Sí, esto es una prueba del Audi Q5 TDI Quattro. Diésel. Bien. Me gusta. Así que antes de contarte cómo es y cómo va, déjame que haga una pequeña reflexión. Puede que estés de acuerdo. Me alegro. Puedo que no. Me alegro también. Porque eres libre y puedes pensar lo que quieras. Al lío.
Vivimos en unos tiempos complicados en lo que parece que todo debe ser políticamente correcto, aunque luego paradójicamente nuestros políticos actuales son lo más incorrecto que existe. Y lo digo en general, sin mirar a ningún lado. Vivimos en el mundo del qué dirán. De la inmediatez. Del márketing. De lo polite, de lo friendly, de lo eco. Del because there is not a planet B en las sudaderas. Y del postureo. Porque luego muchos de esos son los mismos que, por ejemplo, casi todos los días compran en Aliexpress cosas que vienen por mar en unos barquitos que no contaminan precisamente poco…

Vamos, que somos como borregos. O no. Somos peores que los borregos. Porque los borregos al menos son sinceros consigo mismos. Nosotros encima somos unos hipócritas. Borregos e hipócritas. Y vamos a salvar el mundo. Pero eso lo dejaremos para otro día.
Por eso, cuando llega una marca como Audi y dice que va a seguir fabricando coches con los motores que siguen demandando sus clientes, yo me alegro mucho. Entre otras cosas, porque después de una semana conviviendo con este Audi Q5 TDI Quattro, uno se da cuenta de que los diésel siguen teniendo aún mucho sentido. No para todos los conductores. Pero sí para un buen número de ellos.
Renovado hace ‘cuatro días’…
El Audi Q5 se ha renovado hace poco. Se sigue vendiendo con dos carrocerías, la Q5 normal de esta prueba y la Q5 Sportback, con la luneta trasera más tendida para ofrecer un diseño más deportivo a cambio de 2.310 euros más y sólo cinco litros menos de maletero.

El Audi Q5 sigue siendo el SUV intermedio de Audi, aunque ya es un coche de 4,71 metros de largo (el original medía 4,62 metros). Te los puedes comprar con un motor diésel o gasolina, ambos microhibridados, con 204 CV y etiqueta Eco de la DGT. Pero también hay dos híbridos enchufables de 299 ó 367 CV, ambos con etiqueta Cero. Y si, sigue habiendo un SQ5 también con 367 CV, aunque en este caso procedentes en exclusiva de un 3.0 V6 turbo con hibridación ligera y etiqueta Eco de la DGT.
La gama Audi Q5 arranca en los 61.600 euros del TFSI 204 Advanced, aunque a poco que optes por otro acabado y pongas cuatro opciones, será difícil que bajes de los 70.000 euros. Una pasta. Pero es más o menos lo que te va a costar un BMW X3, un Mercedes GLC o un Volvo XC60 equivalentes.
Qué tiempos aquellos, allá por 2008, cuando salió el primer Q5 y te podías hacer con un TDI 140 por 35.000 euros. Justo la mitad. Y decíamos por aquel entonces que el Q5 era caro… Ahora diremos que si la inflación, que si la potencia, que si la tecnología… Y será verdad. Pero no sé tú. Yo lo único que sé es que no cobro el doble que en 2008.
Así es por dentro el Audi Q5
En el interior nos encontramos muchas de las soluciones que hemos visto en otros Audi de última hornada, como el Audi A6. Llama la atención que los mandos de las luces estén ahora en las puertas, que las enormes pantallas hayan acabado con casi todos los botones y que hasta el copiloto pueda tener su propia pantalla de manera opcional.

