Durante los últimos años, en Europa se ha dado por hecho que el eléctrico puro sería el destino inevitable de la movilidad. Sin embargo, una demanda más lenta de lo esperado, la presión regulatoria, el coste de las baterías y la percepción de que la red de recarga avanza a un ritmo insuficiente están reabriendo puertas que parecían cerradas. Entre ellas, la posibilidad de que los eléctricos más pequeños del Grupo Volkswagen de fabricación en España, pudiesen incorporar un extensor de autonomía, un pequeño motor de combustión que actúa exclusivamente como generador.

Range Extender, un viejo conocido
El concepto no es nuevo: recuerda a aquel Opel Ampera de principios de la década pasada que fue el primer representante en nuestro continente de la tecnología range extender. Incluso ganó el título de Coche del Año en Europa 2012. Hoy, esa tecnología la está aprovechando ya de manera importante China, donde los EREV —una variante del eléctrico con extensor— viven un momento dulce. Marcas como Li Auto o Chery han logrado cifras de ventas llamativas con esta fórmula, combinando varios cientos de kilómetros en modo eléctrico con autonomías totales que superan con holgura el millar de kilómetros. Para un cliente temeroso de la recarga o que aún no confía en las infraestructuras, el equilibrio puede ser convincente.
La solución range extender —o extensor de autonomía— es un sistema en el que un coche eléctrico incorpora un pequeño motor de combustión que no mueve las ruedas, sino que actúa exclusivamente como generador para producir electricidad cuando la batería se agota. El vehículo se desplaza siempre gracias al motor eléctrico, pero el generador evita que el conductor dependa al 100% de la recarga. Es una fórmula pensada para ofrecer la suavidad y eficiencia de un eléctrico sin la ansiedad por la autonomía. En Europa, la interpretación más cercana hoy es el Nissan Qashqai e-Power, ya en su segunda generación, que funciona como un híbrido en serie: el motor térmico solo genera energía, mientras que el motor eléctrico es el único que impulsa el coche.
Volkswagen estudia la oportunidad
En los últimos meses, el Grupo Volkswagen ha mostrado en China prototipos eléctricos equipados con extensor y, según fuentes internas, trabaja en dos motores destinados exclusivamente a esta función: un tricilíndrico de 1.5 litros para modelos del segmento C y un bicilíndrico de 1.0 litros para los del segmento B. Ese último sería el candidato natural para los futuros ID. Polo e ID. Cross, modelos llamados a sustituir a los actuales Polo y T-Cross de combustión. Y donde decimos ID. Polo, podemos decir Cupra Raval, o Skoda Epiq…

La solución técnica no parece complicada. En plataformas compactas como la MEB Entry, el pequeño generador podría ubicarse en la parte trasera sin afectar en exceso al espacio interior. A nivel industrial, incluso permitiría reducir la capacidad de batería —y, por tanto, el coste— logrando autonomías reales superiores a las de un eléctrico convencional del mismo tamaño.
De todos modos Thomas Schäfer, máximo responsable de Volkswagen, ha expresado públicamente sus dudas sobre el papel del extensor en Europa, donde la marca prefiere apostar por híbridos enchufables y eléctricos puros. Introducir un urbano con extensor podría interpretarse como una marcha atrás en la narrativa eléctrica del grupo. Aunque hoy en día corregir o dar marcha atrás forma parte de cualquier estrategia marcada por los gustos o necesidades de los clientes.
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