El coche eléctrico ha cambiado por completo la forma de conducir… y también la forma de viajar como pasajero. Lo que muchos no sabían es que cada vez más personas reconocen marearse más en un eléctrico que en un coche de combustión. Por lo que, Mercedes podría haber encontrado una solución tecnológica para combatir este problema.
¿Por qué los coches eléctricos pueden marear más?
No solo es una sensación. Diversos estudios han analizado este fenómeno, entre ellos una investigación de la Université de technologie de Belfort-Montbéliard, que apunta a un desajuste sensorial como principal causa.
En un coche eléctrico desaparece casi por completo el ruido del motor y las vibraciones mecánicas que durante décadas han servido al cerebro como referencia. Además, el par instantáneo provoca aceleraciones más contundentes, mientras que la frenada regenerativa—especialmente en conducción one pedal—genera retenciones poco habituales.
Sin esas señales sonoras que anticipan los cambios de ritmo, el cerebro tiene más dificultades para prever el movimiento del vehículo. El resultado puede ser sensación de náuseas, incomodidad o vértigo, sobre todo en las plazas traseras.

La idea de Mercedes: aire y luz para “engañar” al cerebro
Mercedes ha registrado una patente que propone una solución innovadora. Según recoge el portal especializado CarBuzz, el sistema busca recrear artificialmente estímulos sensoriales para que el cerebro interprete mejor las fases de aceleración y frenado. La propuesta se basa en dos elementos clave:
- Flujo de aire variable: las salidas de ventilación aumentarían la intensidad cuando el coche acelera y la reducirán al frenar, simulando una sensación física coherente con el movimiento.
- Iluminación ambiental dinámica: el habitáculo podría cambiar de color o proyectar patrones luminosos durante aceleraciones o desaceleraciones para ofrecer referencias visuales adicionales.
En otras palabras, se trata de ayudar al cuerpo a “anticipar” lo que está ocurriendo.
¿Llegará a los coches de producción?
Por ahora hablamos de una patente, y eso no garantiza su llegada inmediata al mercado. Implementar este sistema requeriría una integración tecnológica avanzada y ajustes finos para que la experiencia sea natural y no artificial.
Sin embargo, el planteamiento revela algo importante: la aceptación del coche eléctrico ya no depende solo de autonomía o tiempos de carga, sino también del confort. Y en ese terreno, los fabricantes empiezan ahora a explorar soluciones que podrían marcar la diferencia en los próximos años.
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