Puede que hoy veas el logo de Renault como un simple rombo, pero su historia está llena de giros inesperados. Todo comenzó en 1898, cuando tres hermanos franceses —Louis, Marcel y Fernand Renault— fundaron la compañía que pronto se convertiría en uno de los pilares del automóvil europeo.
En los primeros años, Renault no tenía un símbolo claro: en sus coches aparecían las iniciales “R-R” entrelazadas, y no fue hasta 1906 cuando la marca introdujo un logotipo con forma de engranaje, en honor a su victoria en el Gran Premio de Francia. Era un guiño al espíritu mecánico que definía aquellos primeros modelos.

Pero el emblema que conocemos hoy no llegaría hasta los años 20… y lo haría casi por casualidad.
El nacimiento del diamante
En 1923, Renault decidió rediseñar sus parrillas delanteras. Los nuevos capós, divididos por una línea central, hacían que los logos redondos quedaran descentrados y poco estéticos. ¿La solución? Una figura que se adaptara perfectamente a esas formas: el rombo.

Así, en 1925, Renault estrenó oficialmente su símbolo en forma de diamante, que pronto se convirtió en su sello de identidad. Era moderno, simétrico y diferente a todo lo que se veía en la época. Desde entonces, el rombo ha acompañado a todos los coches de la marca, evolucionando con el paso del tiempo pero sin perder su esencia.
Los años 70: arte, modernidad y el toque Vasarely
En 1972 llegó uno de los rediseños más importantes de la historia del logo. Renault encargó al artista húngaro-francés Victor Vasarely, padre del op art, una nueva versión del rombo. El resultado fue un diseño más geométrico, sin el nombre “Renault”, con líneas gruesas que parecían moverse con la luz.
Aquella reinterpretación no solo modernizó la imagen de la marca: convirtió el logo de Renault en un icono del diseño industrial europeo. Fue tan potente que se mantuvo, con ligeras variaciones, durante más de tres décadas.

Del relieve al plano: la nueva era eléctrica
A lo largo de los años 90 y 2000, el rombo de Renault fue ganando volumen, brillos metálicos y un fondo amarillo que simbolizaba energía y optimismo. Pero el mundo cambió, y también lo hizo Renault.
En 2024, la marca decidió volver a lo esencial: un logo plano, limpio y retro, inspirado en el que se vio por primera vez en el Renault 5 Prototype de 2021. Este diseño 2D no fue una simple cuestión estética: simboliza la nueva etapa de la marca, más digital, más sostenible y centrada en los coches eléctricos.
El propio Renault lo explica así: “El nuevo rombo es atemporal, un puente entre el pasado y el futuro”.
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