Qué bien le quedaba la estrella emergente a los Mercedes, narices. Se ha ido eliminando con el tiempo y ahora sólo la portan los modelos de más alta gama: el Clase S, el EQS, el Clase E opcionalmente… no mucho más. Ver esa estrella, sobre todo desde dentro, te da una graciosa sensación de «aquí mando yo».
Esto es un Mercedes Clase S. Es uno de los modelos menos vendidos de la marca por razones obvias, pero es uno de los mejores. No, es el mejor. Así que hay que otorgarle su peso. Es uno de los Mercedes más especiales, de hecho, la S de su denominación atiende a Sonderklasse, ‘clase especial’ en alemán.

La denominación Clase S nació en 1972 pero la familia Clase S remonta sus orígenes a 1954. Hoy en día, la séptima generación, renovada este mismo año de manera parcial, es ‘el jefe’ en lo que se refiere a berlinas de lujo. El espejo en el que todas las berlinas de alta gama se miran. Un exceso, una oda al lujo y al confort.
Así es el Mercedes Clase S
Maybach aparte, esto es lo más de lo más dentro de Mercedes. Sólo su aspecto, máxime en negro brillante, ya impone. Mide 5,18 metros de largo, 1,92 metros de ancho y 1,50 metros de alto. Por si te parece pequeño, tienes una versión de batalla larga cuya carrocería alcanza 5,29 metros de longitud.

Por supuesto, flipas con sus calidades. Es sentarte en su acolchada butaca y ver que el habitáculo está pensado para un confort inexplicable. Los asientos te acogen de tal manera que podrías quedarte dormido.
Hay madera de verdad, piel de verdad, lujo de verdad. No hay hyperscreen, último avance multimedia de la marca, pero no la necesita. Pero vamos, que tanto a nivel tecnológico como de confort, puedes equiparlo prácticamente con lo que te de la gana. Claro que eso implica engordar la factura sobremanera, pero qué más da.
Las plazas traseras cobran mucha importancia aquí porque deben ser uno de los pilares del coche. Lo son. Mucho espacio, un asiento muy ergonómico, y en general un lugar de máximo descanso. Como una clase business.

Y no te creas que por lujoso que sea es inabordable. El sistema multimedia es más sencillo y ordenado que el de muchos coches generalistas y lo complementa con una ristra de botones mecánicos debajo que te facilitarán la vida.
Pero, qué te creías, ¿que no iba a haber nada malo? Por supuesto que sí. Y es que los botones de los radios del volante son táctiles, mucho más incómodos y lentos de utilizar. Y le resta un poco de elegancia al interior. Eso sí, el propio volante tiene un tacto fantástico, como todo, o casi todo, de puertas adentro del Clase S.
Este es el híbrido enchufable
En la gama Clase S hay hueco para motorizaciones diésel y gasolina, todas microhibridadas, y para una híbrida enchufable. Bueno, en realidad dos, porque exclusivamente para la carrocería de batalla larga, hay un AMG S 63 E Performance con nada menos que 802 CV, y que curiosamente es uno de los pocos PHEV con etiqueta ECO del mercado porque no alcanza los 40 km de autonomía eléctrica reglamentaria.

Este Clase S que tenemos aquí es un Mercedes S 450 e. Combina un motor de gasolina 3.0 turbo de seis cilindros en línea y 299 CV con un propulsor eléctrico de 150 CV, sumando en conjunto 408 CV de potencia. La caja de cambio es automática de nueve relaciones y convertidor de par, mientras que la batería de alta tensión es de 22 kWh de capacidad neta y aporta 106 km de autonomía eléctrica homologada.
La batería va detrás, bajo el maletero, reduciendo su capacidad de 550 a 350 litros porque el piso queda mucho más arriba. Aun así, es un espacio muy utilizable y práctico.
¿Cómo va este Clase S?
Que no te engañen los 408 CV; hablamos de un coche que se planta en las 2,5 toneladas con dos personas a bordo, así que corre mucho, pero no ofrece una sensación impactante. Da igual, es verdad, un Clase S no juega a algo tan vulgar como correr.

Pero vamos, que en realidad es una berlina con la que puedes ir rápido no, rapidísimo. Ya no por su potencia, que también (acelera de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos), sino por la altísima filtración ante la que te expones. Esto significa que puedes ir a toda hos*** percibiendo todo bajo total control. Incluso por encima de 200 km/h (me han dicho).
Encima su consumo no es nada dramático. Obviamente en carretera es el propulsor de gasolina el que tira del carro, pero puedes llevarlo en 8,0 L/100 km a velocidad legal y a no mucho más de 11,0 L/100 km a las velocidades ilegales que te pide subliminalmente.
La parte eléctrica se compone, como decíamos, de un motor de 150 CV, que resulta suficiente para un uso normal, y una batería de 22 kWh de capacidad que se carga en corriente alterna a 11 kW de potencia y, opcionalmente, en continua a 60 kW. Mi experiencia me dice que rondar los 80 km de autonomía por carga es muy factible, incluso superarlos si eres cuidadoso.

Así que ya sabemos que corre y que gasta normal. La caja de cambio ayuda a esto último porque, con nueve velocidades, permite que el motor gire muy bajo de vueltas en autopista.
En esas circunstancias, por cierto, me resultó más cómodo llevarlo en cambio manual porque, de lo contrario, a la menor insinuación sobre el acelerador, la caja reduce una marcha, o incluso dos. Creo que es más eficiente engranar la novena velocidad, acariciar el gas como si untaras paté (con eso te será suficiente en la mayoría de circunstancias) y tirar.
A nivel de confort, pues imagínate. Espectacular tanto en cuanto a la suspensión como en lo referente a la insonorización del habitáculo. Hay poco ruido mecánico y el que hay es agradable. Además, para ser un coche tan grande, cambia de dirección con rapidez y habilidad, asistido eso sí por un eje trasero direccional opcional que es una gran ayuda.

El caso es que, si lo sacas de su hábitat natural de la autopista y te adentras en una carretera de curvas, lo puedes llevar asombrosamente rápido y con seguridad de una manera que probablemente no creerías tratándose de un vehículo de sus dimensiones y masa.
¿Cuánto cuesta?
Siéntate primero. Pero no porque sea un Mercedes, sino porque es un coche de lujo. Y como tal, aquí el dinero da un poco igual, nos sobra. La gama Mercedes Clase S arranca en 116.254 euros. Dirás tú, «pues no es tanto». Bueno, lo que sucede es que el coche que ves en estas imágenes, y probablemente el que tú te configurarías, está muy lejos de esa cifra.
El equipamiento opcional es enorme y las posibilidades de personalización, también. Tanto es así que te puedes plantar en una factura mayor que la de un apartamento. Esto es un Mercedes S 450 e, por el que para empezar a hablar hay que soltar 129.525 euros. Pero lleva mucho equipamiento opcional, que no es precisamente barato.
Pero bueno, como decíamos, aquí el precio da un poco igual. Nadie va a desechar su compra porque se le salga de presupuesto. Es más, que sea caro, le da estatus, le da valor. El Clase S, al igual que rivales como el Audi A8 o el BMW Serie 7, es un exceso obligatorio en una marca premium. Una muestra de poder. Y eso lo hace particularmente bien el Clase S, la berlina de lujo total.
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