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El polémico interior del nuevo Ferrari eléctrico, en detalle

Si te soy sincero soy de los pocos a los que no les disgusta. Pero el interior del nuevo Ferrari Luce eléctrico merece un extenso debate.

Al menos tiene botones de verdad, no táctiles, lo cual es celebrable. Pero Ferrari ya no es solo ruido, revoluciones y olor a gasolina. Con el Luce, su primer deportivo 100 % eléctrico, la marca de Maranello firma también el habitáculo más controvertido de su historia. Minimalista, tecnológico, obsesionado con la interfaz y diseñado con la ayuda de Jony Ive (sí, el del iPhone), el interior del Luce supone una ruptura tan profunda con la tradición Ferrari que ha levantado ampollas incluso antes de que el coche vea la calle. La pregunta es inevitable: ¿esto qué narices es?

Un Ferrari que parece diseñado en Silicon Valley

Ferrari presentó el interior del Luce en San Francisco, no en Maranello. El detalle no es menor. El proyecto ha sido desarrollado junto a LoveFrom, el estudio creativo fundado por Sir Jony Ive y Marc Newson, y eso se nota desde el primer vistazo: superficies limpias, ausencia de ornamento, geometrías puras…

El habitáculo se concibe como un “volumen único”, sin la clásica estratificación visual de salpicadero, consola y túnel central. Todo fluye. Todo está reducido a lo esencial. Y eso, en Ferrari, es casi una herejía. Donde antes había exuberancia, dramatismo y cierto exceso italiano, ahora hay calma, orden y silencio visual. Demasiado silencio para algunos tifosi.

Menos pantallas táctiles… pero más interfaz que nunca

Ferrari insiste en que el Luce huye de la moda de las pantallas gigantes. Y es verdad… a medias. No hay un tablet pegado al salpicadero al estilo Tesla, pero la experiencia está absolutamente dominada por la interfaz.

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Tres pantallas principales estructuran el interior: cuadro de instrumentos, pantalla central y una tercera para los ocupantes traseros. Todas están diseñadas con una nueva tipografía específica, inspirada en la tradición gráfica de Ferrari, aunque su estética recuerda más a un producto tecnológico premium que a un deportivo clásico.

La paradoja es clara: hay más botones físicos que en otros eléctricos, pero todo está pensado como si fuera software. Cada gesto, cada clic, cada animación está coreografiada. No se trata solo de conducir, sino de interactuar.

El volante: homenaje… o reinterpretación excesiva

El volante es uno de los elementos más debatidos. Ferrari afirma que se inspira en los históricos Nardi de los años 50 y 60. Tres radios, aluminio visto, diseño limpio. Técnicamente es una obra de arte: 19 piezas mecanizadas por CNC, 400 gramos más ligero que un volante Ferrari convencional y fabricado en aluminio 100 % reciclado.

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Pero emocionalmente divide opiniones. No hay cuero, no hay exuberancia, no hay ese “teatro” clásico de Ferrari. En su lugar, una pieza casi industrial, fría para algunos, exquisita para otros.

Eso sí, los mandos recuerdan deliberadamente a la Fórmula 1, con módulos analógicos y un tacto estudiado hasta el sonido del clic. Ferrari dice que se han hecho más de veinte pruebas con pilotos. Se nota. Otra cosa es que guste.

Aquí llega una de las grandes novedades técnicas: el cuadro de instrumentos va montado sobre la columna de dirección y se mueve con el volante. Es la primera vez que Ferrari aplica esta solución en un modelo de producción.

Utiliza dos pantallas OLED superpuestas, con recortes que dejan ver información de una capa inferior, creando una profundidad visual inédita. Es espectacular desde el punto de vista técnico. También es muy poco Ferrari en el sentido clásico.

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Los gráficos se inspiran en relojes históricos Veglia y Jaeger, pero reinterpretados con una limpieza casi quirúrgica. Todo busca reducir la carga cognitiva del conductor. Menos emoción visual, más eficiencia mental.

Ferrari ha convertido elementos cotidianos en piezas casi de museo. La palanca de cambios, por ejemplo, está hecha de vidrio Corning Fusion5 y fabricada con láseres capaces de perforar orificios microscópicos para aplicar los gráficos. Es tan bella como innecesariamente compleja.

Lo mismo ocurre con la llave: una pieza de cristal con pantalla e-ink que cambia de color al insertarla en la consola, activando una secuencia de luces sincronizadas. Es teatral, sí. Pero es una teatralidad diferente, más cercana a Apple que a Enzo Ferrari.

Materiales sostenibles, lujo frío

Aluminio reciclado, vidrio de alta resistencia, anodizados de última generación… El Luce presume de sostenibilidad y tecnología. Todo es impecable desde el punto de vista industrial. Todo es extremadamente preciso.

Pero falta algo que muchos asociaban a Ferrari: calor, imperfección, pasión desbordada. Aquí todo está controlado, medido, depurado hasta el extremo.

Ferrari defiende que el Luce no rompe con su historia, sino que la reinterpreta. Que la electrificación es un medio, no un fin. Que el interior honra la tradición desde otro lenguaje.

Puede que tengan razón. O puede que estemos ante el Ferrari menos emocional jamás construido. Lo que es indiscutible es que el Luce marca un antes y un después. No solo por ser eléctrico, sino porque cambia radicalmente la forma en la que Ferrari entiende el interior de un coche. Y eso, para bien o para mal, no tiene vuelta atrás.

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