Me gustaban mucho más los botones. Me gustaba cuando no había que meter tu usuario y no tenías que configurar el coche a tu gusto para que, al arrancar, simplemente recordase tu emisora de radio favorita. Me gustaba cuando había una instrumentación de verdad, con sus agujas y su clásico ordenador de a bordo, que daba gusto consultar. No como ahora, que sólo la miras para ver cuánto gasoil queda o a qué velocidad vas. Si acaso, el consumo medio. El resto da pereza.
Acostumbrarse a los menús
La configuración de los menús o la respuesta de las pantallas son buenas. Pero, aun así, hay tantas cosas que acabas aturullado y aburrido. Creo que la inmensa mayoría de compradores de este coche apenas usará más del 10% de las cosas que salen por ahí. En mi opinión, es un mal endémico en todas las marcas, no sólo en Audi.
Hay cosas que no han cambiado. La postura al volante es perfecta midas lo que midas, los asientos son cómodos y sujetan bien el cuerpo (una buena costumbre que en otras marcas se está perdiendo) y la calidad de los ajustes es estupenda. Está muy bien hecho.


Y, por espacio, sigue habiendo mucho espacio detrás, una práctica banqueta trasera corrediza dividida en dos partes y un maletero de 520 litros como poco. Está muy bien.
También han dejado plásticos en negro piano que podrían haber desterrado. Y ahora incluso encontramos otros plásticos por ejemplo en el salpicadero o en los mandos interiores de apertura de las puertas que te podrías encontrar perfectamente en un Dacia. ¿Materiales reciclados? ¿Reducción de peso? ¿Contención de costes? Un poco de todo, supongo. Pero quien está dispuesto a comprarse este coche y pagarlo, seguro que espera encontrarse algo un poco mejor. Y con lo que había en el anterior Q5, seguramente valdría.
Así va el Audi Q5 TDI Quattro
En marcha es donde de verdad notas por qué un Audi es un Audi. Va muy bien. Pero muy bien. Con 204 CV, algo más de 2.000 kilos de peso y una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de ocho segundos, este Q5 no es que sea un coche súper rápido, pero sí se mueve en unos términos de prestaciones más que suficientes.


Además, es un motor con muy buena respuesta a baja revoluciones, y eso hace que sea muy fácil de aprovechar y muy agradable. No es especialmente ruidoso y no transmite vibraciones. Tiene un pequeño motor eléctrico que le permite estar microhibridado y que le permite moverse sólo con electricidad, por ejemplo, por el garaje. Pero después, en marcha, su funcionamiento apenas se nota, así que se conduce como cualquier diésel automático.
La caja de cambios automática de siete marchas y doble embrague que funciona a la perfección. Quizá pienses que funciona tan bien como todas. Pero no. Llevo unas cuantas semanas probando coches chinos y no sé qué problema tienen con las cajas de cambio, pero su funcionamiento en muchos casos está a años luz de la caja de este Q5, por ejemplo.

Si la llevas en automático, y en función del modo de conducción que elijas, sabe cuándo meter cada marcha y, a la hora de maniobrar, es mu suave y agradable. Si la llevas en manual, es extremadamente obediente y cambia en un santiamén. Vamos, como debe ser.
Es un diésel, sí. Pero no esperes consumos de 4 L/100 km. Lo normal es moverse en torno a 7 L/100 km, un poco más si te mueves mucho por ciudad o deprisa por carretera, y un poco menos si vas tranquilo por autopista. ¿Mucho? No, lo normal para un coche así.
Muy buen comportamiento
Si hablamos de comportamiento, el Audi Q5 sigue siendo un Audi en toda regla: es un coche súper preciso, incapaz de hacer un extraño, muy aplomado, con una notable capacidad para moverse por carreteras de montaña a ritmo vivo… Tiene muy buen tacto de conducción, y es de esos coches que en un par de kilómetros ya han conectado tanto contigo que parece que llevas conduciéndolo toda la vida.
¿Cómodo? En el caso de nuestra unidad, equipada con una suspensión neumática regulable, mucho en función del modo seleccionado. Es un excelente coche para viajar por carretera.
Es más, es muy buena compra si sobre todo vas a viajar por carretera. En ciudad, su condición de híbrido ligero le otorga la etiqueta Eco de la DGT. Pero esos trayectos cortos y con atascos son fatales para los diésel actuales, así que si lo quieres para ese tipo de uso, es mejor optar por el TFSI de gasolina (también Eco) o, directamente por un híbrido enchufable.
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