensa alemana. Y el riesgo es sistémico: Nexperia abastece a grandes proveedores de primer nivel como Bosch y Denso, lo que multiplica el efecto dominó aguas arriba y aguas abajo de la cadena. Si falta un simple chip de carrocería o de airbag, una línea completa puede detenerse: el coste de oportunidad para los fabricantes se dispara y los tiempos de entrega para el cliente final vuelven a tensionarse.

3. ¿Por qué no se pueden sustituir estos chips fácilmente?
No se trata de microprocesadores de última generación, pero sí de componentes cualificados para automoción. Sustituir un chip por otro implica reingeniería, pruebas y recertificación. Según las fuentes citadas, ese proceso puede llevar meses, no semanas. Además, aunque existan alternativas en catálogo, no siempre cumplen idénticos parámetros térmicos, de fiabilidad o de ciclo de vida. En la práctica, el “second source” no está garantizado en toda la gama y, cuando existe, la capacidad disponible está ya comprometida.
4. El reloj corre: hay stock para solo 4-6 semanas
La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) ya ha advertido de que las existencias actuales de chips de Nexperia alcanzan para 4 a 6 semanas de producción. Pasado ese umbral, llegarían las interrupciones significativas. El temido “efecto látigo” reaparece: pedidos adelantados, sobre‑aprovisionamientos puntuales y, después, huecos de suministro. En un mercado frágil, eso se traduce en paradas intermitentes, calendarios de producción reconfigurados a última hora y presión al alza en precios de ciertos modelos y recambios.

5. ¿Qué puede hacer la industria?… ¿y qué no?
Los fabricantes aceleran planes de diversificación y homologación de segundas fuentes, pero el margen de maniobra a corto plazo es limitado por la certificación y la capacidad fabril disponible. En el frente institucional, Europa pisa el acelerador con proyectos de relocalización (por ejemplo, la fábrica de Intel en Magdeburgo) y con la European Chips Act, que busca alcanzar el 20% del mercado mundial de producción de chips en 2030. Sin embargo, ese objetivo no resuelve el cuello de botella inmediato. La coordinación regulatoria, el apoyo a test y cualificación rápida y la protección de cadenas críticas serán claves para amortiguar el golpe en los próximos meses.
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