Territorio cabrio para un recorrido

España en cabrio (II): Alt Maestrat, Castellón

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España en cabrio (II): Alt Maestrat, Castellón
Pedro Madera
Pedro Madera

El otoño es la estación predilecta para los cabrio. Disfrutar del aire libre y de los tesoros que nos depara la geografía patria al volante puede ser como volver al paraíso en tan solo un fin de semana.

Una temperatura suave y un escenario suavizado por las primeras lluvias, suaviza los rigores del verano. Hay una sensación de placer, que va más allá de la velocidad. La tierra se siente más cerca y se viaja de un modo más cercano.

Algunos pueblos del interior de Castellón tienen los ingredientes perfectos para este tipo de ruta. Carretera y paisaje ponen de su parte, para que podamos disfrutar un poco más.

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Albocasser es un buen sitio para iniciarnos en este territorio. Estamos a 45 kilómetros del Mediterráneo, pero se siente la energía del litoral. Sobre un suave cerro está Albocasser. Su pasado regio se deja ver en su centro histórico, con las ruinas del castillo y en el eremitorio de Sant Pau, que está a 3 kilómetros escasos de Albocasser, en el cruce de carreteras de la Torre de en Besora y de Vilafranca. Un paseo delicioso en nuestro cabrio. Y una lección de historia para los amantes de la cultura templaria.

A esta ermita llegaban los romeros cada 29 de julio para recibir la indulgencia plenaria en el día de Sant Pere y Sant Pau. Y aquí encontramos las famosas Grisallas. Esta curiosa técnica pictórica se puso de moda en el siglo XIV y con ella los pintores lograban un efecto de relieve mediante los claros oscuros de gris sobre la piedra.

Las protagonistas de estas Grisallas son las que se encuentran en la Sala de Reuniones, de gran tamaño y que imitan a los tapices. Según algunos autores estas Grisallas están llenas de claves cátaras, esos pobres herejes que fueron aniquilados del sur de Francia y que aquí encontraron cierto refugio.

Nuestro siguiente destino es Culla, que ha entendido muy bien esa máxima turística sobre la belleza y el turismo. La belleza facilita el turismo y eso se tiene claro en esta población. La carretera es perfecta para conducir en manual. No es territorio para sacar toda la potencia del BMW 430 i, pero el placer aquí no se mide por la velocidad. Sólo algunos baches en la carretera deben ser motivo de preocupación.

La silueta de Culla es un reclamo que casi nos indica el camino. Pocos pueblos encontraremos en tan buen estado como éste. Para evitar problemas lo mejor es dejar nuestro vehículo en la plaza mayor y pasear por las calles periféricas, que son auténticos miradores.

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Cada acción municipal es una mejora, y eso se nota. Aquí todo se vuelve agradable, las ruinas del castillo que en su día habitaron los Templarios, el antiguo Granero del Comendador, el antiguo Hospital y la iglesia de El Salvador, son algunos de los lugares que le dan ese halo de romanticismo al pueblo. Otro lugar con mucho encanto es el mirador de El Terrat, con las mejores vistas de la zona.

Gracias a las recientes lluvias, el paisaje desde Culla, salpicado por más de trescientas masías, muchas de ellas habitadas, posee el encanto de los contrastes debido a los desniveles del terreno. Este paisaje crea profundos barrancos que dejan ver numerosas cuevas y simas que quedan por descubrir en las rutas de senderismo que se ofrecen al visitante. La miel de algún productor y el olor de la panadería del pueblo cierran la primera parte de la jornada.

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Benassal es la siguiente joya que encontramos en el Alt Maestrat. Su balneario le da ese punto de glamour digno de un dandy que se pasea en cabrio por estos parajes. El Arco de La Mola da la bienvenida al barrio musulmán, un bonito entramado de callejuelas y fachadas de piedra levantadas en el siglo XII. El paseo deja al descubierto tramos de la antigua muralla y algunas de las siete torres que aquí se levantaron, además de rincones que recuerdan el esplendor de otras épocas, como la casa palaciega Sánchez Cutanda, de 1729, con un pórtico barroco con columnas salomónicas.

Aquí es visita obligada el Museo Arqueológico del Alt Maestrat (Calle la Mola, 8, 12160 Benassal, Castellón. Tlf: 964 43 10 02) y dar un garbeo por la historia de la zona, desde el paleolítico hasta la Reconquista.

A sólo dos kilómetros de Benassal se encuentra el balneario, desde donde se envasa el agua directamente del manantial. Este agua hace famoso al pueblo. Hacer noche en Benassal es una buena opción y si se combina con algún tratamiento termal el día es perfecto.

Posiblemente la parte más espectacular de la ruta la encontramos en Ares del Maestrat, importante ya desde la prehistoria. La carretera que nos lleva a esta población es una experiencia por sí sola. Curvas peraltadas, amplia visibilidad y un territorio que tiene un punto dramático.

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Desde la Mola d´Ares se entiende mejor el paisaje. Dicen que desde esta cima Jaume I emprendió la conquista de Valencia. Desde el cementerio de Ares la vista es perfecta, con la impecable fachada barroca de la iglesia de la Virgen de la Asunción presidiendo el espectáculo bajo la Mola. El pueblo se convierte en un meandro sobre el horizonte con casas colgadas sobre el desfiladero, como queriendo romper con las leyes de la gravedad. Sólo 250 personas viven aquí permanentemente, pero cientos de miles llegan a sus calles y a sus senderos que son el lugar perfecto para decenas de rutas de senderismo.

Y después del ejercicio hay que buscar la calma. Un buen sitio para cerrar puede ser la población de Catí, conocido como el Tresor del Maestrat. Su esencia medieval continúa intacta en el trazado de sus calles, sus edificios religiosos y en las fachadas blasonadas de algunas de sus casas señoriales, consideradas ejemplos del mejor gótico civil de la comarca. La Iglesia de la Asunción y la Capilla de la Comunión, adosada a la iglesia son buena muestra de ello.

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Por desgracia, no todos los edificios mantienen esta estética, pero se compensa con un entorno único. Los aficionados a la MTB lo saben bien. Un entramado de caminos y senderos lo convierte en un lugar perfecto el ciclismo de montaña. Una visita hasta el Balneario de Catí, con la sensación de entrar en el corazón de la montaña gracias al viejo túnel que da acceso a la Ermita y al barrio de las Aguas es la forma perfecta de entender que Castellón tiene mucha vida en el interior.

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