El sueño de la movilidad eléctrica puede transformarse en una pesadilla digital. Los puntos de recarga para coches eléctricos se han convertido en el nuevo objetivo de los ciberdelincuentes. Un ataque bien orquestado puede dejar inservibles miles de cargadores, robar datos personales de los usuarios, y hasta provocar apagones y caos en la red eléctrica de una ciudad. ¿Estamos realmente preparados para esta amenaza invisible que puede esconder detrás de cada cargador un hacker?
Ataques reales con consecuencias inmediatas
En 2024, los incidentes se multiplicaron. Uno de los más sonados ocurrió en Lituania, donde un grupo de hackers desconectó todos los puntos de recarga de un proveedor nacional durante varias horas. Resultado: miles de usuarios sin posibilidad de cargar sus vehículos y filtrando datos personales de más de 20.000 clientes. En Reino Unido, las autoridades llegaron a prohibir temporalmente la venta de una marca popular de cargadores tras descubrir que un fallo de seguridad. Esta circunstancia permitía a un atacante encenderlos todos a la vez, poniendo en jaque la estabilidad del suministro eléctrico nacional.
El peligro va más allá de los cortes puntuales. Los expertos advierten que, si los hackers logran coordinar el encendido o apagado masivo de miles de cargadores a la vez, podrían provocar picos de consumo y dejar sin suministro a barrios enteros o dañar infraestructuras críticas, como subestaciones o centros de control de la red. ¿Te acuerdas de lo que pasó en nuestro país el 28 de abril de este año? ¿Y cuáles fueron las primeras explicaciones que se dieron?
¿Cómo atacan los hackers?

Manipulación remota: mediante vulnerabilidades en la comunicación entre el cargador y la plataforma central, los atacantes pueden apagar, bloquear o sobrecargar cualquier punto de recarga desde la distancia. Por otra parte, el robo de datos. Los sistemas inseguros almacenan información de tarjetas, perfiles de usuarios y hasta historiales de recarga, todo al alcance de un delincuente digital.
Ataques a la red: los hackers no solo buscan sabotear cargadores individuales, sino que aprovechan las vulnerabilidades de estos dispositivos para lanzar ataques más amplios contra la infraestructura eléctrica. Utilizando los puntos de recarga como «puertas traseras», pueden infiltrarse en las redes de gestión energética, lanzar ataques de denegación de servicio (DDoS) para saturar servidores y sistemas de control, o incluso manipular la demanda eléctrica de manera sincronizada, sobrecargando las líneas y poniendo en riesgo la estabilidad de todo el sistema.
El futuro está enchufado… y expuesto
La rápida expansión de la movilidad eléctrica ha llevado a instalar miles de cargadores en tiempo récord, muchas veces priorizando la velocidad sobre la seguridad. El informe de Upstream Security advierte que la fragmentación de estándares, la falta de regulación y la presencia de dispositivos obsoletos dejan la puerta abierta a incidentes más graves y globales.
¿Estamos listos? Por ahora, muchos operadores y fabricantes solo reaccionan ante el ciberataque, en lugar de prevenirlo. La próxima vez que conectes tu coche, piensa: ¿quién más podría estar «enchufado» al cargador?
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