A partir de 2027, Francia prohibirá aparcar a menos de cinco metros de un paso de peatones. Una medida presentada como refuerzo de seguridad, pero que a la vez supone otro paso más en la reducción sistemática de espacio para el automóvil. Su filosofía —y sus efectos— podrían cruzar los Pirineos más pronto que tarde.
Solo se podrá aparcar a cinco metros de un paso de peatones
Francia ha encendido un nuevo aviso para los conductores: desde el 1 de enero de 2027 estará prohibido estacionar cualquier vehículo motorizado —incluidas motos, ciclomotores y furgonetas— a menos de cinco metros de la zona previa a un paso de peatones. No se trata de una recomendación ni de una guía para ayuntamientos: es una obligación legal integrada en la Ley de Orientación a la Movilidad que todas las ciudades deberán aplicar. El infractor se enfrentará a la consideración de estacionamiento muy obstructivo y una multa que puede llegar a 135 euros.

El razonamiento oficial es claro: mejorar la visibilidad de peatones y conductores en cruces urbanos, un punto crítico en la siniestralidad francesa, donde más de 450 peatones perdieron la vida en 2024, muchos por culpa de vehículos mal estacionados. En España, la cifra de peatones fallecidos en ciudad fue de 207 el pasado año. Pocas objeciones cabe hacer desde el punto estrictamente preventivo. Sin embargo, la letra pequeña revela una transformación más profunda. Cada plaza eliminada se convertirá en un espacio para bicicletas o en un microespacio verde. Y, sobre todo, representa un recorte sistemático de plazas en superficie en ciudades donde ya escasean.
La medida no llega sola. Es un eslabón más en una cadena que incluye límites de velocidad reducidos, radares más incisivos, restricciones progresivas a motores térmicos, encarecimiento del aparcamiento y carriles reservados para vehículos compartidos. Una estrategia que en Francia ya nadie disimula: hacer más incómodo, más caro y menos práctico el uso del coche privado en entornos urbanos.
Este movimiento abre un debate inevitable en España. No sería la primera vez que las políticas de movilidad francesas anticipan tendencias que después se reproducen —con más o menos matices— en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia. Las zonas de bajas emisiones, por ejemplo, o la eliminación de carriles de circulación para convertirlos en plataformas de transporte público, se implantaron antes en París, Lyon o Burdeos.
Si Francia convierte en norma estatal lo que en España aún depende del criterio municipal, la presión podría crecer. Especialmente en un contexto en el que la UE insiste en reducir tráfico urbano y emisiones, y en el que algunos ayuntamientos españoles ya estudian incrementar distancias mínimas de visibilidad, incluso antes de pasos de peatones.
¿Acabaremos viendo también aquí la prohibición de aparcar a cinco metros de un cruce? El argumento de la seguridad es sólido y difícilmente rebatible. Pero la consecuencia real —una nueva reducción masiva de plazas en superficie— podría tensar aún más la convivencia entre movilidad sostenible y usuarios que dependen del coche.
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