La electrificación del parque automovilístico está dejando al descubierto un nuevo efecto secundario: los costes de reparación más altos. L’Automobile ha publicado que según un informe elaborado por la federación francesa France Assureurs, los coches eléctricos e híbridos enchufables resultan más caros de indemnizar para las aseguradoras que los modelos de combustión.
La diferencia media se sitúa en torno a un 11% más de gasto por siniestro, una cifra que se dispara hasta el 14% si se contabilizan solo los daños materiales del vehículo.
Las baterías, el gran quebradero de cabeza
El motivo principal es la complejidad que implica reparar o sustituir una batería dañada. Al estar integradas en el chasis y protegidas por estructuras específicas, su acceso resulta más difícil y requiere de personal cualificado, herramientas específicas y, en muchos casos, el uso exclusivo de servicios oficiales.
Además, los fabricantes no siempre facilitan el acceso a los componentes eléctricos, lo que limita la actuación de los talleres independientes y encarece inevitablemente la factura final.

Tesla, la marca más señalada
Entre las marcas analizadas, Tesla aparece como una de las que presenta mayor dificultad de reparación. Según los datos de la federación, las piezas del fabricante estadounidense suelen requerir más tiempo y precisión, lo que eleva los costes de mano de obra.
A ello se suman detalles de diseño que también encarecen los siniestros menores: las tiras de luz LED, las ópticas complejas o los parabrisas panorámicos. En el caso de los eléctricos, la factura por daños en cristales o faros puede ser hasta un 24% superior respecto a un vehículo térmico equivalente.

No hay más accidentes, pero sí más coste
Curiosamente, el estudio aclara que los coches eléctricos no sufren más accidentes que los de combustión. El problema no está en la frecuencia, sino en el importe de cada reparación.
Por eso, desde la patronal de las aseguradoras se pide a las autoridades europeas que obliguen a los fabricantes a diseñar baterías más accesibles y reparables, y que se fomente la libre competencia entre talleres, permitiendo que los independientes puedan acceder a piezas y herramientas de diagnóstico sin depender del fabricante.
Una factura que puede seguir creciendo
Con cada vez más eléctricos en circulación, este sobrecoste preocupa tanto a las aseguradoras como a los conductores. Si los costes de reparación continúan subiendo, las pólizas podrían encarecerse en los próximos años, especialmente en modelos de alta gama o con tecnología más compleja.
En definitiva, la electrificación promete menos emisiones, pero también plantea nuevos retos: entre ellos, el de conseguir que reparar un coche eléctrico no sea un lujo reservado a unos pocos talleres especializados.
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